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Solo en el fanatismo por el futbol, todos son iguales en Brasil. Desde los rincones de las favelas hasta los círculos de poder, atravesando los diferentes escalones de las clases sociales, la pasión por el futbol, los hace abrazarse. Lo sabe mejor que cualquiera, Lula, quien ha estado abajo y arriba en conexión con todos mientras sacaba a casi 30 millones de brasileños de la pobreza, fortaleciendo una clase media que aullaba por su restauración. Un fanático del Flamengo, nunca cambiaría la camiseta de su equipo por esa nueva y reluciente del Real Madrid o la que estrena el Barcelona. La fidelidad al equipo es sagrada y más todavía a la Selección Nacional, o las Selecciones Nacionales de cualquier tamaño y diversidad. Incluso esos asaltantes que le cayeron encima al grupo de nadadores norteamericanos entre los que se encontraba Ryan Lotche, son capaces de tirar sus pistolas al aire y ponerse a saltar para festejar un gol de Neymar o de Marta. Marta. AFP / END

¡Al carajo con el asalto! Empatamos o nos fuimos arriba. Uno llega a pensar, exagerando, que quizás llegue el día en que los diputados sean seleccionados aquí por disparos de penal. Los que más acierten, se quedan.

NEYMAR EN LA SOLEDAD

Hubo un tiempo, incluyendo el de Pelé, en que se compartían elogios, idolatría y simpatía. Recuerden la generación de Zico, esa que se extendió de 1982 al 86 y luego la de Romario en los 90, hasta llegar a las de Ronaldo y Kaká. Claro, la de 1970 con Pelé, Rivelino, Carlos Alberto, Jairzinho, Tostao, Gerson y otros, es única. Los futbolistas perfectos haciendo posible el equipo perfecto. ¿Hay alguien que recuerde el nombre del arquero? No es el caso de Neymar. Poco a poco, se ha quedado solo con una montaña de responsabilidades sobre su espalda. En el 2014, cuando salió Neymar, se empequeñeció tanto Brasil, que por unos días, nadie quería escuchar de futbol por estos lados. Cuando queda imposibilitado, Brasil se siente de rodillas. Su presencia en este equipo olímpico, obedece a la desesperación por ganar la medalla de oro en futbol. Eso nunca ha ocurrido. Brasil abrió el torneo con dos empates 0-0 antes de proyectarse hasta la semifinal que disputará con Honduras, pensando en una probable final con Alemania, o ¿por qué no Nigeria? Hemos visto a equipos africanos en ese punto de ebullición. Si algo le pasa a Neymar, quien constantemente revisó su tobillo frente a la agresividad colombiana,  Brasil va a llorar.

EL RETO DE MARTA

Estaba almorzando ayer en el restaurante Out Back en el Centro Comercial Metropolitano, cuando escuché mucho sobre Neymar y Marta en la mesa de la derecha y también en la de la izquierda. De portugués, algo se entiende y traté de poner cuidado a lo que decían hablando fuerte –porque el futbol te descarrila- gente de clase media y quizás alta, porque los precios del menú, no son para los de abajo. Recordé los gritos de ¡Marta! ¡Marta! ¡Marta! la noche de la batalla en futbol femenino con Australia, que realizada en el Mineirao, aquí en Río vimos en la gran pantalla de la Sala de Prensa. Cuando Marta falló en la tanda de penales, se hizo un silencio respetuoso. En el periódico Lance se había publicado un reportaje sobre la popularidad en crecimiento de Marta y la simpatía que la rodea. Ella lloró al fallar y aunque Brasil ganó 7-6, siguió llorando, casi sin incorporarse al festejo. Cuando Neymar toma la bola, se acostumbra gritarle ¡Marta! ¡Marta!. El astro respondió fuera de Río adelantando a Brasil contra Colombia, abriendo el espacio para esa victoria por 2-0… ¿Marta o Neymar? Es la batalla por el oleaje de simpatías en el futbol brasileño. ¿Quién sobrevivirá en estos Juegos? Sin el oro, ambos se sentirán desnudos y enclenques como diría Rubén, nuestro poeta. Ojalá los dos puedan celebrar y hacerle una pausa al sufrimiento por el futbol de este gigantesco pueblo. Una vez que caiga el telón de los Juegos, las batallas serán otras.

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