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Como en El extranjero de Camus, se informa que Muhammad Alí ha muerto, que ya se realizó su funeral, que su vida fue como un viaje en montaña rusa, y que en su etapa de moribundo terco, nos dio tiempo para dimensionar correctamente su grandeza y convencernos que para el boxeo, se trata de un peleador sin fin, porque los tiempos futuros estarán reclamando su presencia. Es lo que el beisbol ha hecho con Babe Ruth.

Alí confiaba en la sabiduría de sus manos, en la destreza de sus ágiles piernas, en su sentido del anticipo, en su espíritu de rebeldía, en su tenacidad, y sobre todo en el factor clave para movernos hacia delante derribando obstáculos, creer firmemente en uno mismo. Cuando se retiró, quedó la impresión que le habían robado el brillo al arco iris.MUHAMMAD ALÍ PRESUMIÓ DE SU CONTUNDENTE PEGADA.

Aquí tienen cinco de sus peleas más grandiosas, no necesariamente las mejor realizadas.

LA CACERÍA DEL OSO

Su primer proeza fue la cacería del “Oso” Sonny Liston, su salto a la cima. Ocurrió el 25 de febrero de 1964 en Miami con los pronósticos abrumadoramente en contra del entonces Cassius Clay. Cuando todo terminó gritó: “Cumplí. Lo humillé, lo desarmé, lo obligué a abandonar. Les dije que se prepararan para admirarme y aquí estoy. Voy a hacer historia”. Obviamente nadie creyó en sus vaticinios.

 

Para el cuarto asalto el ojo izquierdo del Campeón estaba hinchado y sangraba. Las perspectivas habían cambiado con Clay agigantado, gobernando el cuadrilátero. Antes del sexto, el retador se quejó de un ardor en los ojos y Dundee acusó a Liston de usar sustancia en sus guantes. Pese a eso, Clay dominó el asalto, y con su furia “confiscada”, el Campeón, Liston que murió en circunstancias extrañas el 30 de diciembre de 1970, decidió no salir a pelear en el séptimo. El boxeo mundial se sintió estremecido por un estallido. Cassius Clay, había abierto las puertas de la grandiosidad para hacer historia, para convertirse en leyenda.

EL GOLPE FANTASMA

El 25 de mayo de 1965 en Lewiston, se programó la revancha nuevamente con Liston como favorito. No tiene precedentes un marco de contradicciones tan amplio y agitado, como el provocado por el derrumbe de Liston en apenas el minuto 2 del primer asalto, consecuencia de un golpe corto que fue disparado por Alí, pero no visto, y cuya precisión y poder, no parecía ser tan destructivo. Para Red Smith, un ganador de Premio Pulitzer, el golpe aunque fue rápido y difícil de seguir, no llegó; en tanto para Jim Murray, otro ganador de Pulitzer, el golpe fue conectado y con la suficiente precisión para tumbar “al Oso”. Él tituló en su columna “Yo vi el golpe”.

La versión más contundente, fue sin duda, la de Tex Maule del Sports Illustrated publicada el 7 de junio de ese 1965: “el golpe fue lanzado con una velocidad increíble por encima del brazo izquierdo de Liston directo hacia la mandíbula.

Fue corto, pero con tanta fuerza, que Liston se vio obligado a levantar su pie izquierdo quedando fuera de balance muscular y cayó”. Las fotos de Neil Leifer en la revista, quien manejaba la cámara más poderosa, respaldaron a Maule. Este triunfo, aún con el golpe discutible, fue certificado para Alí. Había borrado a Liston.

LA PELEA DEL SIGLO

En marzo de 1971, después de tres años y medio de inactividad, Alí considerado que ya estaba lo suficientemente aceitado después de vencer a Jerry Quarry y “Ringo” Bonavena, aceptó encerrarse entre las cuerdas con el campeón Joe Frazier en duelo de invictos mientras el mundo se detenía como nunca lo ha hecho, para presenciar una pelea de boxeo. Hasta los profanos en pugilismo estaban interesados por la personalidad de Alí. Saltó a la vista que Alí no tenía  el estado físico necesario para ser efectivo en la distancia larga. En cambio, la locomotora negra le planteó una pelea violenta, de permanente acoso y desgaste inevitable. En el round 15, por si quedaba alguna duda, Frazier con un poderoso gancho de zurda, casi revienta la mandíbula de Alí, derribándolo dramática y estrepitosamente.

