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Tras coronarse campeón de las 115 libras del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) arrebatándole el cetro al aguerrido mexicano Carlos Cuadras, Román “Chocolatito” González completó una obra que el inolvidable Alexis Argüello, aunque lo intentó dos veces, no pudo consumar: coronarse campeón mundial en cuatro categorías distintas. Luego de sobrevivir con las manos alzadas a la pelea más exigente de su brillante carrera, el pequeño e invicto gladiador pinolero parece gritarle a su mentor, desde el pináculo del boxeo universal: “Alexis, misión cumplida, la cuarta corona es nuestra”. Tras el grito de orgullo lanzado por el muchacho del barrio La Esperanza, el eco de su voz humilde llega hasta ese lugar de la eternidad en donde está “El Flaco Explosivo”. Este sonríe, aplaude y pronuncia: “Ese es mi muchacho”.

Argüello, ¿lo viste? ¿contemplaste su exhibición de bravura? ¡Qué bien lució tu muchacho!

Desde el primer asalto salió a la caza de su rival, cerrándole los espacios, lanzando sus impresionantes y efectivas combinaciones de golpes, advirtiendo a Cuadras del poder de sus puños y de su determinación de espartano. Fue un verdadero retador,  no titubeó, sabía que el reto era enorme y se agigantó, brindando una exhibición épica en el mítico Forum de Inglewood, el mismo lugar en el que te coronaste campeón por primera vez noqueando de forma espectacular al también mexicano Rubén Olivares, aquel histórico 23 de noviembre de 1974, cuando paralizaste a Nicaragua, como también lo hizo ayer tu pupilo. Alexis, ¿lo viste? Fue impresionante. En el mismo escenario en el que convertiste en el primer nicaragüense campeón mundial de boxeo, tu muchacho se transformó en el primero de la tierra de Rubén Darío en ser tetracampeón mundial.

Cuenta saldada. ¿Recordás Alexis aquellas cruentas peleas contra ese búfalo indomable, enfurecido e incansable de nombre Aaron Pryor? ¡Cómo olvidar tan épicos choques dentro del ring! Fueron en 1982 y en 1983 que lo enfrentaste, intentando convertirte en tetracampeón, pero te fue imposible. Ambas veces ese personaje escapado de alguna serie de fuerza bruta te estremeció y derrotó, derribando junto con tu espigado cuerpo las ilusiones de toda Nicaragua.

Desde entonces, en este país de constante caos social, se había soñado con la cuarta corona. Tal ilusión, que se extendió por 33 años desde la última vez que te vimos darlo todo intentándola, se volvió realidad. Esa cuenta que permanecía pendiente, tu pupilo, el chavalo que captaste y dijiste se convertiría en campeón mundial, la saldó ayer, venciendo con amplia superioridad y con una cuota de sufrimiento, al azteca Carlos Cuadras. Así que podés estar tranquilo, Nicaragua ya tiene un tetracampeón mundial. Vos nos dejaste el sueño, Román, tu hijo en el boxeo, lo hizo realidad.

Son históricos. Alexis, con la cuarta corona conseguida ayer por tu discípulo y las tres que vos conseguiste fajándote con los mejores de tu época, entre los dos suman un total de siete cetros mundiales, todo un alarde de dominio, bravura y efectividad. La grandeza de Román ha sido imposible no compararla con la tuya, pero más allá de quién es el mejor entre los dos, prefiero disfrutar que Nicaragua, nación necesitada de héroes que le hagan olvidar de las tantas angustias que atraviesa,  la tierra que vio nacer a dos de los boxeadores más grandes de todos los tiempos. Ambos son históricos, las dos leyendas, cada uno forjó con determinación su inmortalidad. Cuando se hable del boxeo en Nicaragua, habrá que resumirlo diciendo de Alexis Argüello a Román González, del incomparable “Flaco Explosivo” al invencible “Chocolatito”. De tu grandeza, Alexis, a la leyenda de tu muchacho.

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