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El pasado y el futuro son irrelevantes, el momento lo es todo. Conor Gillaspie, un bateador de 6 jonrones en 101 juegos, con 205 apariciones en el plato y apenas 25 empujadas, salió de la nada para destrozar una batalla de 16 ceros, empujando encima de la pared del jardín derecho, con dos a bordo, una pelota lanzada por Jeurys Familia, el astro del relevo de los Mets, salvador de 51 juegos, quien solo permitió un jonrón en 78 juegos durante la temporada. Todas las suposiciones saltaron hechas añicos. Familia parecía nervioso e inseguro frente al bateo de los Gigantes, y con su pitcheo alto agigantó a Gillaspie, quien se convirtió en un héroe insospechado, eliminando a los Mets.

El 3-0 tenía el peso de una lápida para los de Nueva York, desde antes de salir a batear el cierre del noveno frente al imperturbablemente eficaz zurdo Madison Bumgarner, quien completó la blanqueada, después de sostener un duelo fiero e impredecible con el pistolero derecho de los Mets, Noah Syndergaard. Recordando la noche triste de Buck Showalter, el mánager de los Mets, Terry Collins, utilizó a Familia para mantener a raya a los Gigantes con el juego empatado 0-0, pero el factor de seguridad erosionó, y su brazo amaneció hecho tiras a la orilla del montículo del City Fields. ¡Ah, lo imprevisible del beisbol!

El duelo previsto

El primer hit contra Syndergaard fue disparado por el lead-off  Denard Spam en el inicio del sexto con dos outs, cortando la segunda racha de cuatro ponches del violento tirador derecho en el juego, llegando a 10 en total, en un alarde de poder. En tanto, Bumgarner en los primeros cinco episodios había soportado tres imparables, incluyendo un doble abridor de inning conectado por T. J. Rivera, finalmente sin consecuencias, ponchando a cuatro casi sin esforzarse, en un alarde de astucia para dominar. Dos estilos de pitcheo diferentes hermanados en autoridad.

Syndergaard estuvo al borde del infarto en el sexto, cuando después de hit y robo de Span con dos outs, Brandon Belt hizo aullar una pelota mientras volaba hacia lo profundo del jardín central, perseguida desesperadamente por Curtis Granderson, sin quitarle la vista, sin preocuparse de la proximidad de la pared. El estirón de balletista, el guante abierto como una antena parabólica y la atrapada improbable convertida en algo real. En ese momento, la multitud restauró su aliento y los corazones se calmaron. El 0-0 permanecía inalterable frente a la inutilidad del sprint de Span desde segunda. La jugada defensiva del partido.

Posibilidades frustradas

Una discutida decisión en segunda, sentenciando out a Span quien salió al robo después de recibir boleto abriendo el cuarto inning, simplificó lo que pudo llegar a ser un serio problema para Syndergaard, quien de inmediato otorgó otra base a Brandon Belt. El aterrizaje de Span, que parecía safe, fue sometido a revisión, comprobándose un levante de pie posterior al contacto del pie con la almohadilla, con el guante del short José Reyes todavía en el cuerpo de Span. De esa forma se esfumó una excelente posibilidad de los Gigantes, lo mismo que ocurrió a los Mets en el quinto, cuando T. J. Rivera inició con doblete, pero Bruce y René Rivera fallaron, y Bumgarner boleó sin disimulo a James Loney para ponchar a Syndergaard.

Los Gigantes malograron otra oportunidad de encontrar petróleo en el octavo contra el relevista Addison Reed. Las bases se llenaron con dos outs y Gillaspie circulando por hit, cuando Belt consiguió un boleto con conteo completo, el cátcher René Rivera perdió una pelota tratando de manejar un strike, y al avanzar los corredores a tercera y segunda, se decidió bolear a Buster Posey para fajarse con el cuarto bate Hunter Pence. Con bases cargadas, funcionó la maniobra. Pence se ponchó y Reed se sintió una fotocopia de Bob Gibson. El 0-0 seguía agrandándose en la pizarra.

En el noveno, Familia se hundió golpeado brutalmente por el jonrón de tres carreras de Gillaspie, mientras los Gigantes festejaban su salto a los playoffs de verdad. 

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