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Lo que inició como una reunión de algarabía, bullicio y alegría, esperando el triunfo de su ídolo, se convirtió en un silencio sepulcral, en abundantes lágrimas rodando por las mejillas de los presentes, en constantes protestas por un fallo que les pareció injusto y en una decepción total; el monarca perdió su corona, el barrio La Chispa de Matagalpa enmudeció, los gallos se quedaron afónicos, no se escuchó su cantar al amanecer.

Esta vez no hubo pantallas gigantes en los parques, ni procesión de peregrinos celebrando el triunfo del “Gallito”. El luto y la tristeza se consumaron en la casa que vio crecer al muchacho que con tanto esfuerzo y sacrificio salió de las cenizas del anonimato, para convertirse en un campeón de forma inesperada en marzo pasado, derrotando al sudafricano Hekkie Budler y que ayer vivió una de las madrugadas más oscuras de su alma, lo entregó todo en el ring y se quedó sin nada.

Todo era júbilo 

Pasada las 2 de la mañana, tras una larga ceremonia de presentación de Rojas y CP Freshmart, los aproximadamente 50 miembros de la reunión en el hogar de Byron, incluyendo, amigos, vecinos, primos, hermanos, tías y su mamá estallan en júbilo al ver en pantalla al muchacho de 25 años. El bullicio aumentó cuando Seydi Palacios, prima del ahora excampeón y quien le acompaño en Tailandia, entona las notas sagradas del himno nacional. 

Termina el himno y los gritos de júbilo vuelven a escucharse. Suena la campana, Byron arranca el combate sin contemplaciones, no hay round de estudio y saca la mejor parte. ¡Vamos campeón, eso mi “Gallito”!, se escucha al fondo de la sala. En el VIP del hogar, está en primera fila su mamá, doña Alicia Hernández. Su rostro evidencia una mezcla de nerviosismo pero a la vez calma, sus dos manos están entrelazadas, no hay un salto, ni un grito suyo sobre el combate. Solo mira el televisor sin decir nada, concentrada en cada golpe y movimiento de su campeón.

Protesta y preocupación

Después del quinto asalto los gritos de protesta empezaron a fluir, la preocupación creció, una frustración abundante rodeó el lugar. Freshmart amarra al matagalpino, no deja que su boxeo fluya, los momentos emocionantes del arranque de la pelea han desaparecido, los golpes son pocos, la pelea se torna aburrida, el miedo y la preocupación de que Byron sufra una derrota inmerecida se siente sin necesidad de que lo expresen.

  • 50 personas  aproximadamente se congregaron en la casa de Byron “Gallito” Rojas, la madrugada del miércoles en Matagalpa.

El guion del combate no cambia. La segunda parte, que se suponía sería la más emocionante se convirtió en algo rústico, aburrido, lleno de mañas, desesperaciones, cabezazos y poco boxeo. Suena la campana en el último asalto. Aunque todavía no han dado el resultado, Byron ya estaba condenado. El anunciador del ring, gritando a los cuatro vientos, dice que el tailandés es el ganador.

La mamá de Byron se queda perpleja en su butaca. Su mirada está perdida, no puede creer lo que está viendo, su hijo ha perdido el reinado en menos de tres meses. Detrás de ella, una de las hermanas del excampeón empieza a llorar buscando consuelo. Minutos después del triste final, los periodistas acorralan a doña Alicia, ahora sí, no puede evitar que sus ojos se agrieten y cambien de blanco a rojizo, hay lágrimas que quieren fluir pero aún le queda fuerza para soportar el luto de la derrota.

“Mi hijo tiró más golpes”, exclama la mamá, visiblemente desconsolada por la caída de su “Gallito”. “Le robaron la pelea, ese tailandés solo pasó amarrando, no hizo nada. Aunque mi hijo pierda siempre le seguiré apoyando”, agrega. La transmisión termina, la sala está casi vacía, ya no queda gente, solo algunos familiares del excampeón. La madrugada ha terminado, en silencio, sin cantos de victoria, el miércoles fue un día oscuro para la familia del campeón. El barrio La Chispa se quedó sin monarca.

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