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El siete de noviembre de 2007 David “El Costeño” Bency decidió dejar a un lado su labor de pescador y recorrió 632 kilómetros desde Waspam hasta Managua para convertirse en boxeador. Al llegar a la capital vendió enchiladas para sobrevivir y un día entre los pasillos del mercado Roberto Huembes supo de un gimnasio donde podía practicar el deporte por el que se inclinó desde los cinco años.

Combina su boxeo con humor callejero. Cuando se trasladó a Managua no tenía nada fijo. Había dejado la escuela cuando estaba en cuarto año de secundaria. Un día, mientras vendía enchiladas en el mercado conoció a un entrenador que se ofreció a ayudarlo.

“El entrenador esa vez me dijo que si no me hacía campeón iba a seguir vendiendo enchiladas y yo le dije que vine para ser un triunfador. Fue así que comencé a entrenar de una forma más profesional”, revela Bency.

Durante un tiempo estuvo bajo la tutela del reconocido entrenador René Aguilar y Bency se convirtió en campeón nacional de boxeo súperligero. Estuvo internado durante un año en el Instituto Nicaragüense de Deporte (IND), pero durante un guanteo sufrió una fractura que lo obligó a tomar una pausa y regresar a Waspam en el Caribe norte.

En busca de mejoría ha tenido una vida inestable. Proviene de una familia costeña pobre y cristiana compuesta por nueve hermanos, de sus padres solo su mamá vive. Pelea tras pelea se ha formado técnica y físicamente. 

El 25 de julio de 2015, se coronó como campeón latino del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), después de vencer por segunda ocasión tras la decisión dividida de los jueces a Junior “El Centella” Ramírez, quien se retiró tras la derrota ante Bency.

Era la cartelera 100 de Pinolero Boxing.

Después de nueve años de estar en Managua, Bency reconoce que le hace falta mucho camino por recorrer. Sueña con una pelea de título mundial, por eso entrena tres horas al día. “Nunca se sabe en qué momento saldrán las nuevas oportunidades”, dice. Hoy solo se dedica al boxeo, aunque confiesa que hace algún “trabajito extra”, sin especificar cuál.

Sudor y gloria

Muchos son los jóvenes que al igual que David “El Costeño” Bency, se aventuran en este deporte. Uno de ellos es Johnny López, quien cumplirá 16 años el 23 de diciembre. 

De contextura delgada y baja estatura, golpea con agresividad uno de los sacos de boxeo del gimnasio Roger Deshon. El sudor y el cansancio se evidencian, pero él no se detiene. Guantea con fuerza con su mano derecha, luego con la izquierda, pero aun así su entrenador le pide pegar y moverse más rápido. 

A diario viaja desde el barrio Villa Reconciliación hasta el barrio San Judas para poder entrenar en el mismo gimnasio donde lo hizo Román “El Chocolatito” González. “Para mí la distancia no tiene límites y menos cuando recuerdo que desde pequeño yo quería ser un gran peleador”, dice mientras agacha la mirada y se limpia el sudor.

Johnny no ha dejado el colegio, cursa el séptimo grado en el Experimental México y dice que le gustaría ser campeón mundial en 112 libras. Hasta el momento ha ganado seis combates y ha perdido dos.

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El deporte pobre

Enrique Armas, vicealcalde de Managua y cronista deportivo, dice que “el boxeo en todos lados es el deporte de la gente de escasos recursos económicos”.

“Siempre la gente de barrio está vinculada al deporte. En los barrios de todo el mundo aprendés a defenderte”, asegura.

Armas expresa que “normalmente estos jóvenes tienen sus ídolos en este deporte, unos quieren ser como El Chocolatito, otros como Alexis Argüello y algunos como la leyenda del boxeo panameño, Roberto ‘Manos de Piedra’ Durán”. 

A criterio de Enrique Armas, “el boxeo es el deporte de la gente humilde, de la gente que aspira abrirse paso en la vida. Siempre en todo país del mundo cada vez que hay un campeón mundial en boxeo que se está destacando, mueve a más muchachos a entrenar”.

