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Nos acercamos vertiginosamente a las puertas de los Olímpicos de Río de Janeiro. Se piensa que solo el propio Usain Bolt, o quizás un marciano, podría atacar los registros insólitos establecidos por el sprinter jamaicano con 9.58 segundos en los 100 metros y 19.19 en los 200. Recuerdo cuando se creyó que los 9.79 en 100 de Ben Johnson, dopado en Seúl 1988, y los 19.32 en 200 del fabuloso Michael Johnson, en 1996, serían inalcanzables. Los tiempos registrados por Bolt, dan la impresión de estar muy cerca del límite de la capacidad humana. 

LAS MÁS VIEJAS MARCAS

Los registros fuera de serie están envejeciendo en el atletismo mundial. Desde 1983, ninguna mujer ha amenazado seriamente el minuto, 53 segundos y 28 centésimas logrado en 800 metros por la checoslovaca Jarmila Kratochvilova. Ese registro de 33 años, con canas y barba, permanece inalterable. Es el más viejo de todos.

La alemana Marita Koch, es dueña de la marca en los 400 metros con 47.60 segundos desde 1985 y los asaltos de la fallecida Florence Griffith en 100 y 200 lisos con 10.49 y 21.34 segundos, en 1988, constituye un exigente reto para las nuevas generaciones de velocistas. La pequeña pero relampagueante e imbatible Shelly Ann Fraser-Pryce, de Jamaica, ganó los 100 y los 200 en los Mundiales de Moscú con 10.71 y 22.17, distante de Florence. 

El asombroso salto de 8.95 metros en longitud del estadounidense Mike Powell en 1991, cuando le robó el oro a Carl Lewis, quien con 8.91 también superó el récord mundial de 8.90 en poder de Bob Beamon, desde 1968 en México no ha sido presionado en casi 25 años, y las marcas en salto triple y salto con garrocha del británico Jonathan Edwards y el ucraniano Sergei Bubka con 18.29 y 6.14 metros, tampoco han sido arañados desde 1995 y 1994.

-Marita Koch es dueña de la marca en los 400 metros con 47.60 segundos-Ahí tenemos a la rusa Yelena Isinbayeva, reina de la garrocha de largo rato, estudiando la posibilidad de su retiro, con el récord de 5.06 metros establecido en el 2009, y las marcas en disco y martillo masculino, vigentes desde 1986, fijadas por el alemán Jurgen Schult con 74.08 metros y el soviético Yuriy Sedykh con 86.74 metros. 

  • 2 son las marcas extraterrestres de Usain Bolt: 9.58 segundos en 100 metros y 19.19 en los 200. Se suponen inalcanzables.

 

SOTOMAYOR BAJO AMENAZA

¿Y qué decir de los 2.45 metros en salto alto, registro fijado en 1993 por el cubano Javier Sotomayor? Sigue firme, pero fue la única marca de todos los tiempos que se tambaleó en el Mundial de Atletismo efectuado en Moscú en el 2013. El ucraniano Bogdan Bondarenko, quien obtuvo el oro con un salto récord para el evento de 2.41 metros, intentó superar los 2.46 fuera de competencia, pero en el último instante, con los corazones del público en las gargantas y el aliento sujetado por cadenas, tumbó el listón. En Cuba, los músculos crispados y nervios alterados de Sotomayor regresaron a la calma. Su marca continuaba en pie aunque serias amenazas quedaban latiendo, porque además del 2.41, registrado por Bondarenko, el catarí Mutaz Barshim y el agigantado canadiense Derek Drouin lograron 2.38 metros.

El atletismo es uno de los deportes más invadido por los estimulantes. El caso de Ben Johnson en 1988 fue el más sonado, el inolvidable. Aquella foto publicada en la portada de Sports Illustrated y Le Equipe, es la más conocida sobre un escándalo olímpico, pero la lista es larga, muy larga y en grandes eventos, hemos visto a atletas que han cumplido sus sanciones por doparse, de regreso a los podios, como los norteamericanos Justin Gatlin, retador de Bolt en los 100 detrás de Bolt y LaShawn Merrit, un excepcional cuatrocientista, con tiempo amenazante de 43.74 segundos.

