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Al amanecer del domingo, a la hora del cantar de los gallos, Carlos Cuadras seguramente atormentado, fue visto corriendo por las calles de Los Ángeles disparando golpes como si intentara cubrirse de las embestidas del frío viento y los disparos de “Chocolatito”. No pudo dormir y decidió madrugar. Entre lo borroso, la imagen de Román González volvía a cobrar vida.El rostro de Román González lucía hinchado tras el combate.

Ahí estaba el pinolero con su mirada filosa, su gesto de bravura inconfundible, y entre los riesgos asumidos manejando una agresividad casi sin pausas, su clase, que da la impresión de haber sido tan bien cultivada. El mejor púgil del planeta libra por libra. Algo así como un certificado de maestría obtenido en Harvard. Esa imagen podría permanecer por siempre frente a Cuadras, quien prefirió demostrar que era un peleador difícil de derrotar, lo que ciertamente es, no un gran campeón, capaz de masticar carbones encendidos por defender un cinturón.

DEL DECIR AL PODER HACER

El miedo a perder perturba profundamente a un peleador. Todo lo que Cuadras pasó escuchando sobre Román y comprobando en los videos, lo hizo perder el título antes de subir al ring. Estuvo diciendo ser el más alto, el de brazos más largos, el más fuerte, el más rápido, sería el hombre que lograría “derretir” al “Chocolatito”, y disponiendo de ese armamento, esperamos de él una pelea brava, con escapes naturalmente, pero con tendencia a los cambios de golpes, a prevalecer en las contraofensivas, a mostrar el atrevimiento de un campeón en crecimiento buscando el reconocimiento de todos. ¿Y qué vimos? “Chocolatito” funcionó estupendamente como retador, en tanto Cuadras se refugió en un repliegue constante, vistoso pero solo útil para sobrevivir. El campeón careció de la audacia que anunció y fue vencido.

Vi ganar a Román 117-113. Sigo apegado al viejo estilo por considerarlo más preciso, y es ese que concede rounds empatados. ¿Por qué si no hubo un dominio captable, tengo que darle un round a cualquiera de ellos distorsionando la puntuación? Lo mejor y más justo es un 10-10.

Desde mi punto de vista, dos rounds fueron empatados, tres ganó Cuadras y siete Román. Obviamente el 117-111 en una de las tarjetas, con ventaja en rounds 9-3 a favor del nica, llamó la atención, pero el 116-112 (8-4 en rounds ganados) me parece más realista que el 115-113.

NO ES FINAL DE FOTOGRAFÍA

De cualquier manera, lo que es indiscutible es la victoria de “Chocolatito”. Dijo Cuadras que lo despojaron, y explicaba que el rostro de Román estaba más dañado, lo cual es cierto, pero eso nunca ha significado un certificado de victoria. Nunca olvidaré el rostro del “Finito” después de su segunda pelea con Rosendo. Parecía haber sido rescatado de un bombardeo y guardo esa foto tantas veces publicada, pero fue el ganador de un verdadero peleón, muy superior al visto el sábado en Los Ángeles. También recuerdo cómo “Zorrita” González salió victorioso hacia el hospital para una urgente revisión después de imponerse al “Ratón” Mojica. ¿Y qué decir del deteriorado rostro de Leonard en aquel empate con Tommy Hearns, luego de caer dos veces? Si fuera tan sencillo como dice Cuadras, solo sería necesario una revisión de rostros para determinar al ganador de un combate.

¿Qué le faltó a Cuadras? Mayor determinación frente a un rival armado hasta los dientes. El alma de Román fue más pesada que la del azteca, y eso, agregado a su clase y bravura, establecieron la diferencia. Como apuntaba ayer, las ráfagas de Cuadras, nunca más extensas de 10 seguidas, lo que tarda Bolt en correr los 100 metros trotando, intentaban solo impresionar. Tan es así, que no se quedaba a cambiar metralla. Excesivamente cauteloso recurriendo a los escapes, siempre con Román yendo encima, atormentándolo, con una insistencia agobiante. Excelente la calma del pinolero, en esta ocasión, nada sanguinaria. No se desesperó por apretar a Cuadras contra las sogas. No lo necesitó, disponiendo de facilidades para sumar puntos con sus golpes largos y prevalecer en los breves cambios.

NADA QUE DISCUTIR

Ah, tenía que exponerse naturalmente el pinolero, y lo hizo. Absorbió buenos golpes y se vio titubeante en dos ocasiones, pero regresó de inmediato gritando: ¡Aquí estoy!, obligando a Cuadras a replegarse. El uso de la velocidad de piernas y propuestas de golpes largos, la mayoría previsibles, funcionó como capa de protección para el azteca.  Mejor Román en el bloqueo, además de pasar golpes sin exagerar movimientos, y aunque fallando swings, presente siempre como seria amenaza en un alarde de persistencia, manteniendo atrás a Cuadras. Nada que discutir sobre su laboriosa victoria. Si Arnulfo tuvo que ver, puede levantar su mano con confianza. Los merecimientos no se pueden robar.

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