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Desde que escuchas el nombre de Big Bear (Oso Grande), uno puede imaginarse que no es una ciudad común y corriente, como muchas en Estados Unidos. En el sitio que escogió Román “Chocolatito” González para reconcentrarse, manteniendo el enfoque mental y emocional de cara al combate contra Carlos Cuadras, reina  la paz. No hay bullicio, sus habitantes son amables y descansan desde muy temprano.

Para llegar a Big Bear (Condado de San Bernandino en California, que cuenta con aproximadamente 7 mil habitantes) se tienen que recorrer más de 100 millas. Para ser exactos, según el amigo Jorge Reyes, pesista nicaragüense y quién con toda amabilidad decidió llevarnos y acompañarnos (a Irma Palacios y a mí) en la travesía de buscar al tricampeón, en total la distancia que existe entre el centro de Los Ángeles y Oso Grande, son 103 millas. No hay un tiempo exacto para medir cuánto tarda un visitante en transitar tal cantidad de millas, todo está en dependencia del tráfico. A veces puede durar dos, tres horas o más.

Mientras uno va recorriendo la carretera, se puede discernir fácilmente el cambio significativo entre la ciudad de Los Ángeles y el pueblo de Big Bear. La primera diferencia es el clima. Es una ciudad con una altura considerable, nada se le compara, ni lo frío de El Crucero, mucho menos Jinotega, dos lugares muy helados en Nicaragua. El frío es intenso, al sacar la mano por la ventana del vehículo queda una sensación de estar sintiendo un aire revestido de hielo. ¡Ah, pero falta algo de lo que no les he hablado! La cantidad de pies de altura sobre el nivel del mar y el estilo de la carretera. -Los osos son característicos de la ciudad-

Curvas peligrosas

A medida que avanzamos, la carretera se va convirtiendo en un peligro y la nariz, en algunos casos, empieza a sangrar. Con más de 7 mil pies de altura, los pulmones empiezan a resentirse. Y es normal, los visitantes que jamás han estado en estas condiciones necesitan de unos días para adaptarse. La sensación que yo tuve durante la noche y el día que estuve en la ciudad, fue la de una congestión nasal, mi nariz lloraba y debía recurrir a un pañuelo o una servilleta. Parecía que tenía gripe, pero no, es simplemente la altura.

  • 103 millas es la distancia entre el centro de Los Ángeles y la ciudad de Big Bear.

Pero no solo el tema de la altura hace especial a Big Bear, su carretera y el panorama espectacular que uno puede observar deja un recuerdo imperecedero en el disco duro de cualquier memoria. La pista está llena de curvas constantes, algunas muy alargadas, otras más cerradas, pero para graficarles un poco más y su imaginación vuele, hagan de cuenta y que se parecen a las pistas en que competían los corredores en la película Rápido y Furioso, Reto Tokio.

Más: Alexis inmortal; su legado, “Chocolatito”

En esta época, Big Bear está en el final del verano, pero me cuenta don Jorge, que en diciembre cuando empieza el invierno, las inmensas montañas que adornan Big Bear cambian de color. La nieve cubre toda la ciudad, los árboles gigantes de pino se visten de blanco, y manejar se convierte en un suplicio. El hielo moja el asfalto, de manera que los conductores deben de sacar a relucir sus talentos de Fórmula 1.

¿Por qué Oso Grande?

Hay algo que no puedo obviar contarles, lo más importante de la ciudad y el porqué de su nombre. Aquí, los Osos son los reyes de las montañas. Estos animales viven en los bosques y son felices con un clima que puede bajar hasta los 0 grados Celsius, incluso más en la madrugada. Cuentan lugareños que esta ciudad era poblada por los indígenas Indio Serrano, quienes veían a los Osos pardos como antepasados y por esa razón no consumían la carne de estos ejemplares.

Por la noche en Big Bear, el clima se mantiene en 7 u 8 grados y durante el día, la temperatura sube hasta los 23. Así que pueden imaginarse lo sabroso que sienten los Osos y las medidas que deben de tomar sus habitantes para mermar el frío.

  • 7 mil pies es aproximadamente la altura de Oso Grande, esa misma cantidad es su población.

¿Qué les puedo decir de las casas? Bueno, el estilo es muy campestre. Las infraestructuras son hechas de madera, los interiores son muy elegantes y por lo general hay una chimenea en los hogares. Al parecer esto es característico de los pobladores de Big Bear. No crean que porque es un pueblo no existe modernidad, claro que hay McDonalds, Denny’s, sitios de comida mexicana como Taco Bell y lugares de entretenimiento como cantinas para degustar de un buen ron.

Los moteles abundan, pero no son usados necesariamente para vivir una noche de pasión, la mayoría de personas que los ocupan son turistas de otros países o visitantes de Estados Unidos, que simplemente tuvieron que quedarse una noche. La razón por la que comúnmente están llenos, es el precio menos elevado respecto a otros hostales u hoteles.

No podía despedirme de Big Bear, sin conocer su precioso lago, en el que se pueden realizar distintas actividades como la pesca recreativa, andar en Kayak y el esquí acuático. Tampoco podía dejar la oportunidad de tomarme una foto con los Osos de maderas que se muestran imponentes en las afueras de algunas casas. Ahora entiendo por qué Román se la pasó tan feliz en ese lugar, sin duda, era la ciudad indicada para un campamento. Aunque es lindo, se necesita venir cargado de dólares, porque comprar es un lujo. ¡Adiós Oso Grande, algún día nos volveremos a ver!

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