Edgard Tijerino
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Nunca antes fue vista tanta fiereza en silencio. El lobo de Gubia mirando por las ventanas de los rivales en la NBA para captar sus debilidades y retorcerles el cuello en la cancha. Tim Duncan, a un lado de su gigantesca estatura que le imposibilitaba pasar inadvertido, con esa mirada sombría y sigiloso andar, daba la impresión de ser un agente secreto que ocultaba sus intenciones mientras se movía sobre el tabloncillo, aparentemente abrazado a la indiferencia. Nada de eso. De los ojos de Duncan salían llamas al agilizar su maquinaria muscular volcándose con una vitalidad llamativa, haciendo prevalecer su facilidad para desequilibrar. Se convertía en imparable, destructivo en los tableros, certero disparando, extremadamente útil en busca de la victoria.

LAS TORRES GEMELAS

Primera escogencia del draft en 1997, el casi siniestro Duncan fue tomado de inmediato por los Spurs, aprovechando que el equipo se encontraba en escombros, saliendo de una temporada miserable (20-62) por la lesión de su superastro David Robinson. Ese “golpe de suerte” logrado entre la desgracia que graficaban las cifras con implacable crueldad, le permitió al equipo de San Antonio juntar a Duncan con Robinson, “Las torres gemelas”, iniciando un repunte espectacular, como los avances de César en las Galias.

Imposible no enamorarse de la NBA cuando eres impactado por figuras del calibre de Wilt Chamberlain y Bill Russell durante la década de los años 60, mientras atraviesas el bachillerato y entras a la universidad. Ellos entraron a mi casa por la vía de los periódicos y revistas, sin mucho destaque, y por los noticieros cinematográficos que se presentaban. Después, vino el interminable desfile de “monstruos”, entre ellos, Rick Barry, Elvin Hayes, Jerry West, Jabbar, Jordan, Magic, Bird, Erving “El Dr. J”, y uno disfrazado de “yo no fui”, Tim Duncan.

UN RUIDOSO DEBUT

Por encima de la furia, la inteligencia. Duncan, como apuntó Ken Berger, daba la impresión de saber lo que iba a suceder. La forma en que jugó, lo hizo único. Estilo “saliendo de las sombras”, apareciendo fantasmalmente, con una incidencia mayúscula. Debutó siendo Novato del Año, instalándose entre los suplentes del Juego de Estrellas, y considerado factor para el retorno de los Spurs a los Playoffs. Promedió 21.1 puntos, con 11.9 rebotes –su especialidad-, 2.7 asistencias y 2.5 tapones. Estuvo a la altura de las expectativas. Su mayor frustración fue haber estado en el equipo olímpico del 2004 en Atenas de rendimiento nada soñado, perdiendo tres de ocho juegos, reducido al bronce con LeBron, Wade, Iverson, Anthony y otras figuras de relieve. 

Finalmente, llegó el momento que se temía. El jugador que hizo crecer a Tony Parker y Manu Ginóbili, y que tuvo tiempo para darle la mano a Kawhi Leonard y LeMarcus Aldridge, decidió retirarse a los 40 años. El tiempo pasa y se lleva las facultades una vez impresionantes. Cuando estás trotando, no corriendo, es momento de irse. Hace un par de días, al despertarnos, Duncan no estaba. Se había, sin ruido, como jugó y ha vivido.

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