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Los Warriors, aturdidos y flaqueantes, se encuentran en el último de los círculos del infierno, un lugar que nunca imaginaron después de tomar ventaja 3-1 en la final de la NBA incluyendo dos atropellos brutales certificando una aplastante superioridad; en tanto los Cavaliers, supuestamente amortajados antes del quinto juego, tampoco imaginaron estar hoy involucrados en una batalla crucial arañando la posibilidad de una proeza, después de un resurgimiento colosal jefeado por el “Monstruo” LeBron James con el apoyo de Kyre Irving y Tristan Thompson. La incidencia de LeBron llevó a Cleveland a forzar el séptimo juego.

Un equipo de impresionante majestuosidad, los Warriors, súbitamente deslizándose hacia la nada, y otro, los Cavaliers, deshilachado y oscurecido, inesperadamente resplandeciente asciende hacia las estrellas.

¿CÓMO ANULAR A LA FIERA?

 

Aunque no es un robot, ¿cómo anular a LeBron? parece una misión tan imposible como esconder una de las Pirámides de Egipto en un rincón, pero si es factible, sobre todo de regreso a casa en Oakland, donde los Warriors son casi invencibles, y que el “as” Stephen Curry, Más Valioso unánime en la temporada, Klay Thompson y Drymond Green, alcancen los niveles de crecimiento que le permitieron al equipo de Golden State quebrar la marca de 72 victorias establecida por los Bulls de Michael Jordan, y llegar a la postemporada como rotundo favorito para retener el título pasando encima de cualquier rival, sin importar el tamaño.

Hace un año, sin el respaldo de Irving y con Kevin Love fuera de combate, LeBron con una actuación mueve montañas, fue capaz de alargar la final a seis juegos. Sin la menor duda, fue el mejor jugador de esa final por amplio margen, pero el título Más Valioso fue para André Iguodala, por estar en el equipo ganador. De perder los Cavaliers esta noche, eso podría volver a ocurrir.

LeBron el mejor jugador de la serie, pero otro, del grupo triunfante, el Más Valioso. Pienso que lo justo sería dos reconocimientos, que podrían coincidir.

Ir tras la hazaña, lo nunca logrado, ese es un gran estímulo para los Cavaliers. En 1951 fallaron los Knicks de Nueva York, frente a los Royals de Rochester, y en 1966, los Lakers de Los Angeles contra los Celtics de Boston. Así que medio siglo después estos Cavaliers, con el temiblemente destructivo LeBron James, van a intentarlo.

EL AGOBIANTE FACTOR PRESIÓN

¿Quién más presionado, el equipo que batalla frente a lo depresivo que es haber visto esfumarse una ventaja que parecía definitiva, o el crecido por un impulso tan sorprendente como espectacular? Esa es una vieja discusión que permite alardear sobre el manejo del arte de las teorizaciones sin llegar a ninguna parte. La certeza de hace días, coronación de los Warriors, es algo tambaleante hoy, sobre todo porque el equipo de Golden State perdió a Bogut, tiene a Iguodala en recuperación y Harrison Barnes en la oscuridad después de 0-8 desde el campo y errático en las entregas durante 16 minutos en el sexto juego.

De pronto, el equipo emocionalmente debilitado y con mayores dificultades estructurales es el de los Warriors. Curry no ha sido el de antes desde su problema en la rodilla, excepto en un largo rato del cuarto juego. Él y Thompson necesitan ser más incidentes, en tanto Drymond Green, debe sacrificarse como un estorbo permanente de LeBron, capaz de hacerlo perder la cabeza y sacarlo de concentración. La presencia en la pintura de Irving entrando, Tristan Thompson filtrándose como un agente secreto y LeBron con su empuje huracanado, exige de excelente marcación, coberturas de espacios cortos y hábil apriete de tuercas en el juego friccionado.

El inicio de juego ha sido muy importante para establecer pautas y transitar con más confianza.

Con el estímulo de su público, los Warriors pueden volcarse intentando desequilibrar, penetrando con su rapidez y destreza, sin necesidad de comprobar la efectividad de sus tiros largos, un recurso siempre a mano. En el sexto juego, la pérdida de puntería de los Warriors desde lejos en el despegue, facilitó recuperaciones, desbordes y contragolpes de los Cavaliers, que en ningún momento estuvieron atrás en la puntuación. Eso sí, recordemos como el equipo de Golden State, antes de culminar el tercer período, logró recortar 10 puntos en dos minutos, de 80-61 a 80-71, con un doble y dos triples abre bocas de Klay Thompson, y un doble de Livingston.

¿SERÁ POSIBLE LA PROEZA?

Esa aproximación de LeBron al triple doble en cada juego, dimensiona correctamente su importancia con un accionar incansable. Incluso, su promedio tirando desde afuera, es llamativo.

La preocupación que provoca, ha permitido a Richard Jefferson disponer de espacio y de balones, mientras Tristan prevalece en los tableros. Agreguen que Kyre Irving ha logrado marcar 30 puntos o más en seis juegos durante esta postemporada que vio a los Cavaliers construir una racha de 10 victorias antes de caer ante los Raptors. Lo de James es sencillamente impresionante, en 84 juegos postemporada supera los 30 puntos, el tercer mejor registro de todos los tiempos.

No pensamos que estaríamos hablando de todo esto a la altura de un séptimo juego, pero los Warriors, afectados de diferentes maneras, incluyendo la pérdida de Drymond Green un juego, se han visto trabados y hoy necesitan volver a la esfera de la grandiosidad con un funcionamiento eficaz de sus principales pilares.

Con el drama al máximo, lo imposible –derrotar tres veces seguidas a los Warriors- puede ser posible si tienes de tu lado a LeBron James con el apoyo de Kyre Irving. La posibilidad de hacer historia, esa que impulsó a los de Golden State a buscar el triunfo 73 que finalmente lograron en el último juego de la temporada, es la que agita a los Cavaliers. Ningún equipo ha sido capaz de salir del hoyo atrás 1-3 y proyectarse a la conquista del campeonato en la NBA.

Pese a todas esas consideraciones, veo favoritos a los Warriors. Pienso que se reagruparán, funcionarán y sabrán responder frente a la máxima exigencia del año: ganar hoy.

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