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¡Qué coincidencia o fue la suerte que siempre ha sido mi gran aliada! En 1970, cuando ingresé a la crónica deportiva, Alexis Argüello estaba comenzando a proyectarse como peleador entre grandes expectativas y encendidas polémicas, y en 1972, encontrándome ya en pleno crecimiento, conocí a un brillante prospecto de nuestro beisbol, Denis Martínez, impresionando desde la colina de los Tiburones de Granada. ¿Cómo iba a sospechar que llegarían a ser íconos de nuestro deporte? Con ambos, supe construir una amistad de verdad. Compartí momentos inolvidables con cada uno de ellos, y aunque en los primeros años mi relación con Alexis fue más fuerte, en el final de sus carreras, por circunstancias imprevistas, estuve más cerca de Denis.El mejor cronista de Nicaragua junto a la leyenda del boxeo.

“Me gustaba pelear, pero nunca fui un muchacho pleitisto. Mi padre siempre estaba encima, advirtiéndome con una mirada hiriente. Era mejor no incomodar al viejo, porque con él no tenía chance”, me relataba carcajeándose estruendosamente como siempre lo hizo,  Alexis Argüello en el hotel Anauco Hilton de Caracas, Venezuela, en 1975, dos noches antes de enfrentar a Leonel Hernández. Eran los tiempos en que Alexis, “El Curro” Dossman y el cronista acostumbran reunirse y cambiar impresiones mientras se acercaba una pelea. El tema era la infancia de Argüello, cómo incursionó al boxeo, qué tan borrascoso era.

EL ALUMNO DE “PAMBELÉ”

Por largo tiempo seguí paso a paso, la fulgurante trayectoria de este quijotesco flaco que siempre fue cordial en el mundo y fiero en el ring. Estuve a la orilla de él la mayor parte del tiempo hasta 1979, y después, a distancia, vi cómo los años, el paso del tiempo, el cambio de ambiente, la llegada de la fama y la fortuna no lograron alterar su humildad congénita. Era, y siguió siendo, un muchacho sencillo, un “cazador de sueños” que disparaba con formidable habilidad, la flecha de su directo de izquierda y buscaba con voracidad llamativa, cómo aprender. Uno de los alumnos más prometedores del adiestrador nacional Kid Pambelé. El éxito que alcanzó contra viento y marea, derribando obstáculos, fue consecuencia de su esfuerzo callado, su dedicación constante, y su cauteloso y firme caminar sendero arriba desde que se calzó por primera vez los guantes.

Tijerino entrevistando a Denis Martínez.Siempre recuerdo cuando fui a Caracas con la misión de devolverle sus propiedades. Pensé que pese a una larga amistad sostenida, con los giros de la política empujándonos a diferentes aceras, sintiéndose golpeado injustamente por una confiscación, podría reaccionar con dureza, y yo ni siquiera estaba rankeado para enfrentarlo. Pero cuando me vió, como que se iluminó la vieja llama de una relación que siempre fue franca y abierta, y nos encontramos en un abrazo, un saludo, y una actitud de “aquí no ha pasado nada”. La grandeza del momento era obra suya.

EL IMPACTO DE SU MUERTE

Aquel 1 de julio del 2009, no tuve tiempo de ver la cara del amanecer, y consecuentemente, no me percaté de lo siniestro de sus señales con el cielo temblando. Como siempre lo hago, a las 5 de la mañana fui directamente hacia mi computadora para terminar de preparar Doble Play, ese programa radial que ha sido para mí, tan esencial, como la presencia de ese gran soporte que es mi esposa Auxiliadora.

En la prisa rutinaria, todo me parecía normal al salir de mi casa rumbo a La Primerísima, la emisora que ha sido mi segunda casa por 15 años. Activé el radio de mi vehículo, solo para sentir el brutal golpe de lo imprevisto, que en forma de puñetazo golpeó mi cabeza, haciéndola girar tan dramáticamente como en “El Exorcista”. En esa madrugada, mucho antes del cantar de los gallos, cuando la oscuridad se vuelve más espesa, con el sol sigilosamente oculto, Alexis Argüello se había quitado la vida.