  • 2.45 es la marca en metros establecida en 1993 por el cubano Javier Sotomayor en salto alto. Estará siendo amenazada.

 

¿Cuántas marcas mundiales serán derribadas en los Olímpicos de Brasil? Ese reto, cada día más difícil de tomar, estará sometiendo a prueba una vez más el límite de la capacidad humana.   

LOS 100 METROS-Mike Powell, uno de los mejores saltadores de la historia-

Desde chavalo, siempre tuve una idea fija alrededor de los 100 metros: no existe un evento deportivo más electrizante y envuelto en una mayor dosis de suspenso, que la lucha entre los relámpagos de la pista. En los 100 metros, nadie puede parpadear. Todos: público, protagonistas, jurados y periodistas nos sentimos a bordo de un tren bala, atrapados por una agitación imposible de controlar. Ese ruido de tambores de guerra -¿lo han escuchado alguna vez?-, es producto de los latidos de nuestros corazones. Es, como si por diez segundos, el mundo se detuviera, la gravedad dejara de funcionar y el viento se empinara para no perderse detalle.

Para todo sprinter, los minutos, las horas, los años de adiestramiento, se diluyen en 10 segundos, o menos. Todo es demasiado rápido y una falla, por muy pequeña, resulta mortal. Pregunten sobre eso a Silvio Leonard, quien en 1980 permitió que le sacaran la medalla de oro del bolsillo en los Juegos de Moscú hace 19 años. El cubano, imprudentemente, lanzó un vistazo sobre sus rivales y Allan Wells se le metió por la puerta de la cocina “robándole” la presea dorada.

En 1988, durante los Juegos de Seúl, Ben Johnson estremeció al mundo corriendo el hectómetro en 9.79 segundos. Aquello fue insólito por 24 horas. Al día siguiente, se descubrió que Johnson fue empujado por ese anabolizante llamado estanozolol, para lograr la increíble marca. Lo descalificaron y en el aire quedó flotando una interrogante: ¿Quién podrá llegar a devorar la pista en ese tiempo algún día? En Atenas 1999, el brillante ganador de la Copa del Mundo, Maurice Green, convertido en un estable y casi invencible sprinter, lo logró limpiamente. Con el viento paralizado y sin necesidad de ningún estimulante ilegal, Green registró el tiempo de 9.79 segundos logrado por Johnson en Seúl. 

Atrás, muy atrás, quedaban grandes historias. En 1936, frente a Hitler, el inmortal Jesse Owens ganó el oro olímpico con un tiempo fantasioso de 10.2 segundos. Fue necesario esperar 24 años para ovacionar a un corredor de 10 segundos flat: el impresionante alemán Armin Hary durante una de las carreras eliminatorias. En 1964, Bob Hayes con el viento superando la velocidad de 2 metros por segundo, corrió 9.9 en una de las etapas clasificatorias, y la marca no fue reconocida. Sin embargo, en junio de 1968, en Modesto, California, nos llegó un aviso en forma de trueno: Jim Hines, Ray Smith y Charlie Greene, corrieron los 100 debajo de los 10 segundos en la pruebas de clasificación del equipo de USA, con el viento favorable. Semanas después, en la final de los Juegos Olímpicos en México, Hines se convirtió en el primer mortal en registrar oficialmente menos de 10 en los 100 metros y con una marca de 9.95, volvió a dejar abierta la interrogante: ¿Cuál es el límite?.

Calvin Smith, Carl Lewis y Leroy Burrell estuvieron moviendo el récord del mundo hasta 9.85 segundos, antes de la arremetida espectacular de Bailey en Atlanta, fijándolo en 9.84 segundos. Más adelante, Bailey derrotó a Michael Johnson a lo largo de 150 metros en el más lucrativo y promocionado duelo de velocistas en la historia del Atletismo, y se instaló en la cima. Ahora estamos viviendo la era de Usain Bolt, el más ruidoso de todos los “Monstruos”.

Por abrirse las puertas en Río, ¿Cuál será el límite de la capacidad humana?...¿Por cuánto tiempo sobrevivirán las marcas de Bolt en 100 y 200 metros?...¿Qué es lo que estará escrito en las estrellas que iluminan las pistas? Estas intrigas permanecen abiertas.

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