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Uno se pregunta: ¿cuánto puede tardar un rapto de inspiración? Depende por supuesto. Muchas veces una obra maestra necesita la suma de momentos: ¿cuánto tiempo se tomó Leonardo en su Gioconda, o Beethoven en una de sus sinfonías, o Víctor Hugo dándole forma a Los Miserables?

El 28 de julio de 1991, en el Dodger Stadium de Los Ángeles, Denis Martínez se encontró con ese rapto de inspiración, que se extendió a lo largo de nueve innings, y que culminó con la atrapada de Marquis Grissom entrando a la zona de alerta en el center fielder, sobre ese batazo alterador de nervios de Chris Gwynn. Los Expos habían triunfado 2-0 frustrando el gran esfuerzo monticular de Mike Morgan en la colina de enfrente. 

Retar a 27 bateadores amenazantes y sacar 27 outs consecutivos, sin gente en las bases, realizando una faena perfecta, solo había ocurrido 14 veces desde que se inventó el beisbol.

Denis concretó el trabajo magistral número 15 en la historia del beisbol.

La fotografía, mostrándolo tratando de elevarse al cielo, con sus ojos brillantes y humedecidos desmesuradamente abiertos, flotando sobre el asombro con su puño derecho crispado y el guante izquierdo cobrando vida, mientras su rostro, digno de ser captado por el pincel de Goya, lo graficaba todo, y permanece fijo entre nosotros 20  años después.

¿Cada cuánto recordás ese momento?, le pregunté hace unos años en su casa de Kendall en Miami. “Cada día”, me dijo con esa naturalidad que siempre lo ha acompañado, atravesando por los momentos de felicidad o dramatismo que nos impone la vida.

EL MONTÍCULO ESTABA DURO

Lanzar un Juego Perfecto. ¿Quién de nosotros iba a sospecharlo, pese a lo poderosa que es la imaginación? Mucho menos Denis. Él se levantó ese domingo, y como siempre lo hace desde su impecable restauración, fue a la iglesia a encomendarse al señor. Por la tarde, estaría enfrentando a la batería de los Dodgers y al derecho Mike Morgan en busca de su triunfo 11 esa temporada.

Antes de lanzar contra el primer bateador Brett Buttler, discutió con el árbitro Larry Poncino sobre la dureza del montículo, y cuando sacó los tres primeros outs fue sometido a revisión médica por una dolencia en la cadera, consecuencia de cada caída entre disparo y disparo.

“Pensé que todo sería difícil esa tarde”, expresó. Sin embargo, esa tarde con su familia frente al televisor en Miami siguiendo cada uno de sus movimientos, Denis alcanzó su máxima concentración. 

¿Cómo pitchearle a Brett Butler en el único conteo de 3 y 2? ¿Cómo resolver ese machucón envenenado de Juan Samuel? ¿Cómo controlar el sistema nervioso frente a Chris Gwynn el probable out 27? Hay tantas cosas que cuidar alrededor del esfuerzo buscando un Juego Perfecto, que el temor a que algo se quiebre en cualquier instante, es inevitable.

“DIOS ES PRECISO”

Han pasado 25 años y Denis se siente todavía entrando a la iglesia en Los Ángeles aquella mañana antes del juego, después de haberse levantado tarde, algo que no hubiera ocurrido de estar Luz Marina a su orilla, no en Miami, con sus cuatro hijos. Al salir se encontró casualmente con Vince Scully, el locutor de los Dodgers que es miembro del Salón de la Fama, quien le dijo: oye, ya deberías estar calentando.

Denis necesitaba urgentemente un taxi. Cómo le hubiera gustado estar en Nueva York, ciudad en la cual, aparecen con solo un chasquido de dedos. Sin embargo, ahí estaba un taxi y no tuvo que caminar varias cuadras para encontrarlo. Fue asunto de pasar por el Hotel y seguir al Estadio. “Dios es preciso”, pensó.

Mientras se cambiaba, oraba: “Señor, espero tener una buena tarde. En vos confío”. Y ciertamente durante nueve entradas, fue cobijado por una inspiración divina y seductora. 

El último Juego Perfecto había sido logrado por Tom Browning de Cincinnati, también contra los Dodgers el 16 de septiembre de 1988, pero en el Riverfront Stadium. El trabajo de Denis, fue el segundo Perfecto en el Dodger Stadium, desde que el fenomenal zurdo Sandy Koufax, “congeló” a los Cachorros de Chicago por 1-0, el 9 de septiembre de 1965.

En el cierre del noveno, frente a la expectativa agigantada, Mike Scioscia conectó un elevado a la parte media del left field para el primer out, y de inmediato, el emergente Stan Javier  se ponchó haciendo que la multitud que llenaba a capacidad el estadio, se pusiera de pie. Ahora, el suspenso estaba siendo arañado por la emoción suprema del posible último out.

UN ESPESO SUSPENSO

El aire se balanceaba sigilosamente sobre el gran estadio y los corazones palpitaban  desesperadamente alrededor de la angustia del momento, cuando Denis, luchando por evitar el aturdimiento que se supone, siempre provoca tener la posibilidad de inmortalizarse al alcance, se enfrentó al emergente Chris Gwynn.

El corazón del juego ha sido, desde antes de la construcción de las pirámides, el duelo pitcher-bateador. Una  confrontación reflejo-músculo-destreza con mucho de sicología y algo de ajedrez.

Un reto a la anticipación, la adivinanza, el conocimiento, los trucos y la suerte muda.

¿Dónde diablos irá la pelota una vez que sale de la mano del pitcher? Ese es el gran misterio del deporte de más impredecible desenlace en cada jugada. ¿Cuántos Juegos Perfectos o No Hit se han frustrado con el último bateador? Pregunten a Milt Wilcox, Doug Drabek, David Cone y Dave Stieb entre tantos afectados. Ahí estaba Gwynn en escena, un zurdo de 27 años, como el enemigo oculto, amenazante con una daga.

Hasta ese momento, los Dodgers se habían  visto  consumidos por la inutilidad mientras atravesaban los innings sin poder  gemir siquiera. El pitcheo astuto, cerebral y certero de Martínez, los mantenía con su agresividad dentro del congelador. El control no había flaqueado durante ocho entradas y dos tercios, pero obviamente, el calor, la presión y el trabajo intenso, lo aproximaron al desgaste.

La línea de Gwynn con conteo de 1-1 parecía aullido de lobo antes de abrirse hacia territorio foul en el left fielder. Atrás en el conteo, Gwynn empujó un lanzamiento que se movía mientras se acercaba rápidamente al plato, hacia lo profundo del center fielder. Un escalofrío recorrió las espaldas, pero Marquis Grissom llegó a tiempo y ahogó la pelota en su guante antes de entrar a la zona de seguridad. En ese momento, al concretarse el out 27, Denis se sintió catapultado hacia las estrellas.

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