•   Enviado especial desde Los Ángeles  |
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  • EFE

Cada vez que Román “Chocolatito” González sube al cuadrilátero, paralizando a los nicaragüenses, provocando que toda nuestra atención se centre en cada uno de sus golpes y desplazamientos, uno se pregunta: ¿qué Román veremos esta vez? No esperen a un tipo más técnico o siendo un intocable defensivamente, no. Con ese estilo elegante, imperial, casi perfecto, el muchacho siempre nos obliga a pronosticar cómo y en qué round podría terminar la historia de un combate, por la confianza y seguridad que genera.

Román afronta hoy la pelea más importante de su vida contra Carlos Cuadras, con un antecedente inmediato generador de dudas, obligándonos a rascarnos la cabeza y quemar neuronas al querer encontrar una respuesta de lo que podríamos ver esta noche en su cita con la historia. Aquí en Los Ángeles, el periodismo hizo mucho énfasis en la última presentación del nica ante el boricua McWilliams Arroyo y las dificultades que atravesó en ciertos lapsos del combate, fallando demasiados golpes y necesitando más oxígeno, lo que provocó una pérdida de poder en su golpeo.

  • 1 round perdió el “Chocolatito” contra McWilliams Arroyo.

Román, un muchacho que se caracteriza por su honestidad, confesó que luego de derrotar al boricua entró al camerino y se echó a llorar. ¿Cómo puede frustrarse si solamente perdió  un asalto en las tres tarjetas? Como decía Bernardo Osuna de ESPN, “González ha puesto tan alto el listón que siempre está obligado a lucir dominante, arrollando y disminuyendo a sus rivales”. 

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En el análisis, Cuadras no representa el peligro o la exigencia que pueden provocar peleadores como Akira Yaegashi o Brian Viloria. Defensivamente el mexicano es más frágil, con menos poder en sus puños pero es rápido de manos; esa incesante manera de moverse en el ring, sin ser un blanco fijo lo vuelve un peleador con su respectiva dosis de dificultad. Aunque Román ha resuelto a rivales con ese estilo, sería tonto ocultar que no se siente cómodo cuando los enfrenta, le toma más tiempo descifrarlos, pero ese talento natural, don divino de Dios, destroza las estrategias.

Los cambios

Después de esa “no tan convincente” actuación ante Arroyo, Román optó por irse a Big Bear, California. Con 7 semanas, corriendo en las montañas con el frío calando sus huesos y a más de 7,000 pies de altura, uno creería que “Chocolatito” tendrá el oxígeno suficiente para mantenerse como un gato cazador, persiguiendo al ratoncito Cuadras, tapándole las salidas y ejecutando sus combinaciones desde todos los ángulos posibles.

Para un peleador como Román, el oxígeno es clave en el desarrollo y armonía de su ataque. El nica no es de esos peleadores de pegada descomunal, de los que aniquilan rivales de un solo golpe. Por ello, requiere llegar al duelo de hoy con los pulmones inflamados de aire; obviamente habrán momentos en que necesitará dosificarse si el combate se extiende después del sexto asalto, en una segunda parte en la que su esquina podría indicarle cambios y variantes en la estrategia, todo estará en dependencia de cómo va el enfrentamiento.

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Será clave el cuido que ayer le haya dado su entrenador Arnulfo Obando luego del pesaje. No se pueden permitir una distracción como sucedió contra Arroyo, cuando Román comió de más, subiendo al tinglado en 128 libras. Las consecuencias no fueron funestas porque González es tan grande como boxeador que evita las noches oscuras sobre el ring; sin embargo, aquel día contra el boricua su sobrepeso era imposible de esconder. Su ímpetu no cambió, peleó de la misma forma, pero sin la velocidad y fortaleza requeridas en su golpeo, además que McWilliams logró conectarlo en el rostro con contundencia, dejando evidencias claras al finalizar el combate.

Un pequeño chispazo del Román que peleó contra Yaegashi o Viloria borrará del ring al azteca. La primera clave es subir al ring sin exceso de libras, máximo en 124, que le permita mantener la velocidad y la segunda es ver si sus pulmones se llenaron del oxígeno requerido parar sostener un ritmo de persecución consistente con la fortaleza requerida en el golpeo, que merme las fuerzas de su rival y provoque que se faje en el centro del ring.

  • 128 libras fue el peso en que subió al ring Román González en su último combate.

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