•   Miami, EEUU  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El desaparecido lanzador cubano José Fernández, quien falleció el domingo reciente en un accidente marítimo, dejará sin dudas un dolor muy grande en sus seguidores, pero sobre todo en el equipo de los Marlins de Miami.

Cientos de personas esperaban pacientemente ayer por la tarde en la iglesia St. Brendan, formando largas colas para rendir un último tributo al pelotero cubano, uno de los hijos predilectos de Miami.

“Es una herida muy profunda para todo en el equipo”, señaló a la prensa el capitán del equipo, el venezolano Martín Prado, quien agregó que “ha sido devastador (...), para su mamá, su abuela, en fin, para toda la ciudad”.

La muerte del carismático lanzador, de 24 años e ídolo de los Marlins, golpeó en el corazón del beisbol de las Grandes Ligas, donde se proyectaba como uno de los mejores lanzadores.
Fernández fue una de las tres personas que murieron en un accidente de botes cerca de las costas de Miami Beach, el cual ocurrió alrededor de las 3:00 a.m. locales del domingo.

El lanzador derecho, nacido en Santa Clara, estaba por terminar su mejor temporada en las Mayores, con un récord de 16-8 con un promedio de 2.86 de efectividad.

Prado, de quien se dice ya recibió una oferta de tres años y 40 millones de dólares para quedarse con el equipo, subrayó: “Nos dejó mucho amor. Yo siempre diré lo que él (José) significó para nosotros (el equipo). En fin, fue un muchacho muy bueno”.

José, como le llamaban en el ámbito beisbolero, deja en su corta carrera un balance de 38-17, pero también dueño absoluto de casa, ya que su actuación local presentaba un asombroso registro de 29-2 y en esta campaña un récord para la franquicia de 253 ponches, el segundo mejor en toda las Mayores.

El cariño fue general

A la llegada del cortejo a la iglesia de St. Brendan, el público reunido lo recibió entonando espontáneamente las estrofas del himno de Cuba. Poco después, el féretro fue sacado de la carroza fúnebre y llevado al interior del templo.

El último recorrido de “Joseíto” por las calles de su ciudad adoptiva se inició en la tarde, cuando llegó al Marlins Park, escenario de sus grandes hazañas desde el montículo y donde sus compañeros de equipo, entrenadores y empleados lo recibieron compungidos.

De hecho, muchos pueden decir que han visto a Barry Bonds pegar jonrones, ¿pero cuántos que lo han visto llorar como un niño? Centenares de aficionados que acudieron al parque de La Pequeña Habana fueron testigos de sus lágrimas y las de todo un equipo desconsolado, que salió con el alma rota a decirle adiós a Fernández.

Cuando el cortejo fúnebre llegó a las afueras del estadio sobre las 2:05 de la tarde, ya lo esperaban los peloteros y un coro enorme de voces gritando “José, José”’, bajo una fina lluvia que aportó su parte de drama a la terrible escena.

Hueco muy grande

En el camerino del equipo se nota un vacío inmenso y la prueba es su casillero, el cual quedó intacto como lo dejó, lleno de sus uniformes y con el agregado ahora de muchas flores puestas por sus compañeros de equipo.

Sin dudas, con su pérdida, las Grandes Ligas perdió una de las grandes estrellas y un ejemplo de juventud.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus