Luis Núñez Salmerón
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La semana pasada se anunció la creación de una nueva liga de basquet, Liga Nicaragüense de Baloncesto (LNB). Una buena iniciativa sin duda alguna. Representativa de la mayor parte de los sectores de este deporte. No voy a detallar lo que anunciaron, pues ya se han dado a conocer y divulgar profusamente, solo quiero hacer algunos aportes a partir de lo que viví practicándolo.

El baloncesto nacional estuvo regido por una sola directiva, que organizaba una sola liga, con diferentes torneos al año hasta 1991, cuando el equipo Astros nos separamos de la Federación Nicaragüense de Baloncesto (Fenibal). Ese año, nos incorporamos a la que en ese entonces se llamaba la Liga Recreativa Enrique Schmidt Cuadra, y no estoy seguro si se jugaba en el mercado Iván Montenegro. Lo cierto es que llegamos a jugar al Parque Luis Alfonso Velásquez Flores. 

Durante el primer torneo fuimos el único equipo de Primera División, y además los campeones nacionales. Pero luego se incorporaron otros equipos hasta conformar una de las ligas  más competitivas que ha habido. El último equipo en llegar fue el Colegio Bautista, un gran conjunto. 

Esto fue el resultado de las profundas divisiones en el baloncesto nacional, dirigido por Francisco Zambrano, lo cual provocó que en los noventa no saliera ninguna selección nacional competitiva y mucho menos cercana a eso. Pero lo más interesante no es eso, si no cuando se fue Zambrano.

Se formó la Liga Superior de Baloncesto, con el baloncesto unificado. Un efímero intento, ya que después de eso apareció una Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB), y nuevamente las pugnas, la Federación nuevamente quedó dividida. La ACB dejó de lado a la Fenibal y formó su propia liga. Pero la ACB también se dividió y reactivaron la Federación. Y a su vez, con el tiempo se dividió en otras federaciones y sub federaciones, clonando nuestra incompetencia una y otra vez.

En el fondo, el problema no es la aparición de estas setas deportivas, sino la actitud con que vemos el deporte. Recientemente el Nueva York Times en su artículo “Si la olimpiada enseña algo sobre el crecimiento, es que no hay atajos”, explicaba cómo los países han invertido para ganar medallas. Y no es un asunto solo de dinero, sino de prioridades.

“Dirigir el dinero con más precisión parece tener más sentido. Los programas de desarrollo de atletas son esenciales, para identificar a potenciales ganadores y ofrecerles asesoría, equipo y viáticos”, indica el artículo.

Nuestro atajo ha sido siempre pensar en pequeñas medidas remediales para resolver grandes problemas. No hemos identificado realmente hacia dónde dirigir los recursos, y más importante todavía no hemos identificado cómo obtenerlo. Y al final, cuando se consiguen algunos, es cuando realmente comienza el problema. Nunca vamos a salir adelante mientras no logremos fortalecer la institución deportiva. Las organizaciones exitosas a nivel mundial, con corrupción o sin ella, funcionan porque mantienen el consenso. 

Esta iniciativa de una nueva liga es buena, pero mientras las otras ligas, no solo la ACB, tengan recursos para seguir funcionando, van a seguir ofreciendo ingresos para los atletas, el esfuerzo se va a diluir. La NBA surgió de la absorción de todas las ligas profesionales. Inclusos algunas extraordinariamente competitivas. Los Spurs de San Antonio, y luminarias personales como el DR. J. salieron de esas ligas.

Para que el baloncesto nacional salga adelante, hay que centrarse en crear una sola liga poderosa, mercadeable, sostenible y sobre todo disciplinada, tanto atletas como directivos. Aquí las ligas se hacen cuando hay dinero para hacerlas, y así no podemos aspirar a mucho. Se está pensando en hacer la selección nacional, cuando no se ha podido estructurar una buena liga interna.

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