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Levanten sus manos, expertos incluidos, quiénes cuando los Yanquis se desarmaron en julio soltando a Carlos Beltrán, Ivan Nova, Aroldis Chapman y Andrew Miller, consideraron que a esta altura, entrando a la recta final, tendrían oportunidad de volver a meterse a los play offs, aún para solo disputar un juego, como lo hicieron el año pasado cayendo por 3-0 ante los Astros, al superar Dallas Keuchel a Masahiro Tanaka. ¿Qué pasa? No veo a nadie. Sin embargo, desde la oscuridad que casi siempre cubre a un cuarto lugar de zona un 15 de septiembre, los Yanquis se encuentran a cuatro juegos de los Medias Rojas de Boston, líderes del Este, y dos de Baltimore en la pelea por ser uno de los comodines. La reciente e inesperada racha de siete triunfos fortaleció sus esperanzas de sorprender. 

Una ecuación muy difícil 

Ser uno de los comodines está realmente complicado, porque además de Baltimore, Toronto, Detroit y Seattle se encuentran con ventaja sobre ellos, pero por muy poco. Cinco equipos metidos en un Volkswagen, sin perder de vista a Houston, que pretende meter sus narices a tres y medio de distancia, y Kansas a cinco, sin tirar la toalla. Más allá que sean frustrados en el intento de casi proeza para ellos, uno se pregunta: ¿cómo han hecho estos Yanquis para estar con vida en pie de lucha? Como todas las series pendientes, la iniciada anoche de cuatro juegos con Boston, tiene que ser calificada como crucial.

El zurdo Miller presentaba balance de 6-1 con 9 rescates y 1.39 en efectividad, antes de ser enviado a Cleveland; el derecho Chapman, quien entró en acción con un mes de atraso, había concretado 20 salvamentos con registro de 3-0 en victorias y derrotas, mostrando 2.01 en carreras limpias, pasó a los Cachorros; el abridor dominicano Nova era un ganador de 7 juegos por 6 reveses, al ser trasladado a los Piratas; en tanto, Carlos Beltrán, ahora con Texas, aparecía en pantalla como el gran artillero con 21 dobles, 22 jonrones, 64 empujadas y .304 puntos.

Saliendo de las cenizas 

Era un buen momento en Nueva York para que los aficionados que compran boletos por toda la temporada exigieran un reembolso a la administración y se dedicaran a ver a los Simpson o la nueva temporada de House of Cards. ¿Qué se podía esperar de un equipo debilitado, batallando por mantenerse cerca de los 500 puntos, con igual número de victorias y reveses? Lo probable era un hundimiento. Pero eso no ocurrió. De diferentes maneras, el barco tambaleante logró endereza-mientos y después de 145 juegos, los Yanquis respiran sin necesidad de cargar con un tanque de oxígeno en su espalda.

El único bateador de .300 en la alineación de los otrora “Bombarderos” es el formidable prospecto de la receptoría, el dominicano Gary Sánchez, con 9 dobles y 14 jonrones en 37 juegos, disparando 45 hits para .321 puntos. Lamentablemente no tiene tiempo para extenderse lo necesario y pelear el Novato del Año en la Liga Americana. Starling Castro es el único bateador de 20 jonrones, con uno más; ningún yanqui llega a 70 empujadas; Castro, con 148 imparables, es el más próximo a los 200; ofensivamente Didi Gregorius es el mango del bate de Derek Jeter, y Alex Rodríguez salió de escena sin dejar una fotocopia de sus buenos tiempos.

¿Con ese pitcheo?

El as del pitcheo es Tanaka con 13-4, quien puede ser líder en efectividad. Luis Severino no consiguió la proyección que se le calculó el año pasado; Nathan Eoavaldi con 9-8 se distanció del pitcher que registró 14-3 como líder en average el año pasado; mientras Michael Pineda (6-11) y C. C. Sabathia (8-12) han sido apoyos ocasionales, con Adam Warren sacando las uñas, como hace unos días atornillando a los Dodgers. No hay forma de ser creyentes de los Yanquis en busca de regresar a la postemporada, pero ¿cómo han hecho para estar en la pelea a esta altura, cuando al sol se le están agotando las baterías? Eso no tiene explicación.

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