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El Bayern, tras un arrollador comienzo de temporada con ocho victorias consecutivas, ha enlazado ahora tres partidos sin ganar y ya se ha habla de una “minicrisis”, aunque en el club nadie quiere usar la palabra y no se admiten críticas al entrenador Carlo Ancelotti.

Todo empezó con el 1-0 en el Vicente Calderón contra el Atlético de Madrid. El partido, no solo por el resultado, dejó un mal sabor de boca, pero nadie olvidaba que en su última visita al Calderón el Bayern también había salido mal librado, todavía con Pep Guardiola en el banquillo.

Luego siguieron los empates contra el Colonia, 1-1 en casa, y contra el Eintracht, 2-2 a domicilio y en superioridad numérica, y se ha empezado con la búsqueda de razones de lo que se ve como una mala racha.

“No hay que hablar de minicrisis, no hay que dramatizar, pero las estadísticas no mienten y llevamos tres partidos sin ganar”, dijo el holandés Arjen Robben tras el empate contra el Eintracht.

Durante la era Guardiola, muchos veían con reservas la hiperactividad que el catalán mostraba siempre en la línea y hubo quien dijo que si necesitaba dar tantas instrucciones en pleno partido era porque no estaba muy convencido de haber hecho bien su trabajo durante la semana.

Ahora, Ancelotti es todo lo contrario: se mantiene casi impasible en la línea y asegura que, una vez suena el pitido inicial, es poco lo que él puede hacer.

Nadie sabe si Guardiola hubiese podido evitar esos dos empates gesticulando desde la raya, pero sí es claro que a estas alturas de la temporada el Bayern del catalán nunca había pasado por una racha de tres partidos sin ganar, así que ya empiezan las comparaciones.

Está claro que el Bayern ha entrado en una fase de relajamiento, tras años de estrés permanente que empezaron con la llegada de Louis van Gaal.

Aunque Jupp Heynckes, en los dos años que estuvo, trajo cierta serenidad, el desafío que planteó durante dos temporadas el Borussia Dortmund hizo que el estrés continuara -eran los jugadores los que salían al campo como si tuvieran un cuchillo entre los dientes- y la calma solo llegó con el triplete en 2013.

Ahora se trata de soportar la tempestad y de que el equipo recupere la intensidad y para ello no hay mucho tiempo: mañana el Bayern le tiene que ganar al PSV Eindhoven en la Liga de Campeones. Con ello, el pase a octavos de final quedaría muy cerca.

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