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Crecí viendo al mejor equipo de la Liga Americana hacerle frente al mejor de la Liga Nacional, en cada una de las Series Mundiales. No se habían ramificado las ligas en divisiones, no había seis ganadores diferentes, y menos, espacio para que segundos y hasta terceros lugares metieran sus narices. Ahí estaban siempre los mejores equipos sin sombra de duda. El deporte puro encima del negocio. Hasta que el beisbol, como ha ocurrido con todos los deportes, se trasladó a Wall Street, con la gente de saco y corbata más importante que los peloteros. Babe Ruth y Lou Gehrig no vieron nada de lo que nos aturde ahora. Ni el juez Landis ni el coronel Ruppert.

Por eso es que nunca le hice swing a eso de agregar un comodín. Me pareció una aberración. Un equipo de segunda línea, clasificando directamente para la postemporada. Ah, pero finalmente, la fuerza de la costumbre doblegó nuestros desprecios a esa extraña variante, que llegó a producir equipos ganadores de Series Mundiales, como Marlins y Angelinos. Pero, cuando se decidió introducir un segundo comodín, consideré que era el colmo, aunque no por eso iba a ser un “exiliado” del beisbol. Era natural preguntarse: ¿hasta dónde pensaban deteriorar las valoraciones posicionales pensando en el engrandecimiento del negocio?

LA NBA ES MÁS AMPLIA

En medio de la molestia y la consternación, reflexioné: quizás pronto, como en la NBA, estaremos viendo a 16 equipos fajarse en los Play Offs. ¿Se imaginan ese alboroto? Un equipo número ocho en su Conferencia, batallando por el título. Ojalá no llegue a ver eso, pensé.

Regresando con el beisbol, cuando se habló del “bendito” segundo comodín, junto con un nuevo rechazo, apareció el agregado de otra sorpresa: los dos comodines se eliminarían en un solo juego. El sobreviviente continuaría en la postemporada. ¡Diablos, después de 162 juegos, un solo duelo de vencer o morir, algo que en un deporte tan expuesto a los imprevistos, estaría abierto a cualquiera! Por lo menos en la NBA se necesita resolver series a siete juegos en todos los casos, y eso evitó que en el 2014, un número uno como Indiana, cayera ante un número ocho como Atlanta, quien ganó tres de los primeros cinco juegos, entre ellos el de apertura.

Eso hace más justo el formato de las Copas del Mundo en futbol, solo flexible a lo especulativo en la fase de grupos. Claro que uno preferiría en los Mundiales de futbol, ya en octavos, juegos de ida y vuelta como en la Champions, que dejen las disputas claras, pero tenemos que resignarnos a los alargues y los penales, aunque quedemos sumergidos en discusiones inútiles. Sin embargo, el método es drástico para todos, no solo para dos.

NO PARECE JUSTO, PERO…

¿Qué es lo que no me gusta en el beisbol? Que un comodín pueda ganar la Serie Mundial; que la vieja ley de los mejores haya sido tirada al cesto de la basura; que aquel tiempo en que los mejores de cada Liga aterrizaban directamente en el Clásico parezca no haber existido; que desear que gane el mejor ya no tenga sentido. Lo lamento, pero ¿qué hay del excedente de intrigas fabricados por estos comodines en busca de meterse en la postemporada como sea?

Ahora, quedar como los dos mejores sublíderes de zona, con opción abierta a un tercer lugar con mejor balance, puede significar un pasaporte al paraíso. No importa que un líder se escape como en los viejos tiempos, hasta con 20 juegos de ventaja. En los Playoffs, sobre todo en la primera etapa apretada en cinco juegos, eso no tiene significado. Lo imprevisto anda zigzagueando puñal en mano. Y eso, interesa mucho. Debo admitirlo y no tristemente. Estoy emocionado y listo para ver Azulejos-Orioles hoy, y Mets-Gigantes mañana.

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