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¿Por qué Lionel Messi no logra brillar con Argentina como lo hace en el Barcelona? De esa forma el conocido “masoquismo” futbolístico gaucho cuestionaba implacablemente a Messi, sin la menor duda, alma, corazón, nervio y genio de la selección albiceleste. Esto me hacía recordar las líneas de José Hernández, en su “Martín Fierro”, sobre el arriero que presiona más al que puede sacarlo del barro, no a los otros. Tanta fue la presión sobre Messi pese a llevar al equipo argentino a una final de Copa del Mundo, dos finales de Copa América y la cima de la clasificación universal, que anunció su retiro.  

No era una actitud arrogante de “vamos a ver cómo se defienden sin mi aporte”, sino de defensa frente a tanta agresión, un trato muy diferente al que recibía en el Barcelona, agradecido no tanto por los títulos de Liga, de Copa y cuatro Champions, como por la entrega de Messi, su significado y su trascendencia. Lo que no le reconocían en Argentina. Su renuncia podría haber sido considerada como “una silenciosa venganza de Messi”. Y digo esto porque él sabía, como lo sabemos todos, que es un jugador sin reemplazo, más en el equipo argentino que en el Barsa, mejor armado.

FINALMENTE ES ARGENTINO

Fue en ese momento que los argentinos descubrieron que Messi ciertamente era argentino, y que sin él se sentían como Doc Holliday sin pistolas. Incluso para resolver un partido contra Panamá en la Copa América Centenario, habían necesitado sacar a Messi del banco. El genial jugador ha sido más humilde con Argentina que con el Barsa. Se ofrece para todo tipo de gestiones. Es el de los desmarques, el de la fabricación de espacios, el de la atracción de marca múltiple como frente a Chile sin el aprovechamiento de sus compañeros –lo dejaron solo dijo Maradona, quien siempre se ha mostrado molesto por los éxitos de Leo–, el de los trazados precisos, el de las incursiones imprevistas, el de los remates inverosímiles, el que provoca pánico dentro del área.

Sin Messi, no hay luz. Argentina se apaga, porque no tiene un Iniesta, un Neymar, un Suárez, un Busquets. Y sufre, y empata constantemente, y pierde partidos favorables. Poco a poco fueron descubriendo los argentinos la necesidad imperiosa de Messi, desde antes de perder 1-0 contra Paraguay el martes y quedar en la zona de repechaje, con su selección expuesta a peligros. Los silbidos y los abucheos lo dicen todo sobre la frustración. No se ve funcionamiento. Los cracks que brillan en Europa desaparecen misteriosamente. Con Brasil y Colombia esperando por Argentina en la vuelta de la esquina, urge el retorno de Messi para pensar en la clasificación.

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