Haxel Rubén Murillo
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Los roces y discrepancias entre Marcelo Sánchez y Rosendo Álvarez no benefician en nada al boxeo y mucho menos a la imagen de sí mismos. Tratándose de dos personas mayores de edad, responsables, casados, con hijos y hombre de negocios (uno como promotor y otro es apoderado), me da cierto pesar ciertos comportamientos que tienen ambos, lanzándose indirectas a través de redes sociales o por algún medio de comunicación.

Esa guerra fría entre ambos, terminó con un poco de daño hacia la imagen de Rosendo y a su vez, agarró terminación el colega Germán García, quien fue el primero en divulgar la información que hablaba sobre el excampeón mundial, en supuesto estado de ebriedad el domingo pasado, en Malpaisillo, León, donde Búfalo Boxing organizó un evento boxístico.

Pero centrémonos en el problema de fondo entre ambos promotores. Primero hay que decir las cosas tal y como son: no es un secreto que el origen de la filtración del documento elaborado de la Comisión Nicaragüense de Boxeo Profesional, Conibop, vino de la misma institución. Después pasó de mano en mano, hasta llegar a los medios de comunicación. 

Se exageró

Es claro que hubo una mala intención de parte de algún miembro de la Comisión, de dañar la imagen de Álvarez. Se exageraron los hechos, graficaron un suceso de una forma morbosa y todo porque hay roces y guerra de intereses entre una o dos personas de la Comisión y Rosendo, eso no es un secreto, es público. Tomar una cerveza no es sinónimo para satanizar a una persona, menos si no hizo ningún escándalo, no ofendió a nadie y ni siquiera hay evidencias (videos y fotos) para argumentar con base, lo descrito en el informe que elaboró Silvio Ortiz.

El problema es que los hechos toman otro color cuando el que se tomó una cerveza no es Haxel Murillo, sino que se trata de Rosendo Álvarez. El peso de ser figura pública, magnifica todo y en ese sentido quizás Álvarez debería tener un poco más de cuidado. En lo que si tiene razón el exboxeador es que no cometió ningún delito y no hay nada de lo que se le pueda acusar, en realidad no golpeó a nadie, ni siquiera existe una agresión verbal.

Tanto afectó esta “tontera” (a mí me parece una guerra de chismes sin sentido) a Rosendo,  que ayer montó un conferencia de prensa para aclarar un poco lo sucedido, intentando limpiar un poco su imagen por el envenenado informe que se filtró. Ahora, Rosendo debe tratar de olvidarse de lo sucedido y estar tranquilo, no dañó ni afectó a nadie. Lo que sí considero que debe cambiar, es su manera de expresar su opinión a través de redes sociales, tener un poco más de sabiduría y prudencia, manejándose de una forma más correcta.

Esa guerra tonta de dimes y diretes entre Álvarez y Sánchez, debe terminarse por el bien de ambas promotoras y el boxeo en general. Ambos necesitan madurar en ese sentido, son dos adultos que considero tienen la capacidad de ubicarse un poco y dejar ciertos comportamientos que son fuera de lugar.

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