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Edgar Tijerino Mantilla no tuvo que viajar hacia otros lados para realizar “el sueño americano”. Ese sueño lo hizo posible en la tierra que lo vio nacer, esta Nicaragua, Nicaragüita. Viniendo de la pobreza atravesando una infancia y adolescencia difícil, Edgar logró emerger y proyectarse, porque “escuchó sonar su despertador”  a los 16 años, se enderezó,  y no ha parado de esforzarse. Ahora está por cumplir 73.

En su libro YO VAGO, el décimo de su cosecha, se muestra de cuerpo entero y nos cuenta lo problemático que fue para sus padres, sus “vagancias” que ya quisiéramos muchos padres que esos fueran hoy los problemas de la juventud. Esos padres nunca  imaginaron que por lo que tanto lo reprendieron, lo convertiría en el mejor cronista deportivo de Nicaragua con reconocimientos más allá de nuestras fronteras.

De sus vagancias aprendió y acumuló, tanto, que a sus 26 años, sin saber escribir a máquina y sin tener nociones sobre cómo manejar una crónica, entró al periodismo iniciando una carrera vertiginosa y exitosa en el sector escrito, con rápida extensión al radial y el televisado, que no ha conocido pausas. La clave está en tener coraje para enfrentar todo lo que la vida nos presenta. Edgar Tijerino lo ha hecho con mucha maestría en 46 años de trabajo. Él es un “bateador oportuno”, es decir que ha aprovechado milimétricamente las posibilidades que la vida le ha ofrecido.

Querido por muchos y no bien visto por otro sector, en YO VAGO, el lector se encontrará con una cabalgata de sus emociones a flor de piel: sus inicios, sus padres, sus dos matrimonios, sus hijos, su ingreso al Frente Sandinista como colaborador, su valor por la amistad, anécdotas, historias de viajes, su pasión por la lectura y muchas cosas más. 

Edgar nos muestra  sus valores,  su fuerza interior,  constancia, perseverancia, aprovecha para ofrecer lecciones de cómo salir de la pobreza espiritual, mental y emocional. ¿Cómo? Sin envidiar, que es el mal que está dañando al mundo, trabajando y trabajando incansablemente -todavía a su edad-, con mucho coraje, esfuerzo y dedicación como si estuviera preparándose para  competir en un maratón olímpico.

Eso es meritorio.

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