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Román “Chocolatito” González ganó su cuarta corona el pasado 10 de septiembre y obviamente toda la atención se centró en él. Pero tras un gran peleador, siempre debe de haber un gran equipo de trabajo, en el que sus miembros quizás no son dueños de los reflectores, sin embargo, tras bastidores su labor provoca que el talento principal brille aún más.

Quise dedicarles unas cuantas líneas a Arnulfo Obando y Wilmer Hernández, entrenador y preparador físico del mejor boxeador del mundo, para exaltar y reconocer el grandioso trabajo que cada uno hace con Román. En poco más de año y medio que he seguido detalladamente la carrera de González, siendo testigo en par de ocasiones de lo que viven en los campamentos, he visto la entrega y determinación con la que ambos trabajan con el muchacho.

Me ha tocado observar a un Arnulfo cuidando detalladamente la alimentación de Román. También lo he visto cambiar su faceta de entrenador y convertirse en un experto cocinero, preparando esos suculentos platillos de pollo y filetes de pescado, bajos en grasas, para que González no sufra soportando la ansiedad que provoca el hambre por bajar de peso. 

He visto el sacrificio de Wilmer, que implica levantarse de madrugada o en las primeras horas de la mañana, a correr con el tetracampeón. “Vamos Wilmer”, decía Román antes de iniciar los 10 o 12 kilómetros de carrera en el frío terrible de Big Bear, California, donde Hernández también recibió la triste noticia de que su papá estaba sufriendo problemas en el corazón. He sido testigo de los rounds intensos de mascoteo, en el que Hernández saca a relucir su talento con la manopla, sacándole el jugo a González, exponiendo un poco de sus grandiosas virtudes como la velocidad y combinaciones.

Pero el sacrificio se extiende más allá del plano físico, trasciende en lo emocional. El hecho de que ambos deban alejarse de sus familias durante más de dos meses, no es sencillo dejar a sus hijos por escribir más paginas en la historia de un peleador monumental, quien sin dudas, entrará en el Salón de los inmortales en Canastota.  

Me gustó mucho cuando Román con la humildad que le caracteriza, dijo que el triunfo no solamente era de él, también de Arnulfo, de Wilmer, de su papá y de cada una de sus familias. Ojalá y cuando termine la carrera del “Chocolatito”, estos dos hombres estén hasta el último momento en la esquina del tetracampeón. Seguramente vendrán diferencias en todas las relaciones de trabajo, eso es normal, pero lo importante es que cuando surjan las dificultades, sepan solucionarlas de la mejor manera, reforzando aún más la relación laboral y de amistad.

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