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Miles de aficionados, sin distinción de clases ni edades, cantaban a coro en las tribunas “¡Messiiii, Messiiii! y Lionel retribuyó el romance con un gol, jugadas geniales y un triunfo clave ante Uruguay 1-0 por la clasificatoria al Mundial de Rusia-2018.

Fue en la fría noche del jueves en Mendoza, 1,100 km al oeste de Buenos Aires, al pie de la cordillera de Los Andes. Messi volvió con su magia, sin haberse ido, y selló un pacto de amor eterno. Lo hizo con 42,000 aficionados en el estadio Malvinas Argentinas y millones frente a los televisores.

Dijo que la gente le “llena el corazón”, que solo puede decirle “gracias por el cariño y el trato” y que “siempre” está dispuesto a jugar por la Albiceleste. Y disparó la confesión: “No engañé a nadie cuando dije lo que sentía (renuncia a la selección en junio). No podía no volver. Me siento feliz”.

El primer disparo suyo había sido un zurdazo que se metió como pidiendo permiso en el arco que custodiaba Fernando Muslera. Sirvió para que Argentina saltara a liderar con 14 puntos la clasificatoria.

Uruguay no pudo reaccionar ni aún con un hombre más tras la expulsión de Paulo Dybala. “Debemos hacer autocrítica, porque cuando al rival le expulsan a un jugador, uno debe leer mejor el partido”, reflexionó Luis Suárez. Es otro gigante del futbol contemporáneo que libró de hecho un duelo con su compañero en FC Barcelona de España. El ‘Pistolero’ Suárez estaba muy solo.

Entró al campo dolorido por una pubalgia y lo disimuló bastante bien. Al terminar el juego declaró. “Me duele, pero quería estar después del ‘kilombo’ (lío) que armé (con la renuncia)”, dijo con arrepentimiento. La decisión de los médicos y el cuerpo técnico ayer fue protegerlo de un agravamiento de la dolencia. Se queda al margen del partido frente a Venezuela el martes venidero en Mérida por la octava fecha.

¿Cómo pararlo? 

Messi también lo estaba, rodeado por cuatro uruguayos y tres más acechando en el minuto 42. No había cerca camisetas albicelestes. Amagó para afuera, otra vez para adentro, cambió el perfil y ejecutó. La pelota rozó en el defensor José María Giménez y descolocó a Muslera. Un ‘Messi’ auténtico.

Quedaba atrás la noche de la pesadilla. Fue el 26 de junio cuando tiró afuera un penal clave, el primero de la serie de desempate con Chile. La “Roja” le ganó a Argentina la Copa América Centenario y Messi se desbarrancó. No podía soportar otra desilusión. Se le cayeron encima de golpe todas las finales perdidas. Era la cuarta, después de la Copa América Venezuela-2007 (ante Brasil), el Mundial Brasil-2014 (ante Alemania) y la Copa América Chile-2015 (ante la “Roja”).

“Se terminó para mí”, musitó. Enseguida se gatilló una campaña por la vuelta que mezcló ignorancia de la psicología del jugador con intereses económicos. Solo había que dejarlo en paz. Ya iba a volver.

Otro Messi 

Y volvió, incluso distinto. Diego Maradona, el otro ícono histórico de la Albiceleste, había reprochado su falta de liderazgo. En la noche de Mendoza, el capitán tomó el timón. No era frecuente que encarara a un árbitro para reclamarle una sanción que considerara injusta como la tarjeta roja a Dybala.

La devoción por Messi se mostró también cuando más de un hincha invadió el césped para abrazarlo. La imagen del que se arrodilló ante él para alabarlo es elocuente. “Siempre se las ingenia para hacer algo más, un pase, un gol”, opinó Bauza. Pero el análisis es anécdota. Lo histórico es ese afecto inoxidable, un pacto de amor por los colores de la camiseta.

  • 57 goles ha marcado Messi con la selección argentina, superando por tres a Gabriel Batistuta como máximo artillero de la Albiceleste. 
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