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Contra pronóstico y sin Cristiano desde el minuto 24, Portugal se ha coronado campeón de la Eurocopa 2016. Eso es algo más que una proeza frente a un equipo que armado hasta los dientes, jugaba en casa, estaba altamente motivado y era capaz de empujar al rival a las cuerdas para golpearlo. Pero Portugal resistió y resistió, ensayó algunas contras, escarbó profundo en su alma, y mirando hacia el lesionado Cristiano con su rodilla izquierda gimiendo, finalmente logró imponerse en forma milagrosa con ese escalofriante taponazo bajo de Éder en el minuto 108 que dejó retorcido al arquero Lloris, haciendo llover lágrimas sobre la multitud de esperanzas en toda Francia, que pasaron largo rato acariciando posibilidades que una y otra vez frustró Rui Patricio, disfrazado de Yashin, en una actuación de ribetes espectaculares.

Siempre trato de no asociar lo heroico con el accionar en los deportes, pero en ciertos casos como este, en el que cada portugués dio la impresión de ser un Leónidas en las Termópilas, me siento atrapado por lo inevitable. Sí fue un triunfo heroico el de Portugal. Lo es cuando tienes que batallar contra todos los factores adversos imaginables, incluyendo la pérdida de tu jugador bandera, y terminas prevaleciendo. Escucha eso no es normal. No eras favorito con Cristiano y se suponía tenías “olor” a difunto sin él. 

A fajarse amputado

En ese minuto 24, con Cristiano saliendo del campo cojeante, emocionalmente destrozado, abriéndole espacio al veterano Quaresma exigiéndole un alarde de consistencia para caminar lo más largo posible, Francia lo tenía todo para vencer.  Abrazado a la inspiración de Griezmann, la presencia de Pogba, la agresividad de Giroud, el aporte del crecido Payet, la solidez de Koscielny y Umtiti por el centro de la defensa, las proyecciones de Sagna y Evra por las bandas y la agitación de Sissoko, un hombre de punch, Francia debería de crecer e imponer su mejor manejo de balón y mayor capacidad para las recuperaciones y las combinaciones. 

No fue así. Francia se detenía a ratos, como buscando ideas, y Portugal se fue adaptando a la ausencia de su supercrack, pese a que Renato Sanchez no conseguía hacerse sentir en las progresiones prefiriendo los pases horizontales como si la pelota lo incomodara, y que Nani, frunciendo el ceño, gritará exigiendo ser habilitado para utilizar sus recursos. Poco a poco, Portugal dejó de ser menos y supo salir con proyecciones, no solamente dependiendo de las contraofensivas. 

Rui Patricio factor clave

Necesitado Francia de un reconstituyente cerebral, Portugal mejoró discretamente en todo aprovechando el poco futbol colocado sobre la cancha, sin descuidar ni un segundo, ni un centímetro, su cuido atrás. En esa zona, Pepe, Fonte y Guerreiro, multiplican sus esfuerzos en cierres, anticipaciones y bloqueos, pese a ser superados por arriba algunas veces, como fue visto en los ingresos de Giroud y de Griezmann en zona de alerta roja, este último con dos cabezazos altera-nervios, el primero, en el minuto 9, obligando a Rui Patricio a la atajada del partido junto a la escuadra superior derecha, por encima de la realizada a Sissoko sobre un latigazo desde fuera del área, que zumbaba con mensaje draculesco.

Agreguen una atajada previa a Sissoko dentro del área, un disparo de Griezmann entrando a las brasas por la izquierda y el remate de Gignac que devolvió el poste en el minuto 91, con la Torre Eiffel tambaleándose y la multitud al borde del colapso en los Campos Elíseos. Obviamente, Portugal frente al desgaste físico de los tiempos extras, apostaba por los penales y el momento estelar de Rui Patricio, pero Éder congeló el suspenso y decidió el juego con ese derechazo bajo, seco y naturalmente ruidoso, que pasó rugiendo al lado de la estirada de Lloris hacia su derecha, con ruido de música macabra. Esa estocada, en el minuto 108, coronó por vez primera a Portugal como Campeón de una Eurocopa. Una de las pocas conquistas que le faltaba a Cristiano, fortaleciendo sus pretensiones de ser el ganador de su cuarto Balón de Oro. No fue un gran partido, pero sí emotivo, más allá de los bajones de voltaje, como si todos lamentaran no ver a Cristiano en la trinchera. 

  • 1 titulo ostenta Portugal de Eurocopa, que en 2004 cayó 1-0 en la final contra Grecia.

Griezmann, un “Principito” sin trono

El delantero francés Antoine Griezmann ganó la Bota de Oro al máximo goleador de la Eurocopa-2016, con seis dianas, pese a que no pudo levantar la Copa que más hubiera querido, la del título con Francia. 

El delantero francés declaró que la derrota de los Bleus en la final de la Eurocopa, 1-0 ante Portugal en la prórroga, “es jodida, pero así es el fútbol”, dijo a la televisión local tras en encuentro. “Lo hemos dado todo, realmente deseábamos esta victoria, pero no hemos tenido la suerte del campeón”, declaró el delantero del Atlético de Madrid, que esta temporada también perdió la final de la Liga de Campeones, en los penales ante el Real Madrid.

“Su portero ha hecho buenas paradas, hemos tenido ocasiones que no han sido gol por muy poco... Ellos se lo jugaron todo a una y marcaron a 10 minutos del final. Es complicado, frustrante, es jodido pero así es el fútbol”, añadió el máximo anotador de la Eurocopa. “No era nuestra noche. Yo tuve algunas ocasiones pero sin suerte”, lamentó.

Griezmann aseguró que con el torneo realizado, los Bleus “pueden estar orgullosos de nuestro grupo y de nuestro recorrido”. 

  • 3 goles marcó Cristiano Ronaldo en la finalizada Eurocopa, la mitad que los conseguidos por Griezmann, máximo artillero.

“A título personal, es mi segunda final perdida en un mes... Es jodido pero intentaré volverme más fuerte”, agregó en referencia a la final de la Champions en Milán. “Ahora habrá que recuperarse lo más rápido posible y prepararnos para la clasificación de la próxima Copa del Mundo”, concluyó.

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