A ratos acusó la  suficiencia necesaria de otros tiempos para manejar la  punta de los pies, y bajar su derecha hasta tocar el pantalón, mientras la locomotora negra seguía acosándolo. Muchas veces llegó Alí con sus combinaciones rápidas, más no fulminantes  como en otros tiempos. Que inconmovible vimos a Frazier a pesar  de los golpes que recibió. Alí no fue la máquina perfecta que era cuando se llamaba Clay. No fue la  curiosa computadora humana que arrojaba espontáneamente las cifras de su balance. Que hasta podía medir la marcha de las tarjetas para calibrar su esfuerzo.

Se observaron dos errores fundamentales en su planteo: permitir el anticipo permanente de su adversario y exagerar la especulación para decidirse a atacar. Nadie le exigió tanto. Nadie le dio tanto y con  tanta contundencia. Alí mostró su extraordinaria capacidad de asimilación. Soportó lo increíble y si Frazier no lo noqueó esa noche, no lo conseguiría nunca. Una pelea inolvidable por su significado.

DOBLEGANDO AL “MONSTRUO”

¿Cómo podrá escapar Alí a la destrucción frente a George Foreman?, pregunté en mi artículo de aquel 30 de octubre de 1974, previo al combate realizado en Kinshasa, Zaire, en el corazón de África. No veía como, el deslumbrante púgil que sorprendió al mundo diez años antes arrebatándole el cinturón de todos los pesos a Sonny Liston, con los vaticinios en contra, evitaría ser golpeado brutalmente por ese gigante derriba-edificios. En 1973, en Kingston, Jamaica, Foreman había convertido a Joe Frazier en una bola de frontón, mientras le propinaba una paliza escalofriante.

“Yo sé como pelearle. Voy a ridiculizarlo”, dijo Alí en una de sus típicas jactancias, pero en esta ocasión, igual que frente a Liston, nadie le creyó. En los días previos, Alí gritó, gesticuló y provocó a un Foreman aparentemente imperturbable, pero que ardía por dentro reteniendo la lava. Después de una vibrante ofensiva de Alí en el quinto, nunca olvidaremos la fulgurante combinación del octavo asalto. Con Foreman abierto, resoplando, Alí envió una izquierda potente seguida de una derecha firma epitafios, y el gigante, al quedarse sin piernas, sin corazón y sin alma, se derrumbó como víctima de un bombardeo. Su cuerpo quedó mirando al cielo con las piernas abiertas y se levantó al conteo de nueve tambaleándose. Todo estaba consumado. El mundo no podía creerlo.

EL INFIERNO DE MANILA

El 1 de octubre de 1975, en Manila, en un tercer enfrentamiento, Muhammad Alí y Joe Frazier no imaginaron que recorrerían todos los círculos del infierno graficado por Dante. Cada round era para los dos, una incursión a la cámara de torturas. En el round once, Alí quedó atrapado en la esquina de Frazier. El mundo contuvo la respiración, pero Alí  excavó profundamente en su espíritu y reaccionó. Empezó a golpear a Frazier con largas manos derechas. La sangre goteaba de la boca de Frazier. Los asaltos doce y trece fueron terriblemente dañinos y agobiantes. Aún viendo la pelea, uno sudaba, sufría y sangraba. Ahora, el rostro de Frazier empezó a perder definición. Alí hizo volar el protector bucal de Frazier hacia el sector de prensa y casi lo derriba con una derecha en el centro del ring.

En uno de sus libros sobre Alí, el escritor Norman Mailer relata: “Joe”, le dijo a su manager, Eddie Futch, “voy a detener la pelea”. “No, no, Eddie, no puedes hacerme eso”, declaró Frazier, su lengua gruesa apenas conseguía emitir  las palabras. Empezó a levantarse…”No podías ver en los dos últimos rounds”, dijo Futch. “Lo que me hace pensar que ibas a ver en el 15?”… “Yo  quiero hacerlo, jefe”, dijo Frazier… “Siéntate, hijo”, dijo Futch, presionando su mano sobre el hombro de Frazier. “¡Eso es todo! Nadie podrá olvidar lo que hiciste hoy aquí.”…En la otra esquina, Angelo Dunndee podía estar pensando lo mismo, pero cuando captó la confusión empujó a Alí a salir de la esquina, y ganó la brutal pelea.

En el caso de Muhammad Alí no se puede decir adiós a un grande, porque él no se irá nunca, permanecerá por siempre danzando alrededor del recuerdo de su grandiosidad. Un peleador sin fin.

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