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Se llamó José Ángel Meléndez, conocido como “El Chino”, y dejó una gran herencia: su ejemplo.

Cifras a un lado, sus  ejecutorias fueron tan  convincentes desde la colina y su grandeza tan obvia, que para muchos que lo vieron y lo sometieron a comparaciones, es  el mejor pícher que ha producido Nicaragua. Un caso parecido a la valoración de Martin Dihigo en Cuba, un miembro de Cooperstown, pese a no haber estado en un box score de Grandes Ligas.“El Chino” llegó al beisbol por atracción natural, jugaba en cualquier posición.

El Chino, Timothy Mena, Alejandro Canales y el zurdo Dávila, pertenecen al grupo de intocables en  cualquier staff de todos los tiempos que a ustedes se les ocurra juntando todas las Selecciones Nacionales que han sido vistas. En la  década de los 40, cuando Nicaragua  logró reunir una fuerte constelación de estrellas en los rosters presentados en Series Mundiales, el Chino llegó a ser el símbolo de la excelencia en el picheo.

 

En los años 50, acusando el desgaste natural, trabajó en la primera  liga de Beisbol Profesional con la  casaca de los Indios del Bóer, y con algunos “trozos” de lo que fue su  incomparable destreza y admirable consistencia, registró un exitoso balance de 6-1 como último certificado de su gran calidad. Fue entonces que lo vi en acción. Lamentablemente en aquel 1956, siendo yo un chavalo de 12 años, emocionado por todo lo que se decía de él, no tenía capacidad de análisis más allá de mi fanatismo por el Bóer y la admiración por “El Chino”.

VIEJA GLORIA OCULTA

En los  años 70, ya incorporado a la crónica deportiva, lo encontré trabajando totalmente ignorado en las bodegas de DENACAL. No parecía una vieja gloria, pero ese  era  el tratamiento que le dieron. Su brazo de hierro ya no  tiraba strikes en esa oscura  bodega, y su  ancho prestigio se veía estrangulado entre las paredes. Le costaba hilvanar recuerdos pese a desplegar un gran esfuerzo. Así que sostuvimos una plática informal de corto tiempo, que convertí en nota periodística de poca profundidad.

“Hoy hay  más  facilidades para  los peloteros. Nosotros viajamos en embarcaciones poco seguras pasando mil dificultades, disponíamos de tiempo, pero no  contábamos con suficiente  adiestramiento. Lo que falta hoy es empeño, orgullo, sacrificio, eso que sobraba en aquellos tiempos”, dijo en cierta ocasión antes de lanzar  la primera bola en un evento casero de  nivel mayor “A”.

Según el legendario pícher cubano, Conrado Marrero, que fue su rival ocasional, “El Chino era un competidor muy exigente, calificándolo como uno de los mejores pícheres que vio en acción. “Su control, el dominio de sus nervios, la confianza que siempre  mostraba, era  una  advertencia seria para cualquiera, hasta para aquel  equipo cubano acostumbrado a  batearle a  cualquier  tirador que le colocaran enfrente”, manifestó Marrero en una entrevista publicada en la revista del INDER titulada LPV (Listos para vencer), en la cual también se refirió a Stanley Cayasso.

Seguir las huellas del Chino no es fácil, pero es un reto de mayúscula utilidad para las nuevas generaciones.

Se apunta en diferentes notas publicadas por historiadores, que José Ángel “El Chino” Meléndez nació en  La Mecatera, Managua, o en Las Jagüitas, el 8 de abril de 1908. Llegó al beisbol por atracción natural y le daba igual jugar cualquier posición, excepto pichear. Como pelotero se cultivó en las Sierras y quien lo convirtió en pícher, según informes, fue Juan Evangelista Doña, impresionado por el calibre de su  escopeta. Traía en sus genes talento, en sus células  distinción y  disponía de la cuota necesaria de empeño y agallas para llegar a ser  un triunfador.

En una entrevista de Armando Arce, se explica que cuando “El Chino” Meléndez anunció su decisión de retirarse del Beisbol en 1944, se produjo una gran reacción de parte de los fanáticos.

¿Por qué lo hacía si estaba muy bien? Un mar de conjeturas y suposiciones se produjeron al respecto. Por un lado se decía que había pedido una excesiva cantidad de dinero para seguir integrando el seleccionado; por otro, que pretendía una casa y mil cosas más. En el maremágnum de aquellas polémicas, todos opinaban. Eran  inclementes. Querían despedazar la personalidad del atleta. El verdadero motivo era sentirse molesto por varios inconvenientes. Sin embargo, continuó.

LANZÓ CONTRA LOS DODGERS

“Para  dominar la zona de strike, se necesita  tanto arte como  el requerido para manejar el bisturí o mover con  precisión las teclas de un piano”, dice en su libro sobre el picheo ese gran coach que fue Johnny Sain.

No pudo ganarle a Cuba, pero su  grandeza está por encima de esta posibilidad malograda. Después de la Serie Mundial del 44, anunció sorpresivamente su retiro, pero lo que hizo fue firmar un contrato con el equipo profesional “Cervecería” de Panamá.

Una de sus páginas más brillantes la escribió en el año 1946 haciéndole frente a los temibles Dodgers de  Pee Wee Reese, Cockie Lavagetto, Carl Furillo, Bruce Edwards, Floyd Bevens y otros. A la vuelta de  seis entradas, el timonel Leo Durocher estaba asombrado: Sus Dodgers no habían podido batear de hit frente  al Chino, y de no ser por par de errores que perjudicaron al astro nica en el séptimo, todavía estuvieran los de Brooklyn tratando de acertar sobre sus disparos.

Dice  Marerro que “El Chino” tiraba duro, tenía localización y su curva rompía con rapidez desconcertante “Muy difícil de batearle”, pero siempre hay un pelo en la sopa, y según el relato del propio pelotero al cronista Armando Arce, nunca pudo dominar a “Chacoteo” Álvarez. “Donde le picheaba, me daba” manifestó el glorioso tirador.

En nuestra Liga Profesional, formó parte de aquel Bóer de 1956 que logró reunir a Rolando Olmo como center fielder, quien le peleó al dominicano Domingo Vargas el liderato de bateo de la Liga no concluida, a Orlando O’Farril, Wilfredo “La Torre” Arcia, Julio “Bicicleta” Torres, David  Jiménez, Pedro Naranjo, Artilio López, Ernesto  Chamorro, Gilberto Hooker y otros. Pese a sus 48 años, el Chino se dio el lujo de ganar 6 juegos y perder solamente uno.

No pudo llegar  a las Mayores porque en su época esa travesía era extremadamente difícil, pero los conocedores, consideran que tenía todo lo necesario para responder en el más alto nivel, como llegó a hacerlo, aún veterano, Conrado Marrero. Así que, lo creo.

El 4 de diciembre de 1985, falleció “El Chino” dejando un gran vacío. Su sombra, cubrió toda una época gloriosa de nuestro beisbol. El astro se desvaneció víctima de un  ataque cardiaco tan mortífero como un slider a la altura de la rodilla. Elaboré una nota que titulé: Los  “Monstruos” también mueren.

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