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El reloj de la vida dejó de funcionar para Luis Evelio Areas Mendoza, el inigualable narrador deportivo. Ayer por la tarde, sus restos mortales fueron sepultados en el Cementerio General, pero el recuerdo de su forma de describir las jugadas ocurridas en el terreno o las ejecuciones de los púgiles en el ensogado se negó —y se negará por siempre— a ser enterrado.

No solamente el recuerdo de su talento detrás del micrófono se rehusó a quedar olvidado bajo la tierra, sino también lo hizo la memoria de su personalidad exquisita, de su ejemplar caminar por el sendero de la vida. No hay dudas, se fue un grande, no solo de la locución deportiva, sino del arte de vivir en busca de la superación constante.Evelio Areas.

Antes de su entierro, el cuerpo inerte y silencioso de Evelio Areas, tan contrario al que henchido de emoción gritaba mientras describía una acción deportiva, estuvo en el Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense, en el Estadio Nacional Denis Martínez. Ahí, donde se inmortaliza a los atletas de quien él narró sus hazañas, familiares, amigos y admiradores le rindieron un emotivo homenaje póstumo, en el que los recuerdos de su talento y personalidad fueron abundantes. Es lógico, un hombre que se dedicó a la locución deportiva desde 1948, construyendo una trayectoria exitosa, es capaz de provocar tantas remembranzas, tantas anécdotas, tanto que enseñar y tanto que extrañar de él. Se fue otro irrepetible.

“Su récord como profesional es impactante. Él se mantuvo como un hombre íntegro, honesto y admirado por todos durante su vida. Hemos perdido a un decano de la locución deportiva, a un excelente ser humano”, dijo el cronista deportivo Carlos Alfaro, uno de los que, impactado por la muerte del legendario locutor, expresó su idea de Evelio Areas.

En la apertura del homenaje, el presidente de la Asociación de Cronistas deportivos de Nicaragua (ACDN), Moisés Ávalos, narró una breve biografía de quien en vida también se dedicó a promover boxeo. Ávalos destacó de la personalidad de Evelio Areas su orden, su responsabilidad y su puntualidad.

No hay dudas, se fue un grande, un irrepetible, una leyenda. Se fue uno, como bien lo dijo el maestro Edgar Tijerino, “de la realeza de las transmisiones de beisbol en el terruño”. Adiós, Evelio.

Gracias por tantas emociones regaladas, gracias por tantas jugadas que se grabaron en las memorias de los aficionados, tan solo por tu incomparable descripción.

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