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En 1993, Pete Rose apareció en el Sporting News con una gorra que decía “Hit King” en letras altas, sin necesidad de traducción. Ciertamente Pete era el indiscutible Rey del Hit, con posibilidad de nunca ser amenazado. La cifra de 4,256 cohetes que él estableció, plantea la exigencia de registrar 21 temporadas con 200 o más imparables. Solo Ty Cobb renaciendo, con su maquinaria muscular mejor engrasada y mostrando mayor precisión, sería capaz de hacerlo en estos tiempos de desgaste extremo. 

A lo largo de 24 temporadas entre 1963 y 1996, Rose logró 10 temporadas de 200 o más hits, superando las 9 de Cobb, quien también extendió su ruidosa carrera por 24 años entre 1905 y 1928, conquistando doce cetros de bateo, nueve consecutivos, y una triple corona. Cuando Rose superó la marca de 4,189 hits en poder de Cobb, desde la época en que todavía podían ser vistos algunos dinosaurios cerca de los estadios, el beisbol se estremeció. Pete continuó y alargó la marca agregando 267 imparables.Ichiro Suzuki.

LA APARICIÓN DE ICHIRO

Al debutar el japonés Ichiro Suzuki en el 2001, las puertas de Cooperstown estaban cerradas para Rose por haberse involucrado en apuestas, siendo mánager de los Rojos. Obviamente Ichiro, un artillero de 1,278 hits en el beisbol de su país mientras conseguía siete títulos de bateo, sabía mucho de Cobb y de Rose al aterrizar en las mayores con los Marineros a los 27 años, edad poco apropiada para un debutante, excepto que en el caso de Suzuki, la experiencia acumulada le permitió burlarse del cambio de nivel, coronándose campeón bate con 350 puntos, obteniendo los reconocimientos de Novato del Año y Más Valioso. Un alarde.

De entrada, Ichiro mostró un paquete de facultades productores de cifras resplandecientes, solo posible de ser encontrado en el cofre de tesoros de alguno de los grandes piratas como Barbaroja, Bart el Negro y William Kid. Después de violento impacto en la temporada del 2004 con sus 262 hits, tumbando la marca de 257 en poder de George Sisler desde 1920, el chispeante y fulminante estilo de juego de Ichiro, se convirtió en un show para no perdérselo. 

De él se dijo que bateaba como Rod Carew, tenía el control de bate de Tony Gwynn y era un estudioso del juego como Ted Williams. Que bateaba todo tipo de lanzamientos, casi siempre hacia los huecos y el picheo adentro no lo incomodaba golpeando con naturalidad hacia la derecha. Se agregaba en los elogios, que en los bosques era capaz de aproximarse en disparo a Roberto Clemente, correr como Lou Brock y hacer atrapadas como Ken Griffey. ¿Se imaginan todo eso junto en el mismo pelotero? Eso sí, carecía de poder y capacidad de producción. 

¿HASTA DÓNDE PODRA LLEGAR?

Sus 242 cohetes en esa primera temporada, obligaron a los entendidos a entrar en diferentes especulaciones, entre ellas: ¿Qué tanto impacto podría provocar como el primer pelotero japonés de posición? ¿Cuántas temporadas más de 200 imparables podría ofrecer? ¿Hasta cuántos hits podría extenderse sin posibilidad de estar en acción por 20 años? Nadie habló de 10 temporadas de 200 cohetes, ni de llegar a los 3,000 hits, ni se pensó que atacaría la marca de 257 en una campaña fijada por Sisler 81 años atrás. 

La agitación en las tribunas durante cada uno de sus turnos al bate lo convirtieron en la máxima estrella en casa. Ichiro era la anticipación antes de la tormenta. Su comienzo con los Marineros de Seattle fue casi mítico. Todos se referían a él. Daba la impresión de ser una versión japonesa de “El Natural”. Observarlo, empujaba a un apuro por canonizarlo.

No era el tipo de fenómeno que fue Alex Rodríguez con el equipo de Seattle. Ichiro no sería un bateador por encima de los 40 jonrones y las 120 empujadas, pero podría estar en ruta a ser el mejor primer bate en la historia de los Marineros, como realmente lo fue sacándole máximo provecho a su habilidad para tomar bases extras, mostrándose rápido y escurridizo. Además, qué difícil era poncharlo. En 1997 en Japón, impuso la marca de 216 apariciones frente al plato sin poncharse y en el 2004, antes del Juego de Estrellas, su promedio de 429 puntos, hizo sospechar que sería capaz de ser el próximo bateador de 400, algo que no se ve desde 1941.

EL FUEGO DE PETE

¿Mejor que Pete Rose? Algo así como discutir si Leonardo es mejor que Miguel Ángel. Encima de los 40 años, Rose parecía tener el corazón y el impulso de un joven de 18 o 20, y su ceño fruncido, como si masticara brasas, dejaba una impresión imborrable. Él era capaz de atravesar el infierno bañado de gasolina en busca de establecer marcas. Siempre estaba listo para tomar todos los riesgos por un hit más, una atrapada, una zambullida, o un choque quebrantahuesos como el que dejó averiado por siempre al cácher Ray Fosse.

Por una larga entrevista en Play Boy, la revista para hombres que acaba de aplicar modificaciones a su presentación y mercadeo, me enteré que Rose es el hijo de un empleado de banco. La pasión  de su padre por los deportes fue hacia él. Muy pequeño para ser un jugador de fútbol, se concentró en el béisbol. Jugó muy duro y tenía un gran talento natural. Rose fue lo suficientemente impresionante para ser firmado a un contrato de ligas menores. Pasó tres años transportándose en los maltrechos autobuses de los equipos de ligas menores hasta que los Rojos lo llamaron en 1963.

¿POR QUIÉN VOTAR?

Ahí es cuando la gente de béisbol comenzó a tomar nota de este muchacho duro que corrió zumbando la primera vez que le dieron una base por bolas,  y que en vez de deslizarse, se zambullía de cabeza  sobre las bases. Fue notado lo suficiente como para ser considerado el Novato del Año después de 170 hits registrando 273 puntos a los 22 años. Se coronó campeón bate dos veces, igual que Ichiro, quien solo ha estado en acción 16 temporadas, ocho menos que Pete, y el porcentaje del japonés de 372 puntos en el 2004, nunca estuvo al alcance de Pete. 

En robos, Rose solo una vez llegó a 20, en tanto Ichiro, cuya cifra máxima es de 56, superó la cifra de 40 en cuatro ocasiones y la de 30 en otras cinco. La máxima cifra de hits de Pete fue de 230, mientras Ichiro registraba campañas de 238,242 y la récord de 262. Rose supera a Ichiro en empujadas con dos campañas sobre las 80 y tres sobre las 70. El japonés nunca llegó a 70 pero siempre estuvo bien arriba en el line-up. Contra las ocho temporadas consecutivas de Ichiro anotando más de 100 carreras, están las 10 de Rose no seguidas, pero con racha de cinco.
¿Ichiro o Rose? ¡Wow! ¿Leonardo o Miguel Ángel? No voy a esconderme, voto por Ichiro, por una nariz. Incide en mi consideración, lo mismo de Marichal, el japonés solo ha jugado 16 temporadas, no 24 como Rose y Cobb. Eso sí, sigo siendo el fanático número uno de Rose, como lo soy de Koufax.

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