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La actividad de hoy en la UCA será sencilla, sin bocadillos –una seria advertencia-, pero agradable, por la presencia de lo amistoso y lo jovial, del humor que nos hace olvidarnos de nuestros problemas casi comunes, y por la franqueza. A los casi 73 años, estoy de pie y de cara al sol, en corrección permanente frente a mi familia y amigos, diciendo verdades bromeando, y todavía soñando. Me han preguntado de todo en estos días, sobre todo un desglose del contenido, ¿qué capítulo me costó más trabajo? ¿Cuál creo que es el mejor, el más dramático, el más alegre, el más significativo? Me gustó este trabajo. Un mensaje directo es “uno nunca es tan malo como parece”, pero debe demostrarlo, aún con 26 años navegando irresponsablemente en el tiempo perdido.

El contenido

Estos son los títulos de los 24 capítulos, más otros escritos, reunidos en 340 páginas: Al límite por Guillermo Rothschuh, Prólogo del Dr. Julio Francisco , dedicatoria a Chilo, 1.-De pronto, desperté, 2.-El Salto al futuro, 3.-Mis padres casi enloquecen, 4.-No fue un fracaso, 5.-Cuenten conmigo (El Frente), 6.-Chilo, esa luz, 7.-Los hijos, lo máximo, 8.-Quise pero no pude, 9.-Doble Play, me galvaniza, 10.-Solo sé que no sé nada, 11.-La amistad, oro puro, 12.-Alexis, Denis y yo, 13.-¿Temor? ¡No, pánico! (quedar sin trabajo), 14.-Las correcciones, 15.-Mis libros, 16.-De Nagarote a París (los viajes), 17.-Mi cofre de tesoros (qué piensan de uno), 18.-El factor suerte, 19.-Lo que vi y viví, 20. -Mis maestros, 21.-Creo en Dios, 22.-Vivir es un riesgo, 23.-¿Cuándo estás viejo?, 24.-Lo anecdótico, Líneas finales, Décimas de Luis Enrique Mejía Godoy, y la nota de contratapa elaborada por Chilo, mi esposa, “El vago, enderezado”.

Cerré el libro con estos párrafos: No sé cuánto tiempo más voy a vivir y lamento no estar viviendo en el país que soñé, en permanente engrandecimiento como recomendaba el poeta. ¡Qué fácil es percatarse que no se puede hacer grande un país, solo soñándolo, sin multiplicar esfuerzos, superándonos día a día, exigiéndonos al máximo, comprometiéndonos con el presente para asegurar un buen futuro! Duele ver a las banderas de nuestras esperanzas a media asta y nuestros corazones arrugados, gimiendo. 

La vida saca callos

En mi paso por esta vida, he conocido gente admirable por su inteligencia, por el crecimiento que consiguieron, por las habilidades que cultivaron, por las incidencias que alcanzaron, por las huellas que dejaron y por la generosidad que los caracterizó. ¡Cómo me hubiera gustado ser como ellos! Les tengo una elevada estimación, sobre todo a los que se han ido y que permanecen frente a mí, más allá de la invulnerabilidad del recuerdo imperecedero. 

Alguien dijo: “La vida nos saca callos que nos enseñan a caminar”. Así que, pese a todo lo apuntado, de volver a nacer, me gustaría ser como soy. Encima de la última línea de este libro, se balancea un hombre que logró cambiar de rumbo a tiempo y ha sabido abrirse paso entre miles de dificultades, estimulado por una familia estupenda, la pasión por el trabajo y el respaldo de un millón de amigos. 

Los espero hoy en la UCA a las 6 de la tarde. Ahí estarán Luis Enrique Mejía Godoy, René Pineda, María Lily Delgado, Miguel Mendoza, Enrique Armas, de regreso un rato a Doble Play, y por supuesto, este prójimo, el vago que se corrigió, en pie de cara al sol, batallando mientras tenga aliento.

24 capítulos contiene el libro Yo, Vago, que esta tarde presentará su autor y protagonista Edgar Tijerino Mantilla.

 

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