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La locura era incontrolable. En el campamento indio, llovían las preguntas envueltas en la incredulidad: ¿Ya terminó todo? ¿Están seguros que se ganó el tercer juego? ¿Acabó el sufrimiento que provocó esta batalla? Por ahora, todo eso es cierto. Así que no necesitan golpear paredes con sus cabezas. Eso sí, calma, nadie tiene la menor idea sobre el futuro inmediato. Ni por parte del Bóer ni de los Dantos, pese a que estos se ven mejor armados. Los dos bullpen son provoca infartos.El equipo Bóer se metió a la pelea en la final de Pomares.

El ruidoso y majestuoso jonrón de Juan Carlos Urbina productor de tres carreras en el octavo, quebrando el empate 6-6, le puso fin a la locura. Triunfó el Bóer evitando amanecer acostado a la orilla del ataúd. Había asombro en el campamento de los indios después que todo les había salido mal a lo largo de los tres juegos, hasta el estallido provocado por Urbina. La ventaja que tenían de dos carreras (6-4), fue borrada en el inicio del octavo por los Dantos con jonrones solitarios de Ofilio Castro y Juan Oviedo. En ese momento de dramatismo próximo a lo trágico, los seguidores de la tribu sintieron que junto con las ilusiones de ser testigos de una victoria, les cortaban también las piernas y se derrumbaban casi tan estrepitosamente como la noche anterior. Pero en ese cierre del octavo, Urbina, el artillero de las grandes cifras, con dos en las bases por boletos, hizo una aparición como las del Fantasma de la Ópera, y con un swing erizapelos, limpió las bases y dejó a los Dantos groggy. Finalmente, tiraron la toalla frente a Darrel Leiva dejando a dos circulando y Ofilio Castro fallando como amenaza en el noveno.

EL REINO DE LO IMPREVISIBLE

El beisbol ha sido desde siempre el deporte menos previsible, pero no tanto como en esta final taladrada por una angustia espesa y permanente, con cruces de dedos tan desesperados, que se escucha el crujir de los pequeños huesos. Nunca antes el nada es cierto, ha estado aguijoneando todos los cálculos previos que pueden hacerse.

Un juego tan raro como los anteriores. Sin una gota de sudor, el Bóer llenó las bases con dos outs en el cierre del primer inning, frente al desajustado pitcheo de Gustavo Martínez. La opción estaba en manos de Wiston Dávila, pero un manso roletazo a primera, la desvaneció. Los Dantos fracasaron intentando anotar con dos a bordo sin out en el segundo episodio. El 0-0 era consecuencia de la improductividad. En el tercero, con dos outs, un error del antesalista indio abrió las puertas para que los Dantos se adelantaran 1-0 por hit impulsador de Rafael Estrada.

Esa diferencia tan pequeña, era vulnerable a un estornudo, pero el Bóer no supo aprovechar el doble de Kenny Alegría con un out en el tercero, al lanzarse al suicidio en la antesala con una bola escapada muy cerca del cátcher Rivera, y tampoco los hits seguidos de Dávila y Pavón, al fallar Sandy en el cuarto.

Los aturdidos bateadores estuvieron empeñados en mantener a los pítcheres con conteos favorables pese al descontrol evidente, fajándose con bolas malas. La cantidad de boletos y de golpes, fue algo escalofriante después del quinto episodio. Consideren esto: 7 bases por bolas y 3 golpes por el pitcheo danto, mientras los brazos indios cedían 6 boletos incluyendo 4 en un episodio, y golpeaban a 5 prójimos. Si tienen tiempo, traten de recordar algo parecido. Me avisan por favor.

VIAJE EN MONTAÑA RUSA

El Bóer hizo girar el marcador en el sexto 2-1 con batazos impulsadores de Wiston Dávila y Jordan Pavón, después de dos golpes y un hit dentro del cuadro. En el inicio del séptimo, los Dantos aprovecharon la feria del descontrol para anotar tres veces sin disparar hit. Cuatro boletos y dos golpes, entre los relevistas Javier Herrera, Wilson Flores y Juan Serrano, con el agregado de una mala decisión en fildeo de Janior Montes buscando un doble play improbable en lugar del out forzado en el plato, hicieron posible esa voltereta sin gracia, pero hiriente. Obviamente no se consideró suficiente esa ventaja de dos carreras 4-2, y en el cierre, los Indios se volcaron sobre los relevistas dantos, contando con una equivocación en la defensa de Rafael Estrada, que llenó las bases para el hit de Montes, los elevados impulsadores de Dávila y Pavón y un cohete del emergente Randall Zeledón.

El 6-4 favorable a la tribu que brillaba en la pizarra, desapareció en el inicio del octavo consecuencia de los vuelacercas de Castro y Oviedo, pero en el cierre, el swing de Urbina, colocó una pelota en órbita con dos en camino para quebrar el empate 6-6 y proporcionar una ventaja de tres carreras, que el enclenque pitcheo indio, con Darrel Leiva como último hombre, logró manejar entre las tinieblas, con dos a bordo y Ofilio frente al plato. El lanzamiento de Leiva que ningún fanático indio quiso ver, obligó a Ofilio a roletear a segunda. Casi es un infield hit, pero el árbitro apreció que fue out. Quizás fue un fallo prudente. No habían suficientes cardiólogos en las tribunas. Ganó el Bóer 9-6.

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