•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Ni los golpes francos de Pjanic, ni las internadas por banda del brasileño Alves, ni el talento de Dybala, la principal preocupación del Olympique de Lyon a la víspera del duelo de Champions ante la Juventus se llama Gonzalo Higuaín, nuevo símbolo de la Vecchia Signora.

El delantero argentino fichó esta temporada por el quíntuple campeón italiano, decidido a ampliar su palmarés y sus guarismos goleadores.

Nueve minutos bastaron para entender por qué la Juve desembolsó 90 millones de euros por él.

El 20 de agosto, el “Pipita” debutó desde el banco, e incluso con un ligero sobrepeso fruto de la inactividad estival, anotó el gol del triunfo ante la Fiorentina solo 9 minutos después de pisar el césped por vez primera con la elástica “bianconera”.

El fichaje más caro de la historia de la Serie A acalló en ese momento las dudas suscitadas por el coste de su traspaso procedente del Nápoles, así como por su sobrepeso.

“Está más gordo que yo. La Juventus ha pagado 90 millones por Higuaín y es un ‘cerdito’”, lanzó el exjugador croata Robert Prosinecki el pasado verano a raíz de la publicación de unas fotos que mostraban el estado físico del argentino.

Pero unos entrenamientos después en Vinovo, donde Higuaín descubrió con sorpresa que nadie le llevaba el café a mitad de sesión como ocurría en Nápoles, bastaron para que el argentino recuperase la silueta y comenzasen a llover los goles.

Traidor, mercenario

El exjugador del Real Madrid ya ha firmado seis goles en ocho partidos del campeonato, y uno en dos partidos de la Liga de Campeones. Unos números que intentará ampliar hoy en Lyon junto a su compañero Dybala, que viene de anotar cuatro goles en tres partidos.

Vecinos en el centro de la ciudad piamontesa, los dos argentinos se compenetran a la perfección dentro y fuera de los terrenos de juego, y el talento de Dybala y la capacidad goleadora de Higuaín son dos armas con las que la Juve afronta esta Champions con el objetivo de ganarla.

El internacional albiceleste es, sin embargo, “un ingrato” a ojos de los aficionados del Nápoles, donde se convirtió en un ídolo luego de anotar 36 goles la temporada pasada en liga. Su figura en miniatura sigue en venta en las tiendas de la ciudad del sur de Italia, pero acompañada de los lemas “soy un traidor” o “soy un mercenario”.

El mismo sentimiento negativo que tenían los juventinos hacia él, pero que está haciendo cambiar a base de goles.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus