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Ninguna medalla olímpica es sencilla de conseguir. Ninguna. Pero si hubo un podio exclusivo en Londres 2012, ese fue el del single masculino de tenis.

En un cuadro colmado de figuras, el argentino Juan Martín del Potro venció en el emblemático All England Club, a Ivan Dodig, Andreas Seppi, Gilles Simon y Kei Nishikori, todos rivales con fácil adaptabilidad al césped inglés.

De esa manera, el argentino quedaba inmerso en semifinales con otras tres estrellas del tenis mundial: Roger Federer, número uno del mundo, Novak Djokovic, 2 del ranking ATP en ese momento y Andy Murray, cuarto.

El argentino, entonces 9 del escalafón mundial, se colaba entre los cuatro mejores en Wimbledon, ocupando el virtual lugar de Rafael Nadal, ausente por lesión.

A partir de allí, la búsqueda de la hazaña: una victoria para colgarse una medalla. Y el primer intento fue épico. El choque ante Roger Federer fue el de mayor duración en toda la historia olímpica (4 horas y 26 minutos) para el 3-6, 7-6 (7-5) y 19-17 a favor del suizo.

Se trató de un choque tan emocionante para el espectador como desgastante para los jugadores que debían volver a jugar por la posición final. Y hubo más: pocos minutos después, el argentino disputó los cuartos de final en doble mixto, en pareja con Gisela Dulko.

48 horas más tarde de aquella decepción, llegaba un desafío, quizás, más complejo. Con todo el trajín del torneo y de aquella semifinal, Del Potro debía salir a la cancha con el objetivo de vencer a Djokovic para no quedarse con las manos vacías.

Y el desafío fue superado: 7-5 y 6-4 ante el serbio y medalla de bronce colgada en el pecho, la primera para la delegación argentina en Londres 2012 y la 67ª en la historia olímpica.

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