•   Enviado especial desde Los Ángeles  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Es viernes, el reloj marca las 9:15 de la noche, restan pocas horas para que Román González se despida de Big Bear, la ciudad de los osos, con un clima que provoca escalofríos. El muchacho del barrio La Esperanza está sentado en el sofá principal de la sala, en la casa que su equipo decidió alquilar para entrenar durante siete semanas.

Román viste de forma sencilla, porta una gorra, una camiseta blanca suministrada por un patrocinador y un short corto. Al quitarse la gorra, su cabello está despeinado, su rostro no tiene mucho brillo, pero el semblante es de tranquilidad, alegría y amabilidad. Me sorprende encontrarlo despierto a esa hora, pensé que estaría dormido porque es lógico que necesita descansar; el ajetreo del corrin por la mañana y el entrenamiento de la tarde provocan desgaste mental y emocional.

Lo que más me sorprende es verlo comiendo un poco de galletitas con queso. Pensé que estaría sufriendo por el peso, me equivoqué. En la casa, le acompañan su equipo de trabajo encabezado por Arnulfo Obando, Wilmer Hernández, su padre Luis González y su manejador Carlos Blandón. También está el periodista de TN8, Levi Luna, uno de los hombres más cercanos al Team Chocolatito y de los pocos comunicadores que pueden presumir que ha cubierto prácticamente todas las peleas del posiblemente mejor peleador de la historia del país.

Más: "Chocolatito": No tengo presión, solo nervios

Relajado

Román, muy amable, saluda a tres amigos que me acompañan. En un abrir y cerrar de ojos el campeón desaparece, detrás de la cocina se escucha su voz, también el burbujeo del agua, minutos después me doy cuenta que está metido en el jacuzzi, una actividad que le gusta realizar por las noches porque le quita el estrés, relaja sus músculos y le da vitalidad a su rostro.

Pasa un poco más de media hora, creo que no estaría dispuesto a atendernos y se iría a dormir. Sin embargo, “Chocolatito” vuelve a salir, ahora sí, se mira un poco más revitalizado; aunque es imposible que oculte el cansancio, su rostro le delata. Vuelve a sentarse en el sofá y empieza la entrevista.

  • 7 semanas duró el campamento de Román en la ciudad Oso Grande, California.    

“Gracias a Dios ya va a finalizar este campamento, quiero volver a mi casa”, dice entre risas el mejor boxeador del mundo. ¡Wow! Este Román no es el mismo que vi en Costa Rica antes de pelear contra Brian Viloria, robotizado, con su voz baja, sin expresarse demasiado y durmiendo muchas horas, encerrado en su cuarto, levantándose solamente a tomar su acostumbrado café negro nocturno.

Este Román está contento, feliz. Sonríe constantemente, hace chistes, tiene tiempo para tomarse fotos con los visitantes que quizás invadieron un poco su privacidad. Sin embargo, él no se queja, luego de finalizar la entrevista y saludar a la gente de Nicaragua que lo vio en el Facebook Live de El Nuevo Diario, accede a que se lleven un recuerdo de él.

Después se despidió y decidió irse a dormir. Ayer, en su último día en Big Bear, a las 7:50 de la mañana abrió las puertas de la pequeña, pero cómoda casa de dos pisos, elaborada con madera de lujo y en una ambiente de armonía con la naturaleza. Sale el campeón, pero ahora hay dos personas más que le acompañan; se trata de uno de sus amigos más cercanos, Henry Membreño, y su hermano, Milton González.

Ellos llegaron antes de las 7:00 de la mañana. Salieron de Los Ángeles a las 4:00 de la madrugada para estar con el campeón en sus últimas horas en Big Bear este sábado. Tras 10 minutos de calentamiento en los músculos, Román exclama: “Vámonos, Wilmer”. Su preparador físico empieza a trotar, el último corrin del campamento está en marcha. Después de 40 minutos corriendo, dándole vuelta a algunas de las calles de la ciudad con el frío calando los huesos, finalmente regresan a casa.

  • 117.3 libras marcó el tricampeón mundial pinolero tras su último entrenamiento en Big Bear.

Desafortunadamente, el acceso al gimnasio Summit de Abel Sánchez está restringido para los periodistas. No hubo oportunidad de verlo arriba del ring. A las 11:00 empezó a entrenar, tras hora y media de adiestramiento subió a la pesa y marcó 117.3 libras. Su equipo celebra, se cumplió el objetivo, Román finalizó su preparación con el peso estipulado. Ahora el campeón regresó a Los Ángeles, donde solo espera el día del combate con una sonrisa de oreja a oreja, sin presiones, solamente con algo de nerviosismo natural. Está ansioso por su cita con la historia.

También: Román comienza el conteo regresivo

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus