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El último instante de un Juego Perfecto supone el mayor drama. No importa si parece ser tan fácil como un suave roletazo de frente al pitcher. Es un momento peligroso en que las variables traicioneras se multiplican. Cualquier desvío de la pelota, un mal fildeo, un disparo errático o una falla del que recibe, resulta fatal. Ningún out es seguro, aunque de la impresión de haber sido dibujado por el pincel de Dalí. Es lo que hace del beisbol, el más intrigante de los deportes. 

Denis Martínez lo sabía y lo sentía aquel 28 de julio ante más de 45 mil extasiados aficionados, seguidores de los Dodgers, que después de 26 outs, estaban en pie frente a la posibilidad de ser testigos de la proeza: un Juego Perfecto. 

¿QUIÉN AQUILES Y QUIÉN HÉCTOR?

Con el marcador 2-0 favoreciendo a los Expos, el bateador con la misión de frustrar a Denis, era Chris Gwynn, como emergente por el pitcher Mike Morgan, quien resultó un rival exigente atravesando cinco innings sin hit ni carrera. Denis miró al cielo y pensó “No me abandones”. Un momento de espeso suspenso y máxima tensión. ¿Quién Aquiles y quién Héctor entre Denis y Gwynn? Lo trágico y lo glorioso, danzando en la cuerda floja.

  • 2 latinos han logrado Juegos Perfectos, Denis el primero, y el venezolano Félix Hernández, en 2012.

Denis ajustó su gorra y su mirada frente al cátcher Ron Hassey, quien ya había estado en un Juego Perfecto diez años antes, lanzado por Len Barker de los Indios contra los Azulejos de Toronto. Dijo ¡No! el nicaragüense con un leve movimiento de su cabeza a la propuesta de Hassey con el conteo en una bola y dos strikes. La previa línea eriza pelos de Gwynn que se abrió de faul por el jardín izquierdo, obligaba a ser tan cuidadoso con cada lanzamiento, como un agente secreto en misión. 

FUE UN PITCHEO ALTO

La pierna izquierda de Denis pareció levantarse más allá del nivel acostumbrado, como tratando de ocultar todos los movimientos de su mano derecha saliendo del guante y llevada hacia atrás para soltar el latigazo. Vino hacia el plato con un pitcheo alto y Gwynn fue encima, hambriento. Pese al grado de dificultad, el sonido del impacto fue seco, como el de una rama quebrada en el bosque de los misterios. El cruce de dedos fue instantáneo, como el escuchar de plegarias.

La pelota fue hacia lo profundo del jardín central y Marquis Grisson, salió en su persecución hacia atrás por su izquierda. Denis giró, sintiendo que su corazón latía aceleradamente, intentaba salir por su garganta. Estaba en la punta de los spikes y gritaba ¡Sigue Marquis, sigue, es tuya, es tuya, no la pierdas. No ahora por favor! Un momento para morir o renacer. Grisson, un guardabosques graduado en Harvard en fildeo, continuó su desplazamiento, y por ingresar a la zona de seguridad, frente a un señalamiento de 395 pies, levantó su brazo izquierdo realizando la atrapada. Fue entonces que con sus ojos agrandados y abrillantados, Denis levantó sus dos brazos mientras saltaba gritando ¡Lo logré, lo logré!

  • 25 años cumple la hazaña de Denis Martínez, quien amarró a los Dodgers retirando a los 27 rivales que enfrentó.

De inmediato, los micrófonos estaban extendidos hacia su cara, las cámaras se agitaban y los cronistas esgrimían sus libretas. “Mi mente se puso en blanco”, dijo Denis posteriormente, atrapado por la emoción que una hazaña provoca. Han pasado 25 años y las imágenes permanecen en buen estado, resistiendo las telarañas entre suspiros polvorientos. Con su Juego Perfecto, Denis nos entregó un recuerdo imperecedero. ¿Quién dice que el tiempo pasa?

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