En el otro extremo de la ciudad, Esteban Gómez, de 15 años, asegura que entrena para sacar adelante a su familia, quienes habitan en el barrio Milagro de Dios. Diario llega al gimnasio de boxeo del mercado Iván Montenegro y según él, no falla ni estando enfermo.

Cristina Gómez, de 49 años, es la madre de Esteban. Es vendedora de verduras en uno de los estrechos pasillos de ese mercado. “A pesar que soy madre soltera, trato de apoyar a mi hijo en lo que puedo, yo no quería al principio que se dedicara a eso porque es un deporte con el que se gasta mucho y yo no tengo los recursos necesarios”, comenta.

Cuando Esteban no está entrenando se dedica  a vender junto a su mamá y cargar bolsas de compradores como una forma de obtener ingresos extras. Su rutina de entrenamiento consiste en hacer sparring, luego le toca golpear la pera loca, más tarde el saco de boxeo y por último saltar la cuerda. 

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Comenta que ya lleva 10 peleas en su pequeña vida de boxeador —todas ganadas—, pero solo en dos enfrentamientos le han pagado 500 córdobas, en los demás solo han sido canastas básicas.

René Aguilar, tiene 15 años de ser entrenador de boxeo, actualmente preparador de David “El Costeño” Bency, confiesa que “los jóvenes se acercan al gimnasio muchas veces huyendo de sus problemas económicos. Aquí vienen con la idea de llegar a ser grandes peleadores y siguen el ejemplo de otros que ya son campeones”. 

Aguilar también entrenó a Alexis Argüello y asegura que “los muchachos que vienen al gimnasio tienen ese sueño de conquistar la gloria que otros nicaragüenses ya ganaron. Ven la oportunidad de llegar a tener dinero, de que los vuelvan a ver y de que los tomen en cuenta”. 

Añade que “muchos llegan a ser buenos y otros no, unos por las facultades y otros por la dedicación. Uno ve cuando un chavalo nuevo entra por esa puerta, ya cuando tenés rato de ser entrenador, detectás inmediatamente el que puede ser un diamante en bruto. En Nicaragua de cada 10 chavalos siete pueden llegar lejos, pero se deben dedicar con pasión”. 

Yuma, la boxeadora

Brisa Silva dejó la escuela para dedicarse por completo al boxeo. En otro momento piensa retomar los estudios que abandonó hace un año cuando estaba en tercer año de secundaria. Con solo 14 años y una incipiente carrera boxística, ha peleado en ocho ocasiones y solo ha perdido una vez. Tres de las siete victorias han sido por knockout. Brisa “La Yuma” Silva empezó a boxear a los 13 años

Todas las mañanas viaja desde el barrio Camilo Ortega hasta el gimnasio Róger Deshon, que es administrado por la Alcaldía de Managua, para entrenar durante dos horas. Sus compañeros la llaman Brisa “La Yuma” Silva porque dicen que pega como “La Yuma”, el famoso personaje de la película nicaragüense del mismo nombre.

Brisa se para frente al saco y descarga una ráfaga de golpes con tanta precisión que siempre pega en el mismo lugar. Sus compañeros con los que le ha tocado pelear en los entrenamientos admiten que los rectos son los mejores golpes de la joven, característica que comparte con Johnny López y Esteban Gómez, aunque ellos no se conocen.

Una mujer en el boxeo es inusual, reconoce Brisa, “pero a la vez es un reto. Sé que a mucha gente esto le puede parecer una locura pero ya no estamos para pensar esas cosas”, dice. Su mamá nunca la ha visto pelear, teme que le pase algo malo a su hija. 

“Quiero hacer muchas peleas para ir perfeccionando mi técnica, a veces hasta con hombres me pongo a entrenar y no me gusta que me vean con lástima. El boxeo es de golpes y sé que a como doy también toca recibir”, comenta.

