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Amantes del boxeo en Matagalpa, tómense un tiempo esta noche y vayan al gimnasio Guy Rouck Chávez. El campeón de ese pueblo, Byron “el Gallito” Rojas (17-3-3, 8 nocauts), vuelve a su redondel, ese sitio que para él es como su segundo hogar, en el que creció como pugilista y brindó grandes batallas, dando el salto a peleas más importantes que al final le significaron convertirse en campeón mundial.

Ya sin el título mínimo de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) en sus manos, Rojas como el niño pródigo regresa donde todo empezó. Una mezcla de recuerdos y sensaciones probablemente invadan su interior. La misma gente que lo conoció sin fama y que luego lo vio triunfar estará presente hoy, alentando, gritando y animando a su “Gallito”, quien enfrenta a Omar Ortiz (12-4, 6 nocauts), un muchacho escogido para que el excampeón recupere un poco de confianza tras la derrota dolorosa contra el tailandés CP Freshmart, culpable de quitarle el trono.

Ayer en el Instituto Nicaragüense de Deportes (IND) Rojas marcó 104 libras y su rival 106. La pelea se pactó en 105, ilógicamente, sin pensar un poco en el desgaste innecesario que pudo sufrir el matagalpino. ¿Qué sentido tiene que Rojas bajara hasta ese peso cuando no hay nada en juego? No se entiende. Lo ideal y correcto hubiese sido pactar el pleito en 108, con una de tolerancia.

  • 17 victorias  (8 nocauts), 3 derrotas y 3 empates la  foja de Byron Rojas.

Con todo y la locura de poner ese peso, Rojas volvió a dejar plasmado que es uno de los boxeadores más responsables, comprometido y disciplinado que existe en el país. Sorprende que independientemente de no ser una pelea trascendente, el compromiso con el que la asumió. “Estoy muy contento de volver a pelear en mi pueblo, para ellos siempre he sido el campeón y siento su cariño”, comentó el “Gallito” con el pecho erguido y listo para entonar un canto de victoria en su redondel, donde pretende imponer respeto y empezar a construir otro título mundial más.

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