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En el París Saint-Germain se habla del ostracismo de Hatem Ben Arfa y de los errores técnicos del uruguayo Edinson Cavani, pero en el irregular inicio de temporada del equipo también llama la atención la fantasmagórica presencia del argentino Ángel Di María, llamado a jugar un papel fundamental.

'El Fideo' es la sombra de lo que debería ser. Tras casi dos meses de competición, el argentino ni siquiera alcanza el nivel de su primera temporada, en la que se adaptó con facilidad al juego por entonces automático de los parisinos.

Pero los 63 millones de su traspaso del Manchester United al París SG estaban destinados a que fuera una de las grandes estrellas.

Las estadísticas hablan: Este curso ha dado 2 asistencias en 9 partidos y ha acertado en 5 centros de 31 intentados.

Si la ineficacia de Cavani se critica con facilidad, también se debería cuestionar la calidad de los balones de su proveedor más importante.

La temporada pasada Zlatan Ibrahimovic era una garantía de eficacia ante la portería rival y además facilitaba el juego de Di María. Ahora intenta adaptarse a las diferentes condiciones que supone el uruguayo como '9'. Por el momento Cavani se esfuerza con constantes desmarques y mucho trabajo en el campo.

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Habitualmente ágil con el balón al pie a toda velocidad, capaz de dejar atrás a cualquier defensa con sus cambios de ritmo y de dirección, Di María parece falto de confianza en este arranque de temporada.

Círculo vicioso

De golpe, se ha sumergido en un círculo vicioso y consciente de sus crecientes dificultades intenta resolver el problema sin contar con sus compañeros. Como en la derrota 2-0 del viernes ante el Toulouse, cuando perdió la friolera de 35 balones de 92 que tocó.

Esta derrota se añade a un inicio negativo de la 'era Unai Emery' en el banquillo, con dos derrotas en el campeonato y un empate en el primer partido de la Champions, en el Parque de los Príncipes ante el Arsenal. El miércoles frente al Ludogorets búlgaro el PSG tendrá la oportunidad de empezar a invertir la tendencia.

Di María, de 28 años, es un jugador contrastado a nivel internacional. Indiscutible en la selección argentina y pieza fundamental en el Real Madrid que ganó la Liga de Campeones en 2014.

Pero parece que las nubes con las que ha comenzado el proyecto de Emery le han contagiado y está lejos de destacar en el panorama actual. Su rol como líder técnico del equipo parece demasiado para el que fue escudero de lujo de Cristiano Ronaldo en el club blanco y de Ibrahimovic el curso pasado.

Puede que la vuelta del italiano Marco Verratti, otro de los hombres llamados a comandar el PSG, ante el Ludogorets sirva para que Di María encuentre un socio. O quizás su compatriota Javier Pastore, uno de los pocos rescatables en este inicio de campaña para olvidar de los parisinos.

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