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La sabiduría boxística de Ignacio Beristáin, no admite discusión. Podríamos decir sin temor a exagerar, que es “un máster” en las categorías pequeñas, esas que son vistas con lupa. Beristáin vivió la época de “El Alacrán” Torres, lo vio en aquella pelea sangrienta, estrujante y dramática con Chartchai Chonoi imposible de olvidar, y manejó las riendas de dos inmensos “mini”, Humberto “Chiquita” González y Ricardo “Finito” López, a quien recibió de Arturo “Cuyo” Hernández. Así que, cuando el adiestrador de Juan Manuel Márquez, desde que este tenía 12 o 13 años, habla de boxeo, hay que escucharlo atentamente, como se hacía con Wiston Churchill en lo militar y lo político.

Volvería a ganar

Aprovechando la presencia de Beristáin en Doble Play, y después de escuchar sus elogios a Rosendo Álvarez, el gran rival de “Finito”, le pregunté: ¿Qué sería lo diferente en una revancha entre “Chocolatito” y Carlos Cuadras? Casi de inmediato, respondió: “ganaría nuevamente “Chocolatito” con más autoridad al disponer de mejores conocimientos sobre el rival y hacer valer su insistente ofensiva, que le permite sumar puntos”. Bromeando, le pregunté a Beristáin si escuchaba Doble Play, porque sus argumentaciones coincidían con las que expuse hace unos días. “Es cuestión de observación”, agregó.

Cuando Román dijo que no tenía inconveniente en volver a pelear con Cuadras, no era una jactancia, porque él no es así, sino un convencimiento de poder someterlo con mayor dominio, más amplitud en las tarjetas. La agresividad del pinolero es de una frecuencia sencillamente enloquecedora. Mucho más frenética que la de Pascual Pérez desbordado, que la del “Alacrán” que era una máquina, y por supuesto, que las de “Chiquita” y Carvajal. Esa es su mejor defensa. ¿Cómo entrarle? Lo pueden golpear, pero a cambio de recibir mientras el adversario ensaya una fuga a veces desesperada.

Esa concentración

Según Beristáin, y esto es muy importante, Román está tan concentrado en sus ofensivas, que da la impresión de no pensar en que tipo de respuestas proponer. Es cierto, porque tiene una confianza bárbara en su resistencia y en la intensidad que aplica. Lo vimos bloqueando con sus brazos y pasando lo que podía, sin dejar de pisar el acelerador apretando tuercas. Su preocupación fue siempre, no darle tregua al rival, colocarle enfrente un torbellino, mantenerlo atrás.

Apuntó el veterano comentarista y exjuez, Harold Lederman, que muchos se dejaron confundir por el daño en el rostro, no los jurados. El triunfo del pinolero fue legítimo. La única duda era ser víctima de un atropello jurídico, tantas veces visto, pero eso no ocurrió. La demostración de agresividad de “Chocolate” fue impresionante. Solo se detuvo en ciertos momentos, sabiendo que Cuadras no se atrevería, para reabastecerse y continuar. “El muchacho es un fenómeno”, dijo Beristáin en Doble Play.

¡Qué bueno sería!

Cuadras informa que en una revancha va a fajarse. ¡Qué bueno sería! pero no lo creo. No después de verlo fracasar en cada uno de los primeros asaltos intentando tomar las riendas, viéndose obligado a retroceder, refugiándose en la larga distancia. Beristáin apuntó que todas las breves y aceleradas ofensivas de Cuadras, no tuvieron utilidad porque no llegaron a provocar daño ni le permitieron quedarse adentro.

Todos sabemos que adentro, Román es más preciso y contundente. Sabe manejar sus golpes con poder. El riesgo de Cuadras, hasta de perder por nocaut, crecería, y su posibilidad de ganar rounds, sería recortada. No veo de donde va a conseguir el atrevimiento requerido. Cuando se achicaron los espacios, Román se sintió cómodo entre la violencia, Cuadras, prudentemente, decidió escapar a las brasas. Si el mexicano cambia la distancia, mejor para “Chocolatito”.

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