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Ichiro Suzuki vino del país donde se dice nace el sol, para agrandar el sol de las Ligas Mayores con su accionar de ribetes espectaculares en todos los aspectos del juego. Desde Japón hasta Estados Unidos para jugar con los Marineros de Seattle. Ichiro, el hiteador incansable; siempre Ichiro, dando palo; el viejo Ichiro, rejuvenecido ayer entre las montañas de Denver mientras conectaba su hit 3,000 con el uniforme de los Marlins de Miami, todavía algo raro para él.

El japonés que había salido de un corto slump el sábado disparando su hit 2,999 y llevando la expectación a su máximo nivel en cada turno al bate en la jornada dominical, falló en sus tres primeros turnos frente al derecho de 24 años Jon Gray con un ponche y dos roletazos inofensivos, pero en el séptimo, frente al zurdo Chris Rusin con un out y conteo de dos bolas sin strike, el viejo zorro del cajón de bateo, captando un picheo al medio, hizo saltar las costuras de la pelota mientras la  multitud se veía forzada a mostrar su admiración por la proeza con un rugido, pese a ser un jugador contrario.

IMPOSIBLE PARA PARRA

¿Qué importaba eso? Ichiro era apenas el jugador número 30 en la historia en aterrizar en la pista de los 3,000 cohetes y el segundo con un triple siguiendo huellas de Paul Molitor. La pelota perseguida desesperadamente por el guardabosques venezolano Gerardo Parra, se elevó lo suficiente para escapar al esfuerzo y rebotar contra la pared del jardín derecho. Con el marcador 8-6 del lado de los Marlins, Ichiro pareció estar zumbado sobre brasas y llegó a tercera.

Como Pete Rose, el artillero japonés de 42 años, utilizó 16 temporadas para disparar sus 3,000 hits, agregando los 1,278 conectados en el beisbol de su país. De inmediato, al debutar Ichiro en las mayores en el 2001 después de firmar con Seattle por 13 millones 125 mil dólares, comenzó a mostrarse envuelto en llamas ganando el título de bateo con 350 puntos y conquistando los títulos de Novato del Año y Más Valioso, advirtiendo sobre sus proyecciones. El primer jugador japonés de posición en el beisbol de Grandes Ligas, había superado los cálculos más optimistas.

EXTRAORDINARIO LEAD-OFF

Y continuó, con un ritmo casi inalterable, armado hasta los dientes con una escopeta envidiable, gran capacidad de cobertura, llamativa rapidez y un ritmo de bateo realmente frenético. El jugador que todo equipo desea tener. Un extraordinario lead-off. Cuando superó la marca de 257 hits impuesta en 1920 por George Sisler, alargándola a 262 en el 2004, se comenzaron a hacer cálculos sobre la posibilidad de verlo ingresar al Club de los bateadores de 3,000 hits. Poco a poco eso se convirtió en una certeza.

Es lo que hizo ayer en Denver contra los Rockies. Ahí estaba el bateador imponente con sus trazos de grandeza dejando otra huella imborrable. Ichiro, el hiteador incansable, siempre dando palo, rejuvenecido frente al zurdo Chris Rusin, disparando ese proyectil hacia la pared de jardín derecho inutilizando el mayúsculo esfuerzo de Gerardo Parra, quien intentó la atrapada imposible. En ese momento, el sol que ilumina las Grandes Ligas, se agrandó.

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