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Desde que David Ortiz llegó a los Medias Rojas en el 2003 a los 27 años, el color del sol en Boston cambió de color y se hizo negro. Eso sí, negro brillante, con una brillantez que nunca decrece, capaz de iluminar la gran ciudad y cargarla de suficiente energía, hasta para tumbar maldiciones, como lo hemos visto. Su retiro, al caer el telón de esta temporada para los de Boston, dejará al equipo con un gigantesco vacío, temblando y pálido, como estremecido por una extraña erupción.

En su retiro, antes de cumplir 41 años el 18 de noviembre, el artillero dominicano que se eleva 6 pies y 3 pulgadas y pesa 230 libras, solo lamentará haber sido afectado en el 2009, por su vinculación con sustancias prohibidas. Él apareció como “positivo” en un informe del 2003, precisamente su año de aterrizaje en Boston. Ese informe que era confidencial, fue dado a conocer en forma imprevista, provocando un terremoto de cuestionamientos encima de los involucrados. En una conferencia de prensa, Ortiz no supo entregar explicaciones. “Estoy sorprendido. Voy a compartir esta información con mi equipo y el público. No voy a ocultar nada ni utilizar excusas”, dijo.

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Quedaron las dudas

Ortiz nunca compartió esa información del 2003, que tanto tiempo permaneció en un rincón, y desde entonces nunca dio “positivo” en ninguna de tantas pruebas a las que fue sometido, pese a los avances en las investigaciones médicas, continuando en la construcción de cifras espectaculares funcionando como bateador designado, vestido para matar. David ha sido un Goliat frente al plato en los momentos de mayor presión que podamos imaginar, y aún en estos días, cuando su huesos crujen y sudan, lo sigue siendo. La pregunta es si esa vinculación con lo prohibido, para muchos desvanecida, lo afectará en las consideraciones de los puristas extremos que votan para el Salón de la Fama.

El jonrón 500 de Ortiz fue conectado contra Matt Moore en septiembre del 2015. Al amanecer del sábado, penúltimo día de la temporada del 2016, David había disparado 541 vuelacercas y 2,471 imparables en su carrera de 20 años, impulsando 1,768 carreras. Esos promedios de 36 jonrones y 119 remolques por campaña dimensionan su grandeza desde aquel debut con los Gemelos a los 21 años en 1997, después de haber sido firmado por Seattle en 1992, como depositario de grandes expectativas. En diciembre del 2002, los Medias Rojas lo firmaron como agente libre y lo volvieron a hacer dos veces más.

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Humildad y explosividad

Las leyendas no solo son producto del seguimiento que les haga el lente acucioso de las cámaras en un momento en que los héroes deportivos son demasiado públicos, exageradamente expresivos. David Ortiz trascendió a través de su humildad mostrando una utilidad sencillamente impresionante. Ha sido una sombra oscura que se mueve fantasmalmente, como intentando no llamar la atención, hasta producir el estallido. A su edad y retando el desgaste, es líder de su equipo en jonrones con 38, impulsadas con 127, slugging con .625 y batea para .316 puntos. El inmortal Ted Williams, jugando siempre para Boston durante sus 19 temporadas, viendo esfumarse tres completas como piloto en la Guerra Mundial entre 1943 y 1945, se fue del beisbol disparando 29 jonrones, incluyendo el de su última vez al bate, el 521, empujando 72 carreras y registrando .316 puntos. Sus cifras globales son superiores a las de Ortiz, pero no las de su retiro. David Ortiz ha sido un Goliat frente al plato

Ortiz no ha podido conseguir el título de Más Valioso, distinción que Williams pese a sus problemas con el periodismo obtuvo dos veces, en 1946 y 1949, siendo “condenado” cuatro veces al segundo lugar entre encendidas discusiones. Ortiz podría ser el primer caso de un pelotero que sea reconocido como Más Valioso en el año de su retiro. Debió serlo Sandy Koufax en 1966 con la triple corona del pitcheo (27-9, 1.73 en efectividad y 317 ponches con 27 recorridos completos) y el título de campeón de liga para los Dodgers. Inexplicablemente, el Más Valioso se lo entregaron a Roberto Clemente de los Piratas, quien no consiguió ningún liderato y jugó para un equipo de tercer lugar. Uno de los más grandes asaltos registrados desde la época de los hermanos Frank y Jesse James.

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El mejor designado

¿Ha sido Ortiz el mejor bateador designado? Ahí está el boricua Edgar Martínez, con 514 dobles, 309 jonrones y 1,291 carreras impulsadas en 8,674 apariciones en el plato, unas dos mil menos que Ortiz. No puede igualar la longevidad de Ortiz, pero fue muy efectivo, sin embargo, ha estado rebotando en sus intentos de entrar al Salón. Una clara ventaja de Ortiz son sus 500 jonrones. Todos los bateadores que han alcanzado esa cifra están adentro. Valorar a Ortiz por encima de Martínez, de Paul Molitor y de Frank Thomas, entre los bateadores designados de todos los tiempos, es aceptable.

Seguramente, tres anillos de Serie Mundial ayudarán mucho a Ortiz en las votaciones, recordando que fue esencial para que los Medias Rojas terminaran con la maldición del Bambino en el 2004. Agreguen que Ortiz fue nombrado Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato de 2004 y de la Serie Mundial en el 2013, detalles que tienen un gran significado, vistos desde cualquier butaca. No hay duda que el currículo de Ortiz con 17 jonrones y 60 impulsadas, con .295 de promedio en postemporada, es digno del Salón de la Fama, más allá de las discusiones que puedan organizar los puristas extremos --cada vez menos-- acerca de su vinculación con lo prohibido en el informe del 2003. Al colgar sus spikes Ortiz, el sol dejará de ser negro en Boston.

20 años en actividad de David Ortiz con Gemelos y Medias Rojas desde 1997

541 los jonrones disparados hasta hoy por el gran artillero dominicano 

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