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Perdió el Bóer en forma imperdonable por 7-6 un partido que parecía tener asegurado. Permítanme calmarme, porque todavía al amanecer de hoy me cuesta creerlo. El susto, cuando queda congelado, no permite llorar. Pueden preguntarle a cualquier boerista emocionalmente sobreviviente al caos. Ayer, el Bóer ganaba por 6-1 con solo los tres outs del noveno inning pendientes, los Dantos sumergidos en la mediocridad y el relevista Fulvio Delgado habiendo enviado señales en el octavo de ser capaz de terminar de cerrar las puertas. El boerismo danzaba y gritaba. Sus Indios estaban cerrando la herida del primer juego y llegarían con los cuchillos entre sus dientes a la tercera batalla. 

De pronto, la erupción del Vesubio. Tres hits consecutivos sin out disparados por Darrel Walters, Ofilio Castro y  Ronald Garth produjeron la segunda carrera y explotaron a Delgado. Preocupación por los dos a bordo, no alarma en el campamento indio. La ventaja de cuatro carreras parecía suficiente cuando entró Juan Serrano, pero el trancazo de Juan Oviedo por encima de la pared izquierda limpiando las bases y estrechando la diferencia 6-5 hizo añicos la tranquilidad. La multitud temblaba y las vigas del estadio también. Ahora se trataba de defender una carrera tratando de sujetar la desesperación.

Tiffer por enloquecer

El hit de William Rayo después de un out fue considerado algo más que una advertencia. Tiffer miró hacia su bullpen y le creció el dolor de cabeza. ¿A quién llamo? se convirtió en una intriga tenebrosa alrededor del mánager. Su ocurrencia fue Darrel Leiva, pese a las cifras prohibidas para alguien a quien vas a confiarle el cuido del cofre del tesoro con el barco hundiéndose. Un solo lanzamiento al joven Ronald Rivera, quien no parecía ser capaz de provocar semejante derrumbe, y el botín fue arrebatado a los Indios. Jonrón matador empujador de dos carreras. La pelota lanzada por Leiva nunca llegó al guante de Wiston Dávila. El swing de Rivera fue una fotocopia de los que veíamos realizar a Ernesto López o Pedro Selva. La bola iba aullando mientras la multitud boerista se metía debajo de las butacas. 

Rivera, sintiéndose trotar entre las nubes, tampoco lo podía creer. El batazo de su vida. El de mayor significado hasta hoy. Todos los Dantos lo esperaban al otro lado del Rubicón. Máxima excitación alrededor de una proeza. No hubo herida cerrada por los Indios que amanecieron destruidos, necesitados de una transfusión de sangre y otra de alma. Perdieron un juego en forma insólita, imperdonable. 

Estrada flaqueando

La primera impresión fue que Samuel Estrada estaba afilado. Retiró con facilidad a los cuatro primeros bateadores indios, antes del hit que le disparó Janior Montes. Ligeramente aturdido boleó a Wiston Dávila y el hit de Jordan Pavón llenó las bases en ese inicio del segundo inning. La primera gran oportunidad solo produjo una carrera impulsada por el roletazo de Sandy hacia tercera sobre un primer lanzamiento, porque entre Garth, fildeando y haciendo un giro preciso para poder tirar, aunque muy bajo, y Carlos Pérez, realizando un levante de pelota que me hizo recordar a Nemesio en sus momentos de brillantez defensiva, evitaron una mayor progresión del Bóer. Eso sí, el 1-0, estableciendo diferencia, era alentador.

En la colina de enfrente, el zurdo Elvin García, alterado en el primer inning por los hits consecutivos de Garth y Oviedo con dos outs, se galvanizó ponchando a Rafael Estrada y comenzó a ejercer un dominio derritebates retirando a 18 en fila, ponchando a ocho y dibujando seis ceros, arrodillando a los Dantos hasta ser golpeado por el jonrón de Rafael Estrada en el séptimo, a quien había ponchado dos veces, y pareció hacerlo por tercera vez antes del swing matador, con una bola de rompimiento con cara de strike, difícilmente juzgada.

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El desborde del indio

La ofensiva india, frustrada en el tercer episodio por el out aplicado a Juan Carlos Urbina al conectar hit con su pie trasero fuera del cajón de bateo con Montiel circulando por golpe, tronó en el sexto fabricando tres carreras explotando a Estrada, quien cedió boleto a Sandy, y después del sacrificio de Rivera, fue estremecido por cohetes seguidos de Robles, Alegría y Montiel, aumentando la ventaja india 4-0, no definitiva pero por supuesto saludable. Al ser retirado, Estrada guardó su averiada escopeta pensando enviarla urgentemente al taller de reparaciones, entrando en acción como relevista Jason Laguna, quien de entrada fue golpeado por un estacazo escalofriante de Juan Carlos Urbina, fildeado espectacularmente rebotando contra la pared por Keyner Serrano.

Jonrón de Jordan Pavón contra Laguna en el sexto estiró 5-0 la distancia a favor del Bóer y en el séptimo apareció lanzando Hilario Urbina desajustado. Base a Robles y hit de Kenny Alegría lo sacaron de escena, como esos extras que son contratados en las películas para pasar frente a las cámaras diciendo adiós casi imperceptiblemente. Ingresó Luis Somarriba y no pudo salir ileso. Doblete de Juan Carlos Urbina después de perder a Javier Robles en tercera durante un atrevimiento de doble robo, impulsó a Alegría con la sexta carrera de la tribu. Fue entonces que con los Dantos sumergidos en la inutilidad, Estrada conectó el jonrón quebrador del dominio y cortador de la racha de ceros de García en el séptimo.

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El brillo de García 

El pitcheo ha sido, es y seguirá siendo el factor clave. Y Elvin García lo proporcionó ayer durante siete entradas antes de ser reemplazado por Fulvio Delgado con ventaja de 6-1. Exhibiendo un excelente control que le permitió estar adelante en el conteo con el adecuado manejo de sus recursos, el zurdo superó las expectativas limitando a solo tres imparables a los Dantos en siete entradas. Cuando él salió, vino el diluvio. Los Dantos, intensos, destructivos, hicieron de todo y resucitaron espectacularmente. Con ventaja de 2-0 y Gustavo Martínez listo para hoy, su favoritismo está agigantado.

2-0 está la serie final a favor de los Dantos sobre el Bóer.
11:00 de la mañana arrancará el tercer partido de la serie, hoy en el Estadio Nacional.

    

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