Harold Briceño Tórrez
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De los 14 nicaragüenses que han arribado a la luminosa pista de las Grandes Ligas, solamente cuatro han sido bateadores, y de estos, únicamente dos han llegado con proyecciones de convertirse en figuras relucientes del máximo nivel del beisbol: David Green y Cheslor Cuthbert. Los otros dos, Marvin Benard y Everth Cabrera, escalaron hasta la cima apoyados en su determinación, coraje y algunas herramientas que con esfuerzo lograron pulir.

De Green, quien debutó el 4 de septiembre de 1981 con el uniforme de los Cardenales de San Luis, se dijo que tenía todo para convertirse en una superestrella, la prensa internacional alabó su talento y en el terruño se soñaba con verlo impactar. Pero no sucedió así, en sus seis temporadas en la MLB, el pinolero no logró cumplir con los pronósticos que de él se habían hecho, excepto en algunos momentos.

Cheslor, que recientemente cumplió su primer aniversario en Las Mayores, nos invita a soñar con tener un bateador de impacto en ese nivel de competencia. De él no se tejieron proyecciones tan sorprendentes como se hizo con Green, pero los 1.5 millones de dólares por los que fue firmado (la cifra más alta para un nicaragüense) hablan mucho del potencial que los Reales de Kansas City vieron en el muchacho costeño.

Ahora, titular en la tercera base por la lesión de Mike Moustakas, está demostrando que tiene los recursos para ser considerado un pelotero indiscutible. Ha crecido, y es evidente. Viniendo de menos a más, esta temporada nos está invitando a soñar con la posibilidad de tener a un nicaragüense siendo protagonista desde el cajón de bateo y también como fildeador de la tercera almohadilla.

Tras sus actuaciones hemos empezado a realizar comparaciones, tan inevitables; y hasta iniciamos un seguimiento detallado de las estadísticas en las que va superando a sus antecesores coterráneos en el Big Show. Incluso, hemos aperturado un debate sobre la posibilidad de que el muchacho sea considerado el mejor cañonero nuestro en la MLB. La discusión es interesante, hay que seguir sus movimientos con lupa, pues amenaza con llegar lejos.

Debe cuidarse

Tan difícil es llegar al mejor beisbol del mundo, como lo es también el consolidarse como un jugador determinante. Para lograrlo hay que cuidarse no solo de los desajustes en la técnica de bateo o fildeo, sino también de los desajustes emocionales, que tantos talentos han arrebatado, como el de Green, quien quizá no pudo recuperarse de la muerte de su padre, justo antes de que él llegara a Grandes Ligas y el posterior fallecimiento de su madre.

Además, Cheslor debe cuidarse de las desviaciones al alcohol y cualquier otra sustancia que lo desenfoque. Eso hace mucho daño y también le pasó a Green e hizo flaquear en determinado momento al batallador Denis Martínez.  Asimismo debe tener cuidado con la tentación de usar sustancias de dopaje. No las necesita, tiene las herramientas para brillar, para seguirnos haciendo soñar con tener un bateador sólido y determinante en el mejor beisbol del mundo. 

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