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La vibrante pelea ofrecida a Román “Chocolatito” González le ha permitido salir de las sombras al azteca Carlos Cuadras y proyectarse hacia el futuro con un brillo que no se le había visto. ¿Qué era Cuadras antes de verse involucrado en esa batalla sin cuartel con el formidable púgil pinolero? Un campeón mundial invicto instalado en el presente, con pasado poco conocido y un futuro incierto. Es decir, después de 35 peleas sin perder, todavía no provocaba la repercusión que ahora ha conseguido.

Incluso, aquí no se tenía una idea clara sobre lo que podía proponer, excepto su promocionada rapidez de piernas y manos. Fue necesario entrar apresuradamente a Youtube para poder ver algunas de sus peleas y analizarlo un poco, aunque con cierta confusión, porque cada combate era diferente. Entre rascadas de cabezas se le veía peligroso o con muy poco chance. La única certeza era su mayor envergadura física, superior estatura y más largo alcance. Cuando sonara la campana, abriendo espacio al suspenso, comenzaríamos a conocerlo verdaderamente frente a las exigencias de Román.

ASÍ SE GANA EL RESPETO

¿Y qué descubrimos? Que su velocidad de piernas y manos era cierta, aunque necesitada de mayor atrevimiento para forzar, de su parte, una pelea brava en la búsqueda de la victoria que le permitiera seguir siendo campeón. Sin embargo, pese a ese recorte en sus pretensiones de prevalecer, Cuadras supo sacarle provecho a la oportunidad de mostrarse como un peleador de habilidades, merecedor de reconocimiento, obteniendo el respeto que se le había negado, y alcanzando la dimensión deseada.

En la primera derrota de su carrera, Cuadras ganó más en imagen que en sus 35 victorias anteriores. Eso sí, entregó el cinturón de las 115 libras, un precio que se puede considerar muy alto. Por la forma en que Cuadras peleó después de sentirse bloqueado en los primeros asaltos, “Chocolate” estuvo haciendo ajustes, desplegando sus ofensivas con una variedad de golpes e intensidad resplandecientes. De esa forma sumó puntos utilizando todas sus reservas físicas para poder derrochar energía.

¡HEY, ESTE SOY YO!

En México y en Los Ángeles, Cuadras fue considerado previamente un no favorito, pero logró ser tan incidente como un fugitivo astuto, capaz de golpear y dañar, que complicó el panorama llegando a hacer temer por una decisión que podía resultar tan inclinada como la torre de Pisa.

Eso no ocurrió por la fiera insistencia de Román, expuesto siempre a cambio de mantenerse encima. Cuadras se movía hacia atrás cambiando ángulos y distancias, atento a contragolpear, y Román lo hacía hacia delante con sus escopetas “escupiendo” fuego, no aniquilante, pero si intimidante. Así que la pelea echaba lumbre, electrizaba y emocionaba. Limitado en sus progresiones ofensivas, disparando siempre retrocediendo, Cuadras intentaba impresionar con ráfagas sin efectividad, como lo admitió ayer en Doble Play el veterano adiestrador de sólida reputación Ignacio Beristáin, quien agregó que Román recibió castigo para garantizar el sostenimiento de la presión agobiante que mencionamos. Lo importante para Cuadras era mostrarse como un peleador capaz de fabricarle complicaciones serias al mejor del mundo libra por libra. Gritar: ¡Hey amigos, este soy yo, conózcanme! Y lo logró, sin salir desnudo del baño como Arquímedes.

SE ENGRANDECIÓ

Un derrotado plenamente satisfecho. Eso es Cuadras en estos momentos, moviéndose en una esfera desconocida, la del reconocimiento, recibiendo elogios, gracias a esta demostración ofrecida frente a “Chocolate”. Es el mismo reconocimiento que nunca consiguió Escalera, hasta que fue derrotado dos veces por Alexis. Solo entonces se descubrió que era un temerario entre las cuerdas, próximo a un suicida, capaz de seguir en pie de lucha sin un ojo y sin un brazo.

Cuadras sin corona tiene en estos momentos más significado boxístico. La forma como exigió a “Chocolate” elevó su valoración. Hay actuaciones que engrandecen a un perdedor independiente del resultado.

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