Brisa calcula que su papá puede gastar al menos unos 1,500 córdobas para comprarle un atuendo completo para una pelea porque en el gimnasio solo les facilitan el entrenamiento.  A veces le dan 500 córdobas por una pelea, pero en otras no. Aunque no le dieran nada a Brisa no le importa porque dice que le sirve de entrenamiento, pues sueña con salir a pelear fuera del país y convertirse en una campeona mundial de boxeo.

En el mismo gimnasio donde entrena Brisa, lo hace Alex “Marco Antonio” González. Su día comienza a las cuatro de la mañana cuando sale a correr en Sabana Grande. Luego tomas dos rutas de transporte público para llegar hasta el gimnasio, el trayecto le toma dos horas de tiempo.

Cuando tenía 16 años, se dio cuenta que quería ser boxeador, ahora tiene 18 y sueña con ser campeón mundial de boxeo en 118 libras.  Esa meta hace que se someta a dieta todos los días, “pero hacer dieta no es barato” dice el joven quien para costear los gastos de uniforme, transporte y alimentación, al finalizar su jornada de entrenamiento se dirige al mercado Oriental a trabajar en una tienda de ropa y zapatos. 

A diferencia de Brisa “La Yuma” Silva, Alex “Marco Antonio” González asiste a clases los sábados en el colegio 14 de Septiembre, está en tercer año de secundaria.  Para asistir a su última pelea en total gastó 1,350 córdobas para comprarse la vestimenta. Las vendas le costaron 50 córdobas, el short 300, los zapatos 400 y los guantes 600. Todos los gastos corrieron por su cuenta.

“Creo que deberíamos recibir ayuda por lo menos para lo del pasaje después de la pelea, los utensilios y la vestimenta”, sugiere el joven boxeador con especialidad en los ganchos (movimientos boxísticos).

Deporte riesgoso

David “El Costeño” Bency tiene en su rostro las cicatrices de los golpes recibidos en sus peleas. De hablar pausado, ojos oscuros y caminar lento, hoy tiene un récord de 17 combates, 11 ganados, 5 perdidos y un empate. Entre esas victorias hay una que recuerda con emotividad, la de David Acevedo.

Se enfrentó contra Acevedo el 24 de octubre de 2015, y este último perdió por decisión unánime. Sin embargo, Acevedo quiso volver a pelear días después, lo hizo contra Nelson Altamirano la noche del 14 de noviembre en la categoría superwelter. 

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El combate fue a ocho round y acabó en nocaut técnico a favor de Altamirano, debido que Acevedo cayó al piso al recibir un fuerte golpe en la cabeza. El joven de 23 años quedó en estado de coma y siete días después falleció. Su última pelea la libró contra la muerte.

A pesar de los riesgos, David “El Costeño” Bency  se muestra optimista al ver que jóvenes y adolescentes ingresan a los gimnasios con el deseo de entrenar para ser grandes boxeadores y por eso llama a las autoridades a invertir más en deporte. Aunque le dice a los nuevos talentos boxísticos que “si se quieren dedicar a esto lo hagan con pasión y no pensando en el dinero”. 

El consejo lo da con conocimiento de causa, pues tras nueve años de entrenamientos y decenas de peleas, vive en un cuarto rentado junto a su esposa y su hija de seis meses. 

Peligroso empezar a boxear temprano

El neurólogo Fernando Chávez Hassan explica que dedicarse al boxeo en la adolescencia puede provocar en la etapa adulta problemas de demencia, hematomas suturales, contusiones hemorrágicas e incluso micro hemorragias difusas, quiebres de narices y por lo tanto tendrán que someterse a cirugías.

“En el caso de las consecuencias leves en el 90% de los casos los boxeadores tienden a recuperarse en dos semanas. Pero definitivamente no es recomendable exponerse a golpes a edades tempranas porque eso lleva a una carga de traumas acumulados mucho mayor”, expone el especialista.

Una persona que comienza a boxear a los 14 años —prosigue el neurólogo— puede desarrollar una dosis de traumas importantes. Hay más probabilidades que un boxeador adolescente desarrolle alguna complicación que  otro de 20 o 22 años.

 

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