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Hubo un tiempo en que valía la pena buscar con desesperación un boleto para el Juego de Estrellas en las Grandes Ligas. No era solo el desfile de astros, algo que permanece, sino ver a los peloteros funcionar al tope de sus facultades, fajarse hambrientos en busca de la victoria, extenderse lo más posible de acuerdo a las necesidades, no desaparecer después de lanzar un inning o tomar un turno. Veíamos a Willie Mays, Roberto Clemente o Tony Pérez en acción hasta en entradas extras, mientras los máximos ases de la colina caminaban por lo menos tres entradas. 

Hoy, esa magia ha sido apagada. Todo es fugaz. Incluso, hay peloteros que declinan participar. Pocas actuaciones son merecedoras de ser guardadas en un cofre de tesoros, y esperar momentos de mayúscula excitación, como los que se producían antes, es perder el tiempo. Por supuesto que hay sus excepciones. Es por eso que los viejos fanáticos nos aferramos a recuerdos imperecederos, pensando que nunca más volverán.

LOS MAYORES IMPACTOS

¡Cómo olvidar a Pete Rose aterrizando salvajemente sobre la humanidad del catcher Ray Fose para dejar en el terreno a la Liga Americana en 1970! A Ted Williams jonroneando dramáticamente en el fondo del noveno inning con  dos outs y dos strikes para voltear espectacularmente el Clásico de 1941; a Carl Hubbell ponchando en orden a cinco futuros miembros del Salón de la Fama en 1934; aquel impresionante dominio de pitcheo en  1968 que terminó 1-0, Houston; aquel jonrón de Tony Pérez en el inning  15 contra Jim Hunter cancelando un duelo de serpentina que provocó 30 ponchados en total. -Ted Williams se lució en el juego de estrellas de 1941-

Es natural preguntarse, ¿cuál ha sido el momento más  excitante en la historia de los Juegos de Estrellas iniciados en 1933 por una iniciativa del cronista del Chicago Tribune Arch Ward y el comisionado Landis?

EL “BAMBINO” SE VUELA LA CERCA

Para algunos, tradicionalistas y respetuosos  del mito, lo más impresionante ha sido ver al gran Babe Ruth volarse la cerca en el primer clásico después de  colocar las muletas y las pantuflas a un lado del cajón de bateo. Fue como si hubiera estado escrito que el "Bambino", por derecho propio, conectaría el primer estacazo en los Juegos de Estrellas. En lugar de Carl Hubbell, el timonel John McGraw decidió utilizar a Bill Hallahan,  de los Cardenales, y pudo comprobar que aun rumbo al retiro, las muñecas de Ruth eran todavía lo suficiente  rápidas y su swing poderoso, como para meter la pelota en las graderías.

Lo de Rose en 1970 fue así: con dos outs en el fondo del inning 12, Pete conecta un sencillo, Bill Grabarkewitz repite la dosis y coloca a Rose en segunda. El hit de Jim Hickman fue atacado rápidamente por Amos Otis, que de inmediato apretó el gatillo hacia el plato mientras Rose zumbaba por tercera. Fue asunto de  bola y atropellamiento. Rose entró como un toro miura tumbando a Fosse, que sufrió desajustes en sus hombros y el tórax, viéndose obligado más adelante a anunciar su retiro del beisbol.

¿Y qué les parece lo ocurrido en 1941? La Liga Americana perdía 5-3 en el noveno inning, pero llenó las bases con un out y en orden venían al bate Joe DiMaggio y Ted Williams contra Claude Passeau. Recuerden que fue el año de los 56 juegos consecutivos de Joe y del porcentaje de 406 de Ted, pues bien, el peor sitio que alguien pudiera imaginarse, será en el montículo tratando de torearlos.

DiMaggio se precipitó y sobre un lanzamiento malo conectó un roletazo al short que dio la impresión de  dibujar anticipadamente el doble play rompecorazones. Sin embargo, no sucedió eso. El segunda base Billy Herman pivoteó en forma incómoda y tiró mal a primera permitiendo a la Liga Americana acercarse 5-4 y mantener dos corredores sobre las bases. Vino Williams al ataque y la curva de Passeau nunca llegó al guante del catcher. El swing violento de Ted con par de strikes en contra hizo desaparecer la píldora en las tribunas para una victoria de 7-5.

CAÑONAZOS DECISIVOS

Stan Musial siempre utilizó la etiqueta de superestrellas, y cuando le  dio más brillo fue en aquel clásico de 1955. Se voló la barda en el duodécimo inning para vencer 6-5 a la Liga Americana. La recuperación de la Liga Nacional después de haber estado perdiendo 0-5, fue calificada de impactante y el jonron de Musial, el batazo de más voltaje. 

Otro gran impacto fue el de Tony Pérez en el Juego de Estrellas de 1967. Su jonrón en el inning 15 sobre pitcheo de Jim Hunter decidió una batalla que parecía no tener fin por 2-1. Regresemos con Ted Williams y su furioso bateo en el Clásico de 1946. Con dos jonrones y dos sencillos, Ted impulsó 5 y anotó 4 haciendo astillas el pitcheo de la Liga Nacional. El triunfo aplastante de 12-0 fue forjado por el temible bateador de Boston.

Y hay más momentos inolvidables, como los cinco ponches de Valenzuela, el jonrón con casa llena de Fred Lynn, el cañonazo decisivo de Tim Raines, el pitcheo de Clemens y tantos otros, pero los mencionados son los que más han alterado el sistema nervioso de los aficionados.

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