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Sucre Frech bien podría haber gritado como en el corrido mejicano: ¡Frente al micrófono, digo siempre lo que quiero, y mí palabra es la ley! El mejor locutor de beisbol que ha producido el terruño, aun escapado de nuestro entorno hacia el más allá, permanece en el trono, y consecuentemente, sigue siendo el Rey. No hay forma de aproximársele. Se ve lejos, muy lejos.René “El Chelito” Cárdenas.

Eran tan incidentes las transmisiones radiales, que las diferentes voces tronaban en el estadio, con Sucre prevaleciendo. En la vieja Profesional tan cautivante, se llegó a contratar locutores extranjeros de gran nivel para retarlo, y los derrotó a todos. Yo crecí escuchándolo, sin sospechar que llegaría a conocerlo, que seríamos amigos y hasta trabajaríamos juntos, lo que ocurrió en el torneo de beisbol de los Juegos Olímpicos realizados en Los Ángeles, por gestión de Emmett Lang.  

Ese joven angosto, bastante desgarbado, con pesados anteojos, locuaz, improvisador, con una voz que atrapaba al público y gran capacidad de descripción, nacido en Masaya, se adueñó de la audiencia durante una agitada etapa. Ni siquiera los cubanos Orlando Sánchez Diago y Rafael “El Dinámico” Rubí, altamente respetados por su estilo, conocimientos y autoridad, le quitaron el sueño. Sucre abrió una brecha lo suficientemente ancha con los otros, y más adelante, vio como fue creciendo, a quién yo considero como el número dos: Julio “El Porteño” Jarquín.

¿CUÁNDO OTRO SUCRE?

Cuándo la muerte nos arrebató a Sucre, nos preguntamos: ¿Escucharemos algún día otro como él? Luego de haber estado frente a varias posibilidades, incluyendo el salto a la notoriedad de un muchacho como Carlos Reyes, armado de voz potente, notable coordinación y clara dicción, la interrogante continua abierta. Hay locutores que hacen historia, como Red Barber, Ernie Harwell, Harry Caray, Mel Allen, Vince Scully, solo por tomar algunos de los más sobresalientes vistos en las Grandes Ligas.

¿Recuerdan aquella combinación que formaron Buck Canel y Felo Ramírez en la cabalgata deportiva Gillete? Ellos con su maestría, se metieron en nuestras casas y nos hicieron conocer hasta el modo de caminar de Mickey Mantle y Willie Mays, los picheos mortíferos de Sandy Koufax y Bob Gibson, la grandiosidad de los Yanquis, el significado de los Dodgers, el surgimiento de los Orioles, la presencia de los Cardenales.

OJOS DE LOS OYENTES

El ritmo del beisbol, sus sutilezas, matices, anécdotas, detalles históricos, cifras, manejo de las emociones, el estar consciente de ser “ojos de los oyentes”, exige un gran desarrollo, y Sucre, además de ser un gran locutor, fue también un artista. No por casualidad trabajó en muchas obras teatrales.

Fue Sucre quien mejor supo manejar la audiencia, y pienso, que por encima de esa voz inconfundible, que llegó a ser parte de la familia, ese fue el factor decisivo en su éxito mayúsculo. Todos estábamos pendientes de lo que decía, con atención, considerando que su palabra era la ley. Nunca estuvo solo. Uno de sus compañeros, Armando Provedor, tenía una voz suave, casi deslizante, como un slider y resulta muy agradable porque le agregaba la chispa de su talento y su facilidad para describir. Provedor fue para Sucre, lo que Felo Ramírez para Buck Canel, o Roger Maris al lado de Mickey Mantle.

LOS MEJORES RETADORESFelo Ramírez.

René Cárdenas, “El Chelito”, se adelantó a Sucre con un estilo muy original, sinuoso, un poco musical, cuidando muy bien el idioma y yendo directamente al grano. Fue precursor de las transmisiones en español de Grandes Ligas, y para muchos, debería estar en el Salón de la Fama junto con Jaime Jarrin y Felo. Dejó sus huellas René.

José Castillo Osejo fue la mejor mezcla locutor-comentarista, hasta el aterrizaje de Pedro Torres.

Preocupado siempre por la nitidez en el vestir y el hablar, José le imprimió un toque señorial a la narración, y siempre dio la sensación de ser el dueño de la verdad por la forma en que manejaba sus puntos de vista. En la escuela de José, comenzó a tomar forma Pepe Ruiz en Radio Corporación, pero con otras características.

Sucre alcanzó a trabajar con Julio “El Porteño” Jarquín. Los vi funcionar a fondo con sus egos sobre la mesa en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. ¡Qué clase de transmisión lograron! “El Porteño”, tuvo su mayor virtud, en la capacidad para fabricar su propia emoción, de acuerdo a las exigencias de diferentes acciones. Siempre admiré eso en él. Atrapaba al público haciendo gala de su precisión para describir y no perdía detalle. ¡Cómo apreciaba su trabajo! Todo un profesional, no un fanático.

EVELIO Y “EL DINÁMICO”

El recientemente fallecido Evelio Areas fue todo un caso. Un locutor excéntrico rodeado de mucha simpatía por su manera de apasionarse, capaz de agitar una estatua y hacerla gritar. Narrando, hacía correr unos metros más a los peloteros, les aceleraba el swing y alargaba sus brazos en las gestiones espectaculares. Siempre estuvo de moda y solo el implacable paso del tiempo y enfermedades lo afectaron.

Escuchamos a muchos más locutores, entre ellos al Fat García, con experiencia en Grandes Ligas, quien murió días antes del Mundial de 1972, pero hay uno, por quien conservó singular aprecio y particular admiración, Rafael “El dinámico” Rubí.  Yo lo escuchaba tanto narrando juegos como en su programa, porque informaba, era ocurrente, ágil de mente y con unos conocimientos y una autosuficiencia envidiables. Jamás se sintió atraído por la humildad y aseguraba que no había alguien como él. No se conformaba con ser bueno. La vieja generación lo recuerda en Cuba como un tipo especial. Hablaba con autoridad de DiMaggio, del jinete Schomaker, de Fangio el piloto, de Chamberlain el basquetbolista, de Bill Tilden el tenista, de beisbol y de cualquier otro deporte, y era un analista de primera. ¡Qué difícil es ser tan versátil como Rubí!

AHORA TODO ES MÁS DIFÍCIL

El advenimiento de Carlos Reyes con una potencia llamativa y esa fuerte base que proporciona ser abogado, coincidiendo con la salida de Pepe Ruiz de un cuadro teatral para convertirse en locutor de deportes, fortaleció el abanico de posibilidades de los oyentes. Más adelante el atrevimiento de un chavalo, Enrique Armas, de rápido crecimiento a partir de 1984 cuando trabajó en el Mundial de Cuba en La Voz de Nicaragua, y después, la nueva generación, con otro estilo, apurados por nuevas exigencias comerciales, reducidos en los espacios, batallando con las dificultades, sin alguien especial.

Esas voces que nos estremecieron con un huracán de emociones, que contribuyeron a desarrollar nuestra pasión, nunca se las podrá llevar el viento ni consumir el tiempo. Hicieron historia y permanecen en nuestros recuerdos, con un Rey indiscutible: Sucre Frech.

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