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La mano de Maradona en 1986, disimulada y hasta artística, fue considerada divina y “mató” a Inglaterra; la de Henry en el 2009 para entregarle el balón a Gallas, salvando a Francia y eliminando a Irlanda , tuvo mucho de cinismo; y esta del peruano Ruidíaz sacando a Brasil de la pelea en la Copa América fue descarada, para que la viera el mundo entero, excepto los árbitros. De esa forma, injusta, un oscurecido Brasil, desprovisto de aquella magia que lo caracterizaba, fue borrado del evento, condenado por ese 1-0 adverso a los 74 minutos. Incapaz de fabricar el empate que lo rescataba del caos, malogrando dos posibilidades en el área chica, Brasil volvió a ver carcomido su prestigio.

Futbol perezoso y torpe 

Manotazo descarado aparte, lo de Brasil es depresivo. Su futbol antes tan atractivo, aun perdiendo, como ocurrió en 1950, 1982 y 1998, se ha desvanecido y convertido en perezoso, huérfano de ideas, carente de profundidad, sin la combinación mortífera de destreza, rapidez y fuego, haciendo olvidar el tan promocionado “juego bonito” que Dunga y otros engavetaron, y hoy, aunque pretendan reactivarlo, no disponen de los intérpretes necesarios para hacer funcionar la filarmónica de otros tiempos.

  • 4 puntos sumó Brasil en la Copa América Centenario y quedó relegado en la cuarta posición de su grupo.

Cierto, Brasil llegó a esta Copa sin Marcelo, espléndido lateral izquierdo; sin los centrales titulares Thiago Silva y David Luis, sin alguien tan flexible, penetrante y peligroso como Douglas Costa, sin Neymar, capaz de fabricar desequilibrio en una cajetilla de fósforos, y para remate, sin poder contar con el tarjeteado Casemiro, un jugador en pleno crecimiento. Pero aunque con el empate le bastaba, Brasil no tuvo actitud ni juego para imponer el peso de su superioridad sin alardear encima de la mediocridad de Perú, replegado, asustado, disfrutando y envalentonándose con la inefectividad de los brasileños.

No lloren por Brasil 

Extrañamente, Brasil se quedó atrasado con una línea de cuatro defensas, como si estuviera pendiente de un asalto, aunque la delantera de Perú no es la del Real Madrid o la del Bayern. Tardó Dunga en adelantar líneas, y la falta de funcionalidad del medio campo dificultó habilitar a los atacantes del centro que se movían en el área de Gallase, quien detuvo tres pelotas envenenadas. Brasil disponía de espacios para maniobrar, pero en los avances, la tercera entrega, sobre todo en espacios cortos, no llegaba, y la pérdida de balones obligaba a constantes reinicios con Perú calmado, sin especular, sin atreverse, solamente confiando en que se presentaría alguna oportunidad. Y cuando esta llegó por la derecha, junto a la raya de fondo, Ruidíaz le dio un manotazo al centro cerrado en las narices del arquero Allison.

Brasil no perdía contra Perú desde hace 30 años, pero el árbitro uruguayo Andrés Cunha lo hizo posible en un duelo borroso. No lloren por Brasil, que fue incapaz de marcarle un gol a ese Perú que a ratos jugó al desnudo. En realidad, los dos equipos dieron la impresión de estar en un campo nudista.

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