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¿Quién ganará hoy entre Bóer y Dantos? En las puertas del cuarto duelo, pienso: “Es lo que yo quisiera saber”, como le responde John Travolta a Samuel Jackson en la escena más dramática de Tiempos Violentos (Pulp Fiction), la famosa película de Tarantino, antes de inyectarle adrenalina al corazón de Uma Thurman, mientras la escalofriante pregunta ¿qué puede pasar? se desvanecía frente a la audacia.

Después de tres juegos enloquecedores, no bien jugados, las intrigas alrededor de esta Final del Pomares, se han multiplicado. La principal del día es: ¿Cuál podría ser el abridor apropiado? Aún mirando nuevamente en la pantalla de las posibilidades a Róger Marín y Jorge Bucardo como lo más viable, no se tiene respuesta precisa. Es lo que tanto Cruz Ulloa con ventaja, y Ronald Tiffer atrasado, quisieran saber. Cualquier ocurrencia, incluyendo Marín y Bucardo, conduce hacia la inseguridad, No hay nombres confiables, excepto, por ahora, Elvin García, quien ha realizado el mejor trabajo.

NO SABER QUÉ HACER

El alarmante descontrol del picheo ha ensombrecido la final. Ningún árbitro puede disfrazar strikes, aunque lo hacen los bateadores, no impulsados por la desesperación, sino afectados por su poca habilidad. Más allá de las estadísticas frunce ceños en bases por bolas y golpes, los strikes regalados por los bateadores, han contribuido a simplificar problemas. Excesivo nerviosismo frente al plato podríamos decir.

El arte de la defensa, exige estar preparado para saber qué hacer una vez que la pelota llegue.

Pero hemos visto cómo, con una pelota bateada al cuadro interior, en lugar de tirar al plato para un necesario out forzado, se busca cómo ir a pisar una base; ¿y qué decir de entrar por un machucón en la zona de tercera y cambiar un seguro out en primera, por una búsqueda de lo imposible, girando difícilmente sobre tu propio cuerpo para tirar a la antesala, llenando las bases?

O decidir enviar a tocar pelota a tu cuarto bate, rey de los empujadores, con un hombre circulando sin out y el marcador en contra 0-1 en el sexto inning. Son errores que no aparecen en los box scores, a diferencia de los seis que cometió el Bóer en la primera batalla. Son errores que se pierden dentro de los agujeros.

EL RELEVO HACE LLORAR

Lo más catastrófico han sido los bullpen, incapaces hasta de manejar una ventaja de cinco carreras con solo tres outs pendientes; y permitir tres carreras sin hit en contra, consecuencia de bases por bolas y pelotazos. Cuando la importancia del picheo de relevo es mayúscula, aquí es algo tenebroso. No me sorprendería ver entrar al intento de rescate a cualquier jugador de otra área, no necesariamente un pícher. Se han utilizado a 21 relevistas. Aún así, entre tantos agujeros, como si se estuviera jugando en la luna, las emociones saltan encima de las fallas y prevalecen. Los ojos cerrados, los cruces de dedos, las oraciones en voz alta, muestran la alteración de los sistemas nerviosos.

Los Indios disparan un jonrón en cada juego para sumar tres, mientras los Dantos llevan cinco; mejores cifras presenta el picheo abridor del Bóer, pero no en el bullpen; más erráticos los Indios en la defensa, pero menos oportunos en el ataque con gente circulando; ninguna figura dominante todavía en la serie.

Bóer-Dantos esta noche en el cuarto juego. De ganar los Dantos, inclinarían la balanza definitivamente a su lado. Para el Bóer, perder, equivale a entrar en agonía sin esperanzas.

Agujereado el picheo, la defensa, el bateo y las esperanzas, no basta rezar para salir en busca de la urgente victoria, sin embargo, es seguro que vamos a entretenernos. ¿Acaso no estaremos viendo lo mejor que tenemos?

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