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Cuando alguien fallece, se activan de inmediato imágenes imborrables. Yo me quedo con una de ese zurdito de inmenso crecimiento frente a las dificultades, que fue casi siempre Antonio Herradora. Esa imagen acaba de cumplir 44 años, y la tengo presente como si acabara de haberla visto en el Estadio de Quisqueya en Santo Domingo, con unas cinco mil personas en pie, cruzando dedos, elevando plegarias. Nicaragua derrotaba 5-4 a Cuba en el mes de agosto de 1972, durante el Torneo  de la Amistad, y estaba a un out de la victoria, veinte años después del triunfo conseguido por Alejandro “El Toro” Canales en La Habana.   

“SÉ CÓMO TOREARLOS”

Solo un problema: Félix Isasi se encontraba en primera por error de Gersán Jarquín y el temible zurdo Agustín Marquetti, se acercaba al plato amenazante, rechinando los dientes, haciendo crujir sus músculos, mirando con subestimación al pequeño lanzador con su brazo zurdo carente de poder pero cargado de trucos y con gran control. En el círculo de espera, Armando Capiró, un “mata-pitcheres” derecho. Así que el momento no podía ser de nerviosismo más espeso. Para cualquiera, no para Herradora, quien un año antes, en noviembre de 1971, funcionando como abridor sorpresivo contra Cuba en La Habana, con 50 mil rugientes aficionados en el Estadio Latino, se había fajado bravamente con la gruesa artillería de los Campeones del Mundo dejando el juego en desventaja 0-1 para Orlando “Ratoncito” Espinoza.

“Yo los conozco a todos y sé cómo torearlos”, le había dicho Herradora al mánager Heberto Portobanco cuando este le quitó la pelota al atrevido novato Denis Martínez en el séptimo inning de ese juego, con el marcador 4-3 a favor de Cuba. Con dos circulando, Herradora dominó a Owen Blandino para el último out y sacó limpio el octavo, mientras Nicaragua atacaba con línea de Vicente con las bases llenas atrapada en jardín central por Lafita sin impedir el empate desde tercera, y hit productor de Gersán para hacer girar la pizarra espectacularmente. Ahora los pinoleros estaban adelante 5-4 con tres outs pendientes y Herradora crecido.

EXPECTACIÓN SUPREMA

El zurdo supo manejar a Wilfredo Sánchez y Fermín Lafita obligándolos a batazos fáciles hacia los bosques, cuando ocurrió el error en tiro de Gersán, colocando el empate en primera base. Ahí estaba Herradora frente a Marquetti, en esa imagen que ha regresado a mi memoria, sin el mínimo deterioro. El zurdito, con un martillo tratando de doblar la Torre Eiffel en un momento de expectación suprema. ¿Se imaginan eso? Con dos strikes y una bola, Marquetti le hizo swing defectuosamente a una curva de rara rotación y roleteó a primera. Se sintió dominado, del tamaño de un insecto y no kafkiano. El guante seguro de Antonio Membreño tomó la pelota y consumó el out. El gigantesco estadio se empinó. Veinte años después, ese zurdito aparentemente sin significado, pero grandioso cada vez que juntaba cerebro, corazón y destreza de su brazo, ajustó cuentas con Cuba antes de cumplirse un año.

Finalmente, batallando con una severa enfermedad no pudo dibujarle a la muerte el mismo lanzamiento que inutilizó a Marquetti. Fue un artista del engaño, con su presencia y con sus recursos. Tenía la valentía, atrevimiento y astucia de Escipión “El Africano”. Que bueno fue para mí verlo lanzar en sus mejores momentos. Al percatarme de su fallecimiento, fui hacia mi computadora a bucear en el archivo ambulante y lo encontré de pie. Gracias zurdo.

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