CON DENIS INALTERABLE

La relación con Denis nunca ha estado fragmentada y se extiende a la familia, Luz Marina y Chilo, los hijos de ellos y los nuestros. Diferentes circunstancias, la han hecho más cercana y duradera. Cuando publiqué el libro “Bravo Denis”, conversé con él consiguiendo que elaborara esta introducción titulada, Cronista y Amigo.

¡Qué agradable es tener este libro entre mis manos! Se trata de un relato escrito con mucho sentimiento, mostrando la pasión del cronista, la simpatía del amigo y el reconocimiento a las ejecutorias del atleta, en el cual, Edgar Tijerino, grafica mi lucha por ser alguien, utilizando el béisbol como vehículo. Una decisión trascendental que cambió mi vida, colocando a un  lado la pretensión de ser Ingeniero, algo que mis padres soñaron.

Recuerdo la primera vez que lo vi acercarse para entrevistarme. Sentí una gran satisfacción respondiendo las preguntas sobre mi trabajo de esa noche, sabiendo que al día siguiente, aparecería publicado en el periódico. ¡Oye –dije-, eso te concede importancia! Yo era apenas un chavalo de 17 años rumbo a los 18, y él, todavía un joven de 28, con una corta experiencia, también ansioso por seguir creciendo como cronista.

AQUELLA CARICATURA

Esas primeras notas de Edgar Tijerino, me estimularon, y al mismo tiempo, me comprometieron.

“No sé cuál será el futuro de este muchacho, pero parece tener lo necesario para establecerse en nuestro béisbol. Esa es la gran expectativa que nos rodea cada vez que lo vemos lanzar”, escribió en una de ellas. Les aseguro que fue como recibir un abrazo.

  • Por largo tiempo seguí paso a paso, la fulgurante trayectoria de este quijotesco flaco. Estuve a la orilla de él la mayor parte del tiempo hasta 1979.

Imposible olvidar aquella valoración que realizó de los prospectos nicaragüenses con posibilidades de llegar a las Grandes Ligas. Era yo el que aparecía más arriba subiendo por una liga que cubría la pierna de una mujer, en una caricatura muy bien lograda. Y detrás, Antonio Chévez. Ese fue su vaticinio y quedó registrado en los archivos. En los primeros años, la relación cronista-pelotero fue profesional. Yo funcionaba como pitcher y él escribía. Con el paso del tiempo nos fuimos haciendo amigos, y por supuesto, eso agregó a nuestras esposas Luz Marina y Chilo, y más adelante a nuestros hijos, como ocurre con los matrimonios de Gilbert y Tania en West Palm Beach.

ESA FAMILIARIDAD

Cumplí el compromiso de comunicarle casi de inmediato, el llamado que me hicieron los Orioles en aquel mes de septiembre de 1976. Nos vimos en Nueva York días después cuando trabajé frente a los Yanquis, y él continuó hacia Puerto Rico para ser testigo de mis primeros juegos con el Caguas. Estuvo en nuestra primera casa en Baltimore y fue bienvenido en todos los sitios donde Luz Marina y yo hemos vivido, así como también nos vemos en su casa constantemente.

He admirado esa dedicación de Edgar por imprimirle calidad a su trabajo, algo que lo llevó a convertirse rápidamente en un gran cronista, con reconocimiento no solo en Nicaragua, sino por parte de cronistas de otros países. Me llamó la atención ese empeño por capturar la mayor cantidad de datos posibles, su memoria siempre ágil y amplia, y el interés por archivarlo todo. En una época en que no existía el internet, llenó libretas con apuntes de mis juegos, incluyendo los box scores. Estaba al tanto de todas mis cifras, logros y fechas, como lo hacía con Alexis Argüello. ¿Cuántas horas utilizó realizando esa tarea? No lo sé. Es para mí, una intriga.

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