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¿Cómo fue posible que después de sus impactantes victorias contra Alexis Argüello, de cobrar unos tres millones de dólares como campeón defensor del cinturón Ligero, y de haberse instalado en la cima de la montaña, el feroz Aaron Pryor haya realizado un dramático e implacable bombardeo a sí mismo, hasta autodestruirse?

Llamado “El Halcón”, el peleador que caía sobre sus rivales con una serie de descargas incansables y efectivas, escalofriantes, murió oficialmente el domingo, consecuencia de una falla cardíaca. Pienso que murió antes, cuando se dejó acorralar y fue estrangulado por la cocaína y el crack, cuando fue encontrado casi disecado a la orilla de la chatarra de un carro abandonado sin poder gemir, cuando como relató John Bradley en Sports Illustrated, se colocó un cuchillo en el estómago, sin atrevimiento para hundirlo. Ese Pryor ahogado en la depresión, ya no vivía, mucho antes del domingo.

CAMBIO DE IMÁGENES

Invitado por Renzo Bagnariol, estuve en Caracas, en el primer período de Chávez, en una Convención de la AMB, almorzando con Alexis y Pryor en el Hotel Hilton. Las huellas provocadas por los estragos de sus distorsiones, saltaban a la vista. Casi no veía, casi no oía, casi no hablaba, casi no caminaba. Fue el día en que pensé que el inmenso Pryor, había sido noqueado por el insensato Pryor. Y en que forma. Lastimosa. Un muerto sin quejarse, que no hacía ruido, como podría haber dicho Juan Rulfo, considerándolo un personaje apropiado de Pedro Páramo.

En una imagen contrastante con aquellos dos finales de épicas peleas, era Argüello el que bromeaba, en tanto Pryor trataba de sonreír como si le dolieran los dientes, quizás sin entender.

Eso ocurrió años después, y pese a la cantidad de golpes de poder que tuvo que soportar Alexis, tanto en el Orange Bowl de Miami como en el Cesars Palace en Las Vegas, estaba vivo, en tanto Pryor parecía no existir. Era lo más próximo a un fantasma.

SE CONSAGRÓ ANTE ALEXIS

Vencedor del histórico colombiano Antonio Cervantes, “Kid Pambelé”, en 1980, arrebatándole el cinturón de las 140 libras, Aaron Pryor alcanzó la consagración obligando a un reconocimiento unánime, agrediendo sin aplicar pausa ni quitar dureza a sus golpes, a Alexis Argüello, aniquilando los vaticinios. No quedó la menor duda. El chico mastica carbones de Cincinnati, que lograba convertirse en un huracán entre las cuerdas, era invencible, y sus proyecciones, ilimitadas. Ray “Sugar” Leonard, no quería encontrarlo en su camino.

Después de Alexis, “El Halcón” derrotó a Nick Furlano y Gary Hinton en peleas titulares bajo el alero de la FIB en los años 84 y 85. Fue entonces que cedió frente a las adicciones, se distanció del gimnasio y fue noqueado, no por Bobby Joe Young, sino por él mismo en 1987, realizando otras tres peleas sin trascendencia antes de tirar definitivamente la toalla.

No quedaba nada de él. Fue operado de un ojo por desprendimiento de retina. Se perdió de vista y nadie se interesó por él. Cuando se informó su muerte, quedó la impresión que ya había ocurrido. Pryor hizo un viaje de lo grandioso a lo trágico, a bordo de un tren bala.

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