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El estacazo ruidoso, escalofriante y majestuoso de Edwin Encarnación terminó con el misterio. Ese jonrón de tres carreras en el fondo del inning 11 mantuvo a los Azulejos con vida y sepultó a los Orioles que habían sobrevivido a varias amenazas, casi letales, recurriendo al doble play para salvarse. Pensamos que después de dos cohetes contra Ubaldo Jiménez, era el momento ideal para Zach Britton, el relevista magistral de 0.58 en efectividad y 47 salvamentos, con 74 ponches en 67 entradas, pero el manager Buck Showolter lo guardó para la próxima temporada.

Con el sonido del batazo de Encarnación, los magos del suspenso, Hitchcock, Poe y Conan Doyle, se levantaron de sus butacas en busca de la puerta de salida. Todo estaba consumado al quebrarse el férreo abrazo 2-2 desde el quinto inning. Jiménez entró por Bryan Duensing, quien sacó el primer out del inning 11 y fue sacudido por hits seguidos de Travis y Donaldson, colocando hombres en las esquinas. ¡Qué importa que Encarnación batee a la derecha si Britton es un zurdo para cualquier tipo de enemigo en cualquier circunstancia y con cualquier clima! Seguramente Showalter no ha regresado a su casa. Su esposa, uniformada, lo está esperando para decirle ¿qué hiciste?

Cambio de golpes

En un duelo de este tipo, crucial instante tras instante, pegar primero tiene un mayor significado. Lo hicieron los Azulejos con esa gigantesca parábola trazada por el swing de José Bautista como primer bateador contra Tillman en el cierre del segundo inning, haciendo caer la pelota detrás de la pared del jardín izquierdo, mientras el jardinero Soo Kim, decepcionado, lamentaba carecer de alas para elevarse en busca del batazo. Muy temprano, Toronto estaba en ventaja 1-0, mientras Marcus Stroman, lanzaba tres entradas perfectas, abrazado a una inspiración inicial, próxima a lo divino.

Obviamente, esa diferencia no era nada tranquilizante entre dos equipos mata-pitcheres que dispararon 474 jonrones, con los Orioles líderes volándose la cerca 253 veces, y quedó demostrado en el inicio del cuarto, cuando el dominio de Stroman fue mordido por el hit de Adam Jones, y el jonrón de Mark Trumbo, quien disparó 47 en la temporada, máxima cifra en las Mayores. 

El Roger Centre estadio pareció hundirse mientras Trumbo recorría las bases y la pizarra se volteaba 2-1 al lado de los Orioles.

Posibilidad recortada

Toronto contragolpeó en el quinto expulsando a Tillman, pero quedándose corto en producción sujetándose a sí mismo. Dos dobles consecutivos conectados por Michael Saunders y Kevin Pillar, no produjeron carrera aunque colocaron hombres en tercera y segunda, empatando los Azulejos el juego 2-2 con el hit impulsador de Ezequiel Carrera. Cuando el manager Showalter decide sacar del escenario a Tillman, para traer al espigado Mychal Givens, el rancho estaba ardiendo con corredores de Toronto en las esquinas y el lead off Devon Travis al bate. No ardió Troya. Un batazo para doble play por tercera frustró el intento de los Azulejos de retomar las riendas. 

El bullpen de Toronto, en contraste con el de Baltimore, no es confiable, con excepción del salvador de 36 juegos, con 2.68 en efectividad y 82 ponches en 74 entradas, sin embargo, Brett Cecil, Joe Blagini y Jason Grilli, mantuvieron quietos los bates de Baltimore hasta llegar a los brazos de Roberto Osuna en el noveno y Francisco Liriano en el décimo, en tanto, Baltimore respondía entre dificultades con Mychal Givens, Donnie Hart y Brad Rach, hasta necesitar de la frialdad y efectividad de Darren O´Day, para evitar el caos y el descarte en lo que parecía ser el último grito del drama.

Finalmente, en el inning 11, con Zach Britton en el closet, el jonrón de Encarnación con dos circulando quebró el empate 2-2 y cortó las cabezas de los Orioles.

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