Edgard Tijerino
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¿Por qué llega el tiempo de morir cuando eres joven, te encuentras espectacularmente en proyección y tienes un futuro que da la impresión de asegurarte un rincón iluminado en el Salón de la Fama? ¿Cómo puedo entender eso? Ah, el destino tiene sus caprichos inescrutables. No me digan eso, y mucho menos que “todo está escrito”, porque provocaría una encendida discusión entre Diógenes y yo. Se imaginan lo que es retar a un filósofo.

Al amanecer de un domingo que fue siniestro para las legiones de seguidores que tiene el beisbol, el cadáver de José Fernández estaba ahí, flotando, sin el uniforme de los Marlins. Tenía apenas 24 años y fue encontrado junto con otros dos fallecidos a las 3 de la madrugada, a la orilla de un bote volcado. Hay algo estremecedor al ser cortada una vida tan joven y prometedora de un zarpazo inesperado.

ES INEXPLICABLE

A veces son extraños los designios del Señor, me decía hablando sobre este tema, un sacerdote amigo, Xavier Gorostiaga, inolvidable. La súbita muerte de este muchacho que salió de Cuba contra vientos y mareas a los 14 años, fue algo así como la desaparición de un astro sin la menor explicación. Su tesoro, era su brazo derecho, un látigo que obedecía con precisión los sabios dictados de su cerebro. No necesitaba algo más y los Marlins, bien asesorados, lo seleccionaron en la primera ronda del draft del 2011.

Su ascenso fue vertiginoso, como el de un proyectil es busca de las estrellas. Estuvo poco tiempo en las Ligas Menores, y en el 2013, después de su primeros dos inicios sin decisión en Grandes Ligas contra los Mets de Nueva York y los Filis de Filadelfia, perdió dos veces antes de ganar su primer juego y cerrar su campaña de debut con 12-6, una efectividad de 2.19 y la cifra de 187 ponches, obteniendo el título de Novato del Año en la Liga Nacional, con el 95 por ciento de los votos, superando a Yasiel Puig y quedando tercero en la batalla por el Cy Young, detrás de Kershaw y Adam Wainwright. Estupenda presentación de credenciales.

UN CORTE DE CORRIENTE

Seriamente afectado en el codo de su brazo de lanzar, se vio forzado a someterse a una cirugía Tommy John y fue limitado a solo 19 aperturas en dos temporadas, la del 2014 y el 2015, enviando señales de franca restauración, tan llamativa como la hecha al Estadio de los Dolphins.

En este 2016, regresó a sus niveles de dominio con el manejo de cuatro pitcheos y bolas de poder zumbando entre 94 y 97 millas, mejorando su control. En su reciente salida frente a los cañones de los Nacionales de Washington, durante una victoria por 1-0, Fernández ponchó a 12 en ocho entradas, y al momento de apagarse prematuramente, el astro cubano tenía a lo largo de esas cuatro campañas, dos drásticamente recortadas, 38 triunfos y 17 reveses con 2.58 en carreras limpias, 589 ponches en 471 entradas y presencia en dos Juegos de Estrellas. Siempre trabajó debajo del 3.00 en efectividad, un toque de distinción.

Quizás hubiera sido un constante ganador del Cy Young. En los primeros informes de la tragedia, no se mencionan drogas ni alcohol. Un accidente naviero cortó la vida de un fenómeno en crecimiento. Ayer, en la jornada de Grandes Ligas, con los Marlins replegados, una lágrima brotaba de cada pelota puesta en juego. Ciertamente, a veces son extraños los designios del Señor.

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